
Adam Green salió al escenario de la Sala Upload vestido exactamente como se espera que Adam Green salga a un escenario: con una camiseta de rayas, gorro de marinero y actitud de desinterés. No hay ironía en el atuendo ni en su personaje, sino que es esta la manera en la que se presenta alguien que lleva treinta años jugando con el mismo imaginario y todavía se siente cómodo dentro de él.
Barcelona fue la primera fecha de su gira europea de 2026 y también una celebración del veinte aniversario de Gemstones, uno de sus álbumes más aclamados. Más que un ejercicio de nostalgia, el concierto funcionó como un repaso amplio y desprejuiciado a una carrera larga y peculiar, la de un músico que fue una de las caras visibles del anti-folk neoyorquino como cantante de The Moldy Peaches, y que después supo construir una trayectoria en solitario igual de personal, si bien más ambigua y menos caricaturesca.
Desde el inicio quedó claro que Green estaba a gusto, pues tras tantos años en los escenarios ya no toca demostrar nada. La banda, con guitarra, bajo, batería, violín y teclados, aportó un empaque sorprendentemente robusto a canciones que siempre han convivido con lo frágil. Folk raro, vodevil, rock y melodías pop convivieron sin estorbarse, con un sonido más grande y poderoso de lo que podría esperarse de su repertorio.

Uno de los cambios más evidentes respecto a otras épocas es la voz. Green canta ahora desde un registro más grave y serio, más reposado. Las letras siguen jugando con el humor absurdo, la incomodidad y la ternura extraña, pero la interpretación ya no suena juvenil ni ingenua. Sin embargo, lo que no ha cambiado es que las bromas aparecen como parte del flujo natural del concierto, no como un recurso que se usa para romper el hielo.
El setlist avanzó sin un orden concreto, mezclando etapas y discos con naturalidad. Sonaron “Cigarette Burns Forever”, “Gemstones”, “Houseface University”, “Red Copper Room”, “Freeze My Love”, y el anti-himno que es “Friends of Mine”. “Carolina” apareció llevada al extremo vodevilesco, casi teatral, y “Jessica” confirmó a Green que su humor sigue funcionando.

Con “Dance With Me”, Green se acompañó en el escenario del público, dentro de una especie de fiesta compartida como colofón. Durante todo el concierto mantuvo una cercanía constante, hablando, tocando, implicándose, convirtiendo el espectáculo en algo participativo.
Adam Green ya no es aquel chico raro de The Moldy Peaches, pero tampoco ha renunciado a lo que lo hizo singular. En la Upload ofreció un concierto divertido, cercano y sorprendentemente sólido, demostrando que su mezcla de absurdo, ironía, teatralidad y buenas canciones sigue funcionando cuando quien las sostiene sabe exactamente quién es y qué lugar ocupa.
Texto: Álvaro Rebollar
Fotos: Marina Tomás Roch






