
En 2010, con King of the Beach, Nathan Williams encarnó el espíritu de una generación que buscaba en el surf punk el equilibrio justo entre diversión y peligro. Quince años después, el escenario ha mutado y la juerga garagera ha derivado en una resaca adulta confesada por un tipo que admite sentirse vacío por dentro y preferir su cama al ruido del mundo.
De aquella postadolescencia punk solo queda un inventario de daños bajo el sol de San Diego y una madurez que le acerca al power pop y al bubblegum noise en este nuevo album, Spun (Ghost Ramp), que presentarán el 26 de febrero en Barcelona (Upload) y el 27 en Madrid (Copérnico).
Con Spun, Wavves purificáis el sonido pero mantenéis la suciedad emocional de vuestros inicios. ¿Cómo limpiasteís el sonido sin matar el alma de las canciones?
Bueno, siempre he caminado en la cuerda floja entre ese tipo de tonos líricos oscuros y los sonidos brillantes y soleados. Creo que si eres capaz de nutrirte de múltiples influencias, el producto final resulta mejor. Sin embargo, el proceso siempre es diferente; con cada canción, cada disco y cada productor, esa dinámica de tira y afloja cambia.
La canción «Goner» une vuestro caos con la precisión quirúrgica y potente de Travis Barker de Blink-182 ¿Buscabas la pegada comercial, un sonido específico o surgió por pura química?
Era consciente de lo diferentes que son una banda como Blink y Wavves, pero también de lo similares que podrían llegar a ser. La gente me dijo que entrar en un estudio a grabar King of the Beach arruinaría mi carrera porque yo ya había tenido mucho éxito grabando dos álbumes en mi garaje, pero no hago arte basándome en lo que la gente quiere o espera de mí. Me siento atraído hacia algo y soy infinitamente curioso. Es una dosis que necesito satisfacer. Un picor que necesita ser rascado.
Las melodías son pegadizas, pero las letras describen un desastre personal. ¿Qué llega antes, la melodía luminosa o la necesidad de envenenarla con el texto?
Por lo general, trato de no pensar demasiado. Se me ocurre una idea, quizás una melodía en mi cabeza y una frase o lema que la acompaña. Anoto cosas en una pequeña libreta o en mi teléfono cuando estoy fuera en los bares o en casa de amigos. Cuanto más consciente soy de lo que estoy haciendo, más probable es que altere el ritmo de las cosas. Me gusta entrar, grabar esa idea, luego irme al bar, y al día siguiente volver a entrar, grabar otra cosa nueva y volver al bar. Encuentro que es más honesto y etéreo de esta manera.
En temas como «Spun» hay frases que escuecen por su crudeza después de una difícil despedida ¿Escribirlo cierra la herida o te aterra condenarte a revivir ese dolor cada noche en el escenario?
No soy la primera persona en escribir una canción de ruptura y, como he dicho, trato de no reescribir demasiado. Si eso es lo que estaba sintiendo, es lo que estaba sintiendo. Volver atrás e intentar hacerlo más vago o diluirlo sería contraproducente en mi opinión. Recuerdo escribir una letra en una canción llamada «Take On The World» donde dije: «Odio mi escritura, toda igual», y quise cambiar esa frase porque pensé que llamar la atención sobre algo de lo que ya me avergonzaba daría mala imagen. Repasé en mi cabeza cómo un crítico musical estaría de acuerdo con la frase en una reseña mordaz. Finalmente lo superé, no cambié nada y he continuado con esa mentalidad.
«Busy Sleeping» es una oda a la parálisis existencial frente a la instaurada productividad obligatoria. ¿Es el «slacker» el último rebelde que nos queda?
No estoy seguro, pero también podría ser una oda a que estoy viejo y acabado. La mayor parte del tiempo prefiero estar en casa con mi perro y mi gato viendo películas en la cama.

Tu angustia ha envejecido: del aburrimiento juvenil de King of the Beach a una especie de «resaca adulta». ¿Cómo gestionas el nihilismo cuando la mente empieza a cobrarte un precio más alto?
Es una batalla diaria. A medida que envejeces te das cuenta de que tus padres no lo tenían todo resuelto cuando eras joven. Tú imaginabas que lo sabían todo y que tenían una confianza infinita, y ahora que llegas a su edad te das cuenta de que todos somos simplemente niños pequeños. Intento cada día ser una mejor persona para mí mismo, y para mis amigos y mi familia; eso es todo lo que realmente puedes hacer.
Pasaste de las grandes discográficas a tu propio búnker con Ghost Ramp. ¿Te sientes más libre siendo dueño de tus desastres o echas de menos que otro se ocupe de lo aburrido?
Es un arma de doble filo. Amo tener libertad, pero tiene un precio.Tengo que autofinanciarlo todo y eso se vuelve muy estresante. El negocio de la música es muy político, así que hacerlo como independiente también consume mucho tiempo y genera ansiedad. Al final, esto es lo que he elegido hacer y estoy contento con ello. Es simplemente quien soy.
San Diego mezcla su sol eterno con bases militares y conservadurismo. ¿Cómo llevas convivir con vecinos trumpistas que quizás escuchan a Wavves mientras riegan?
Que le jodan a Trump. Que le jodan al ICE. Así es como me siento. La gente lo sabe, no soy precisamente silencioso al respecto y no me muerdo la lengua por nadie.
¿Cómo navegas la ética dudosa de las plataformas de streaming y la industria actual? ¿Es obligatorio mancharse las manos para existir hoy en la música?
Creo que casi todas las industrias están construidas sobre las espaldas de algo horrible. No puedes vivir con un punto de vista moral idealmente puro, pero yo uso mi voz. Eso es lo que hago.
Si el Nathan de las primeras maquetas en casete escuchara este disco, ¿estaría orgulloso de la evolución o querría patearte el culo por «profesional»?
Él no sabía pelear realmente, así que no me preocuparía por él.
Sin filtro promocional: después de tanto ruido, ¿la felicidad existe o es solo un estado aburrido que el músico evita para poder seguir componiendo?
No puedo hablar por los demás, pero yo encuentro arrebatos de felicidad a diario. A veces es solo ver cómo se levantan las orejas de mi perro o caminar hacia la playa y mirar el agua. Creo que incluso en tus momentos más bajos puedes encontrar pequeños chutes de dopamina que hacen que esta vida horrible merezca la pena.
Texto: Sendoa Bilbao






