Encuentros

Un lugar dentro de The Secret Society

 

Foto: Anja

Entre las cosas invisibles que cubre el precio de la entrada hay esta vez dos habitaciones de hotel, porque los amigos ya tienen familia y puede que hacer cola en su baño a la una de la madrugada haya dejado de ser una opción.

Conversamos con Pepo Márquez, de The Secret Society —actualmente un dúo junto a Klas Van Hassel—, sobre esta nueva gira que combina la presentación de su epé Contra toda autoridad, al que le seguirá el LP Canciones de amor y rabia; con el ejercicio práctico de su último ensayo, Antineutral. Dos obras paralelas, creadas desde una rabia enfriada ya por el clima de Hamburgo y una sencillez que sólo extraña en un mundo tan absurdamente complicado.

Volvéis de manera bastante concentrada con 13 conciertos en 13 días, ¿a qué se debe?

Los que no nos dedicamos sólo a la música tenemos ventanas de oportunidad que son las que son. En mi caso, he aprovechado las vacaciones escolares de mis hijas para colocar una gira. Que sean 13 días y 13 conciertos es también un empeño mío de, bueno, ya que podemos hacerlo, hagámoslo. Además tengo mucha suerte, porque de repente estamos a punto de vender todas las entradas en Madrid un lunes, que no son recintos muy grandes, pero si lo contextualizas, no dejamos de ser un grupo que existe de manera intermitente, que todo el peso cae en mí, que ya no vivo en Madrid… y de pronto siempre que hacemos algo así hay interés. Eso, claro, te ayuda.

Y aún habrá un catorceavo que daréis en Hamburgo, donde vives actualmente. ¿Cómo es pertenecer desde allí a la escena española?

Creo que se mitifica mucho la escena. Cuando nació The Secret Society, en 2002, mucho antes de las redes sociales, sí que se podía hablar de escena, o al menos de una muy distinta a la de ahora, con tantísimos grupos.

Luego, la interconexión —con el contexto tecnológico y social— ha cambiado, al punto que no nos ha hecho vivir la sensación de haber emigrado. Yo estoy expuesto a otra realidad diariamente, pero en permanente contacto con la escena española; no hay tanta diferencia. Lo que sí no hago son nuevos contactos. Bueno, aquí sí que he hecho algunos, gracias a los cuales en diciembre estoy preparando una gira europea. Y el 27 de febrero en efecto daremos un concierto en Hamburgo, más como un ensayo general para amigos.

Esa otra realidad diaria, ¿empieza a asentarse?

A mí la pertenencia al underground me ha dado como una llave maestra para abrir muchas puertas —vaya, hice más contactos en una semana que mi hermana en un año, sólo por ir a tiendas de discos, conciertos…—. Creo que es muy renovador deslocalizarte y empezar de cero. Pero yo soy un privilegiado, no se me ocurriría señalar a nadie que se pasa toda su vida en una ciudad, en plan: ¡Es que no te mueves! Muy al contrario, me gustaría decir que el cambio no es tan drástico. Lo que pasa es que yo considero Hamburgo la mejor ciudad que he conocido nunca y no me quiero ir: mis hijas ya están creciendo aquí, esta va a ser su casa. Es tranquila, pero como rasques un poco es la ciudad más excitante, la más musical: tiene todo lo mejor de Berlín sin lo que odias de Berlín. Pero sí que es verdad que empiezo a notar que me estoy despegando un poco, que ya no miro tanto a España.

Tu ensayo, Antineutral, es la propuesta teórica de un cambio que has procurado poner en práctica durante la gira, ¿qué decisiones encontramos en ese sentido?

No me pondría como ejemplo de nada, pero sí creo en las pequeñas decisiones individuales para configurar una idea colectiva. La primera que tomé fue detectar y señalar al enemigo: las plataformas de ventas de entradas. ¿La solución? Abrir mi propio formulario de reservas, ¿por qué iba a darle a una empresa en que no confío los datos de quienes vienen a verme? De las cosas que me siento más orgulloso en esta gira es también que todo el mundo paga 12 euros (¡en cash!). No puede ser más sencillo. Hasta donde yo sé la gente sigue comprando la droga en cash, luego les pides para una entrada y dicen vamos a ver. Bueno, prioriza un poco.

Luego, no tengo sponsors y siempre intento cerrar los conciertos en sitios donde traten bien a todo el mundo, nada muy revolucionario. También es fundamental poder fiarme de la gente con la que trabajo. Jo, ¿tú sabes la tranquilidad que es que no va a haber ningún problema —al menos controlable—, porque Bea, Áitor, la Sala Vol son amigos de siempre? Otra cosa que recomiendo es no beber y no drogarse. Mi siguiente objetivo es, de hecho, quitar el alcohol de la industria musical.

https://thesecretsociety.bandcamp.com/track/contra-toda-autoridad

Presentáis el EP Contra toda autoridad, que continuará en vuestro nuevo disco Canciones de amor y rabia. ¿Qué podemos esperar?

Algo que quizá ya debía tener mecanizado, que es hacer canciones, veo que cada vez lo está menos. Entonces, ¡ni tan siquiera yo sé qué esperar! Creo que es un disco que refleja muy bien el momento en el que vivo, y por tanto quién soy. También es un disco en que no importa tanto el estilo como lo que quiere transmitir. Es el primero que produzco y grabo con los recursos que tengo aquí, sin deadline del estudio, y he aprendido a tocar otros instrumentos, grabar… es un poco como mi vida en Hamburgo, un empezar de cero.

A nivel temático, es una mezcla entre lo social y lo íntimo. He atravesado una ruptura, la peor; pero no he querido regodearme en eso. Sin embargo, no puedo cauterizar una parte y solo hablar de la otra, está todo conectado. Pero el peso que de repente está teniendo la parte más personal y sentimental no sé si lo sé gestionar… Porque soy una persona alegre, y además como padre no me puedo permitir ensimismarme mucho.

Mencionaste en una entrevista que tus pilares son la melodía, el ritmo y la letra. A la hora de componer, ¿aparecen también en ese orden?

Va por épocas. En este disco lo primero que han aparecido han sido los ritmos, porque he aprendido a samplear y de repente mi manera de escuchar otros álbumes es: hostia, esta batería la puedo utilizar para una canción. Entonces, hay baterías de Fugazi, de International Noise Conspiracy, cajas de ritmos de Gorillaz, de Blonde Redhead… Lo último que me llega es la melodía. En las notas del móvil voy escribiendo siempre mogollón de versos, frases, sin orden; todo pertenece a una misma canción. Y cuando ya sé qué melodía y cuántas sílabas tienen los versos simplemente voy a mi nevera de frases y, si alguna me mola, con suerte sale una canción.

Foto: Anja

En muchas de esas frases aparecen las pistas y señales como trampas. Seguir cayendo en ellas es síntoma de haber acertado también alguna vez, ¿no?

He vivido en muchas casas, he tenido muchos trabajos diferentes, y nunca he tenido, ni cuando me casé —y esto es un poco triste—, la sensación de estabilidad. A lo mejor la palabra que se transmita de todo eso sea trampa, puede ser; puede ser que al final mi trayectoria sea ensayo y error, pero siempre avanzamos. Soy cero nostálgico, lo que sí hago es proteger los aprendizajes del pasado. Hay algunos aciertos, sí; pero el contexto general es tan inestable que ni siquiera puedo celebrarlos, porque eso me impide perseguir lo siguiente.

En 2024 lamentabais no poder tocar con Tuya. Este año, sin embargo, os acompañarán en casi todos los conciertos, ¿es la gira en esencia un reencuentro?

Claro, es que no tenemos nada que vender. Lo que hacemos es algo celebratorio, lo que no significa que sea una fiesta. Lamentablemente, empiezo a tener una edad en que hay gente que ya no está. Entonces, ¿cómo no voy a invitar a David Tuya si es uno de mis mejores amigos? ¿Y a Süma en Barcelona, a I am Dive en Madrid, si son amigos? La música es justo eso: nosotros contra el mundo. Y aunque estemos perdiendo, lo poco que ganemos lo vamos a celebrar de verdad. Me voy a montar en un coche con mi gente favorita.

Es estremecedor el final de Antineutral, cuando asumes la culpa por haber estado demasiado entusiasmado, por haber gritado lo que te hace feliz a un sistema que ahora se adueña de ello y lo destruye. ¿Crees que, con todo, caben aún nuevas sociedades secretas?

Lo importante del libro no es si he acertado en el análisis o no, sino desde dónde he llegado a él. Yo, como mucha otra gente, he visto como vestían y alimentaban al monstruo. Lo he visto y he pagado por verlo. Estamos atrapados. Y no es que no tenga esperanza, al contrario. Creo que hay muchas pequeñas batallas que ganar; pero la de la música la hemos perdido. Tiene que haber una concienciación de quienes de verdad tienen poder para que haya un cambio, y no lo hará porque se están enriqueciendo justo los que controlan todo esto. Aun así, claro que son posibles todavía las sociedades secretas: somos personas y creamos comunidades. Hoy más que nunca tenemos que reforzar los vínculos locales, porque esto es escalable, y no hay nada más increíble que ver cómo las cosas crecen. Sólo hay que estar convencido de que no se puede hacer solo.

 

Texto: Sara Moa

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda