Encuentros

Los Nikis de la Pradera, de Algete a Nashville

El punk, como la energía, no se destruye, sino que se transforma. En el caso que nos ataña, concretamente, en música country. Esta noche estarán presentando su nuevo disco en la sala Villanos de Madrid.

Entradas: https://salavillanos.es/evento/los-nikis-de-la-pradera/

Este viraje, anteriormente ejecutado en mayor o menor medida por personalidades como Jeffrey Lee Pierce o Jello Biafra, difícilmente haya encontrado antecedentes en territorio español. Por eso es conveniente que toda una institución local, como es Joaquín Rodríguez, nos explique al detalle el tránsito que llevó a Los Nikis, «los Ramones de Algete», a cambiar al cuarteto neoyorquino por Gram Parsons. Primero nos sorprendieron con su debut homónimo de 2024, con aquella portada inolvidable donde Hank Williams se acerca a los Sex Pistols (o viceversa). Ahora afinan su propuesta, llevándola más allá y personalizándola aún más mediante Llorica (El Volcán Música, 2026).

¿Siempre os ha tirado el country? Lo digo porque imagino que el fan medio de Los Nikis no lo podría imaginar…

A Mauro Canut, cantante, con quien no estuvimos juntos en Los Nikis, pero sí en Los Acusicas, y a mí, que somos quienes componemos, desde siempre nos ha gustado el country. De hecho ya tuvimos un amago de grupo country en los ochenta. Así que era una cosa que teníamos pendiente. Aparte, el punk y ese rollo que tocábamos tanto Los Nikis como Los Vegetales, llevábamos toda la vida con eso y ya lo teníamos muy gastado. Nos apetecía hacer algo distinto. Esto nos divierte un montón y es, digamos, más agradecido. Lo digo porque, por ejemplo, en un disco es más fácil sonar bien haciendo country que grabando guitarras distorsionadas, con las que se suele crear una pelota de sonido fácilmente. Es más llevadero, más agradecido y más acorde con nuestra avanzada edad (risas).

Dentro del country, ¿qué os tira más?

Yo escucho mucho country, sí. La verdad es que es un universo enorme en EEUU. Allí es como el pop, hay miles de bandas, conciertos, ramas… Personalmente no me gusta el country hortera mainstream, tipo Garth Brooks. Sí nos gustan mucho los orígenes y el material de los 60, como Johnny Cash, nos encanta. Y en la actualidad hay mucha rama alternativa, con gente joven, que de vez en cuando vienen a la Sala Clamores, o haciendo conciertos para mil personas. No son muy conocidos pero están muy bien. Es un terreno infinito, porque te cruzas con alguien a quien también le gusta el country y resulta que lo que le gusta a uno no le gusta al otro. O ni yo conozco los que me dice él, ni él los que menciono yo.

Por mucho que aquí sea un terreno desconocido, es muy vasto…

En España es todo lo contrario, es muy temerario hacer un grupo country. La suerte que tenemos nosotros es que no buscamos dinero ni estrellato, si no, lo llevaríamos claro con el batacazo que nos íbamos a llevar. Pero como lo que pretendemos es tocar lo que nos divierte, ensayar, que nos encanta y tomarnos unos torreznos después del ensayo, que es un planazo… Y claro, tocar en salas de 100/200 personas. O en el Huercasa, que aquello fue un poco un espejismo, porque es casi el único festival que hay aquí, con mogollón de gente y casi todo, bandas americanas. Pero en españa no hay mucha afición de bandas en castellano. La hay más a bailar country, que está bastante de moda.

En esta nueva etapa, además de reinventaros musicalmente, se mantiene vuestro espíritu jocoso, pero con situaciones y personajes totalmente contemporáneos. Está claro que buscáis con ahínco revitalizaros, huyendo de la autoparodia.

Sí, o sea, cuando un grupo sigue y sigue estirando el chicle y continúa a estas edades hablando del instituto, es un poco patético (risas). Las letras las hago yo y son un poco las letras de siempre, aunque en Los Nikis se nota que tenía 18 años. Pero ya en Los Acusicas, hace 25 años, eran del mismo estilo que ahora. Quizás ahora más cuidadas, porque en aquella época hacía las letras para mis canciones, porque yo era casi el único que componía; mis letras, para mis canciones. Pero con Mauro se trata de hacer las letras para sus canciones. Te puedes tirar una mañana buscando una palabra que encaje bien.

Es apreciable que detalles como la métrica, las sílabas tónicas, están muy medidos…

Sí, de hecho en el primer álbum de LNDLP tenemos una canción que se llama «El acento cambiado». En este disco solo hay un acento cambiado. Es un buen pasatiempo para quien quiera descubrir dónde está. está pensado para gente con trastorno obsesivo-compulsivo (risas).

¿Entraña mucha dificultad alinear una formación que aparque el pedal de distorsión para abrazar la pedal steel, estando tan lejos de Nashville?

Ya no es como antes, ahora tienes tantísima información a tu alcance… Mi profe de guitarra, Javi Peña, domina ese tema. Y mi profe anterior, Diego Serrano, había tocado con Nat Simons. Y además, yo pensaba que sería más complicado componer country, pero al final son los mismos acordes que los Ramones. De hecho, nuestras canciones se alejan un poco de la canción country básica en la que ya sabes lo que va a pasar. En este segundo disco nos alejamos más de ese estereotipo.

Uno de los retos de LNDLP es tender un puente entre los tópicos del country clásico y lo autóctono. Y salís bien parados, por ejemplo con canciones como «Rosalyn», donde Rosalía y Loretta Lynn se dan de la mano.

Es que además, la hija de Mauro, que colabora cantando en «El peso de la conversación», se llama Rosalía. Es la historia de una que se llama Rosalía y que pasa a llamarse Rosalyn, dejando atrás su pasado pijo, para abrazar el country. Es un poco como la conversión que hemos tenido nosotros (risas).

Texto: Daniel González

Un comentario

  1. Si esto es country yo soy marciano

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