
Granada tiene fama de ser una ciudad en la que las bandas crecen como setas casi en cada esquina. El indie no nació aquí (ese honor se lo deberían adjudicar la Donostia de Las Aventuras de Kirlian o a Albacete y sus Surfin’ Bichos), pero la ciudad está sobrada de instituciones musicales que han definido una parte importante de la música española de las últimas décadas.
Granada no sería la misma sin Los Planetas, Lagartija Nick, 091, Los Ángeles o Enrique Morente. Sus canciones forman parte de la banda sonora de varias generaciones. La principal noticia de los últimos tiempos en la escena local independiente es que, al fin, empiezan a aflorar bandas femeninas. Desde el reciente éxito de Las Dianas, los grupos de mujeres han dejado de ser una rara avis en Granada. Se está empezando a corregir un déficit histórico. Las artistas jóvenes están pisando fuerte y se han ganado a pulso un hueco en el competitivo y poblado panorama musical granadino.
Irene Tejero (guitarra y voz principal), Sara Armada (bajo y coros) y Candela García Reyes (batería y coros) son tres veinteañeras que forman parte del grupo de pop Blanca Adelfa. El trío acaba de publicar su EP de debut, Algo tan bonito para ti (Grabaciones Bonicas), y son una de las última sensaciones del indie granadino. Los cuatro temas de su estreno discográfico transmiten frescura, talento y calidad. Se mueven en una línea que va del pospunk y el rock de los 90 hasta una especie de dream pop con nervio. Las letras, agridulces y melancólicas, son el fiel reflejo de una juventud desencantada con el tiempo que le ha tocado vivir. Si no hay esperanza ni horizonte, al menos deja que te diga cómo me siento.
El pasado sábado 7 de febrero Blanca Adelfa presentaron las canciones del EP a la hora del vermú (hacia las 13 horas) en la tienda de Discos Bora-Bora. Cayó algún tema extra y, tras la insistencia del público, en el bis volvieron a interpretar «Hago todo sin pensar», seguramente su composición más directa y tarareable. En el local no cabía un alfiler. “Creo que hablo por todas si digo que nos sentimos bastante acogidas. Es verdad que el Bora-Bora se llena con cuatro personas, pero es que había mucha gente”, comenta Sara en la cervecería Capitán Amargo del barrio del Realejo. Enseguida entra al trapo Candela: “¡Acogidas y acosadas! ¿Por qué había tanta gente y a muchos además no los conocíamos de nada?”.
¿Blanca Adelfa nació en un bar, en un concierto o respondiendo a stories de Instagram?
Irene: Éramos amigas de antes. Sara y Candela se conocían de pinchar por ahí y yo a Sara la conocía de Ruidosa Granada [el pódcast de Sara sobre la escena musical local].
Sara: En realidad, la banda nació en una vermutada que hicimos en nuestra casa.
Candela: Sara e Irene fueron compañeras de piso.
Un detalle importante.
Sara: En la vermutada nos emborrachamos y dijimos: “Vamos a quedar para tocar”.
Candela: Luego hicimos un grupo de WhatsApp. Con el Popper fest, una fiesta que hago en mi casa por mi cumpleaños, teníamos una excusa para presentar algo, versiones básicamente.
¿Ahí ya tocasteis como Blanca Adelfa?
Candela: Con el nombre y todo.
Irene: Hay fotos.
Sara: Vamos, que el grupo nació entre bares y fiestas.
Irene: Pero dentro del circuito de la música de la ciudad.

Dicen que la adelfa es la planta más venenosa del mundo. No sé si con Blanca Adelfa queréis conseguir que al escuchar las canciones el oyente se maree, le dé vértigo, sienta náuseas…
Todas: ¡Ojalá!
Sara: Queremos que la gente llore y baile. Tenemos esos dos tipos de canciones.
Candela: Sí, las de no me haces caso, sueño contigo…
Sara: En ese sentido no somos muy venenosas. Somos más cariñosas.
En Granada ya sois dos grupos con nombre de planta, Crisanteemos y Blanca Adelfa.
Irene: Encaja con una corriente de grupos con nombres de plantas como Margarita Podrida, Las Petunias… Me parece muy elegante ponerle el nombre de una planta a tu banda.
Sara: Siempre es muy complicado elegir el nombre de una banda porque es muy fácil que te dé vergüenza ajena.
Candela: ¿Como cuál?
Sara: No te lo sabría decir en este momento, pero siempre que he empezado con un proyecto y se me han ocurrido algunas cosas, digo, qué horror, me voy a morir. Pero en el brainstorming que hicimos salió un nombre que es bastante chulo y elegante.
Falta un grupo que se llame Jardín Botánico o así.
Candela: Es muy bueno ese nombre. Es un poco como estos grupos de Madrid que se ponen un nombre de un sitio: Parquesvr, Alcalá Norte…
Sara: Jardín Botánico suena superguay.
Candela: Hay un grupo ahora que se llama Fuentenueva [da nombre a una calle de Granada y al campus universitario].
Irene: Jardín Botánico podría ser el festival que agrupe a todas las bandas con nombre de planta.
No sé si es por las letras o por las guitarras o por el bajo sinuoso, o por todo a la vez, pero las canciones del EP desprenden cierta amargura, melancolía…
Irene: Aunque la música la ponemos en común entre las tres, las letras las escribo yo. Y yo soy una persona con rachillas bastante depres o de estar enfadada. Por ahora las canciones van de estar triste o estar enfadada. Y a mí es lo que me sale. Escribo sobre sentimientos fuertes. Es lo que me gusta recibir de otros grupos y provocar en la gente.
Sara: Tampoco son las típicas letras de “estoy enfadada” o “esto es una puta mierda, oooh”. Está todo un poco más desglosado.
Candela: Es más poético.
¿Más sutil?
Candela: Sí, no son muy directas.
Sara: Me parece que tenemos letras muy buenas y que Irene es muy buena letrista.
«Hago todo sin pensar» habla directamente de la ansiedad.
Irene: Todas las letras hablan sobre emociones fuertes.
¿Los jóvenes lo tenéis más chungo que las generaciones pasadas?
Candela: Sí.
Irene: Los pollaviejas nos llaman muchas veces la generación de cristal, pero no se dan cuenta de que nosotras hemos pasado por una pandemia, la crisis, millones de guerras por todo el mundo…
Candela: La lista de Epstein.
Irene: El resurgimiento del fascismo.
Candela: La especulación inmobiliaria, la gentrificación, la IA que da mucho miedo… Nos han dejado un planeta hecho una puta mierda.
Sara: Somos la generación siguiente a la generación que lo iba a tener todo.
Los millenials.
Sara: Sí. Los millenials iban a tener una casa y un trabajo y de todo y luego se dieron una hostia. Nosotras, que vinimos después, sabíamos que a los 18 años nos íbamos a dar la hostia. Por eso hay muchos grupos de nuestra edad que tienen ese pesimismo en las letras.
Sara: las canciones millenials de los grupos indies hablaban de cierta esperanza, del 15M… Pero si te fijas en toda la escena de Madriddd [alarga el final] de los Carolina Durante y demás, casi todo hablan con bastante nihilismo.
Candela: No hay futuro.
Irene: De todas formas, creo que mi yo artístico es más negativo que mi yo real.

¿Os identificáis con la nueva ola de bandas de guitarras indies de estos últimos años como Yawners, Melenas, La Plata…?
Irene: Son tres grupos que me gustan mucho. Me halaga que nos lo digas.
Candela: Son muy buenos y tocan muy bien.
Irene: Aparte tenemos más influencias como…
Sara: Repion. Nuestro rollo es el guitarreo, pero no en plan virtuoso. No es algo que nos interese. Nos fijamos mas en las texturas, en el indie de guitarras.
Irene: Eva [banda pospunk de Granada] también nos gusta.
Sara: Creo que nuestro estilo se balancea entre el powerpop y el dream pop. No hacemos shoegaze, pero tenemos cosas de los 90.
Irene: Si tuviera que elegir una corriente con la que me gustaría que se nos conociera, sería con el rock alternativo británico de los 90, como los Cranberries o los Sundays.
¿Por fin en Granada las bandas femeninas son una realidad? ¿Se ha notado un cambio en estos últimos años?
Sara: Se nota un montón. Siguen faltando más mujeres y todavía no hemos llegado a la paridad, pero la participación femenina ha ido en aumento. Ha crecido muchísimo. Hace diez años veías a unas pocas mujeres cantantes y bajistas y ahora se animan cada vez más a coger la batería, el sinte, guitarras… No es solo que haya aumentado la presencia de mujeres, sino que es más heterogénea. Y eso hace que la escena sea más rica.
Candela: En Granada siempre ha habido mujeres haciendo música, pero podría haber más.
Sara: Quizás hay ciertos roles que están codificados como femeninos, pero en Granada se ve cada vez más variedad.
Candela: Es verdad. De repente, todas nuestras amigas están empezando a montar grupos.
Texto: Jon Pagola






