
Ahora que los Tatts se encuentran inmersos en su gira de despedida, y ya que por aquí parece poco probable que vuelvan a aparecer, no se me ocurre mejor forma de homenajearles que con la llegada de este cofre que recoge lo que hizo el grupo en estudio en su periplo original y más legendario. Hablamos de sus primeros cuatro discos repartidos en cuatro compactos, a los que se añaden varios cortes adicionales en cada uno de ellos: tomas en vivo, inéditos y versiones para los singles de 7 pulgadas. En total, 13 canciones extras.
Con todo, nada eclipsará lo que ya conocíamos de los discos originales, todos ellos producidos por el equipo formado por George Young y Harry Vanda, ya que pocas bandas definieron la actitud más pendenciera y primaria del rock and roll con mejores canciones, sin clichés de por medio ni medias tintas.

Rose Tattoo fue la única banda capaz de mirar de tú a tú a AC/DC en una época concreta, pero parecía que solo había hueco para una banda procedente de Australia. Quizás ese rechazo venía procedido por la mala baba que desprendía el cantante Angry Anderson en las instantáneas (además de ser calvo y chiquitito), vayan a saber.
Rock ‘n’ Roll Outlaws (editado originalmente en el 78, aunque editado ya a lo grande en 1981, de ahí la fecha en el título de esta caja) es la clase de debut que debiera estar en todas esas malditas listas que recogen los mejores de esa categoría. Es crudo, esencial, vicioso, definitorio… Pero esas canciones, no hay un solo bajón (el tema título, «Nice Boys», «One Of The Boys», «Bad Boy For Love», etc.), y cuando lo hay es para mostrar que también son increíbles haciendo otras cosas, como «Stuck On You» o «The Butcher And Fast Eddie».
Aunque sus canciones no gozan del estatus legendario de las que habitan en su antecesor, Assault & Battery es una gran continuación a Outlaws; misma intensidad, mismo empuje y mismo carácter. Sin embargo, algo debió ir mal en el funcionamiento interno de la banda para que el guitarrista Mick Cocks se largase tras la presentación del álbum. Volvió ya en 2007 para el muy recomendable Blood Brothers.
Scarred For Life es ya otra cosa. Dudo que hubiera una intencionalidad, pero hay cierta americanización en el sonido del grupo e incluso el slide del imprescindible Peter Wells suena más espacioso y pantanoso, clara influencia luego en cómo lo interpretaron Raging Slab para su música. Sea por lo que fuera, el disco es abrumador, grande en todos los sentidos. Es mi favorito de la banda junto al debut. Mencionar canciones es mencionarlas todas, pero por destacar destacamos el tema título, «Juice On The Loose» y los mejores seis minutos y medio de 1982: «Branded».
Scarred les llevó a girar por América junto a Aerosmith, Pat Travers y ZZ Top, pero no fue suficiente para que la formación del grupo aguantase otro álbum. Así que para el final de esta primera etapa, Angry se quedó a solas con el bajista Gordon Leach y juntos reformaron la banda con caras nuevas. Es un disco en el que juegan a perseguir las ondas FM estadounidenses, edulcorando algunos patrones y arrimando la producción de las canciones a los cánones de la época. No es un mal álbum, como algunos perjuran, y «Freedom’s Flame» es extraordinaria.
En cualquier caso, el grupo acabó siendo noticias de ayer y ofreció su primera gira de despedida en 1984, tocando solo en su Australia natal. En 1986 apareció Beats From A Single Drum, pero es un disco de Angry en solitario a todos los efectos. La banda se redimió de veras con la grabación de Pain, en 2002, y Blood Brothers, en 2007, ambos legítimos continuadores de la trilogía inicial de la banda.
Lo que toca ahora es disfrutar de The Albums 1981-84 y rezar para que de algún modo, la gira europea de despedida que se celebra el próximo verano, acabe pasando por nuestros escenarios. Tatts forever, forever Tatts.
Texto: Sergio Martos






