
Uno de los dúos más marcianos, adictivos e inclasificables de los últimos años, Los Sara Fontan, vuelven a sobrevolarnos y abducirnos con su segundo largo, Consuelo (26), ocho enredaderas sonoras de neón que nos envuelven y atrapan en un trance catártico de principio a fin.
El disco se publica hoy, 20 de febrero, en plataformas digitales, y la edición física en vinilo (negro o transparente) está disponible en la web de Aloud Music, con maravillosa ilustración en portada roja de una miliciana (recuerda a la famosa foto de Marina Ginestà) que, fusil al hombro, acuna en sus brazos a un saltamontes gigante, quizás símbolo de lucha, consuelo y esperanza a la que tenemos sumarnos en tiempos oscuros de tecnócratas capitalistas sin escrúpulos, genocidas y el crecimiento alarmante de la ultraderecha: futuro feminista y abrazo a la naturaleza para recuperar la dignidad y la igualdad perdida en el mundo.

La libertad sonora y la experimentación sin fronteras sigue marcando el horizonte creativo de este segundo despegue discográfico de Sara Fontán y Edi Pou, Consuelo, una litúrgica montaña rusa que te atraviesa, como si estuvieran en su hábitat natural, el directo incendiario y magnético, en una íntima y sudorosa comunión colectiva; surcos en los que tendrás que imaginar las vías y raíles que faltan para coger cada looping polirrítmico, para sentir la brisa de fuego resplandeciente en el rostro y la tormenta de texturas mil que te acelerarán el pulso y provocarán el cosquilleo y pellizco en el estómago, tras saltar y resurgir de los abismos anímicos que tejen una y otra vez en cada pista.
El violín de Sara Fotán serpentea y lidera el proyecto entre la clásica, el post-rock, y la electrónica, con Edi Pou (mitad también de los infinitamente experimentales y underground ZA!) marcando el latido melódico a la percusión, tensando y acelerando cada respiración, pasando de minúsculos estallidos a explosiones épicas y siderales en pocos segundos. Así, comenzamos el viaje con la inquietante y nerviosa “All the bastard”, reflejo roto y alegato contra las injusticias que nos tocan vivir, con percusiones y pizzicatos que dialogan y crecen, danzan y arden en un huracán sonoro que gana violencia (el afilado violín de Sara parece atravesar las cortinas hitchcockianas de la ducha de algún líder sin alma) hasta su acabose final. “Zapatos, Selfie, Genocidio, Makeup” sigue la lucha y búsqueda de consuelo entre las grietas, con banderas de metal que hondean en el aire y percuten con ritmos repetitivos, hasta arder en el ecuador con un violín que rezuma azufre y rabia junto a la batería de Pou, para terminar por suavizar las llamas de heridas inabarcables, del “genocidio” al “makeup”. El zumbido sufriente inicial de “Mecanismes d’obediència” se transforma y muta, poco a poco, durante sus más de siete minutos (la pista más larga del lote), en un universo emocional, complejo y futurista, con percusiones que parecen ser interferencias, mensajes codificados que nos taladran la cabeza mientras flotamos en el espacio, hasta alunizar en una rave que salta por los aires en el lado oculto de la luna.
La Cara A finaliza con “Creer fuerte”, el primer adelanto que nos regalaron de Consuelo, pura orfebrería sónica que florece y nos estalla en la cara como una primavera que se adelanta y nos ilumina bajo ráfagas de amaneceres interconectados; paisajes tímbricos tejidos a base de cantos de pájaros unidos en el consuelo y la resignación, voces de amigas sampleadas y percutidas, relojes de cuco y pizzicatos que se entrelazan en esta delicatessen rítmica que, sin lugar a dudas, es la pieza más luminosa de la obra.
https://lossarafontan.bandcamp.com/album/consuelo
“Megalodon 2” enciende la mecha narrativa de la Cara B y funciona como una banda sonora propia que nos sumerge en otra aventura vital, secuela plagada de matices y recovecos, con las percusiones de Pou y el violín de Sara mirándose y creando un nuevo mundo frente a frente. Le sigue “Dubte Metòdic” y “Elektra”, la primera, una duda metódica que nace robótica y futurista, para terminar de metamorfosear en una orgía rítmica que acelera y no nos revienta el pecho de puro milagro; para pasar luego a la bruma sintetizada de “Elektra”, donde deconstruyen, reinterpretan y centrifugan la ópera de Strauss bajo una bola de espejos que gira a toda velocidad, haciendo que bailen hasta los muertos, entre la venganza, la rabia y la euforia liberadora. Una de las cimas más intensas y frenéticas del álbum.
Y el final llega con otra protagonista femenina al mando, también filtrada por el universo operístico-orquestal de Strauss, de la “Elektra” de Sófocles, a la “Salomé” de Oscar Wilde, cibernética e inquietante en su comienzo, pero más calmada en su desarrollo atmosférico y desenlace, onírico y clásico, con un halo esperanzador y consuelo que vislumbra entre nubarrones, el hernandiano “rayo de sol en la lucha que siempre deja la sombra vencida”.
Texto: David Pérez Marín
Fotos: Tamara de la Fuente






