
El próximo 27 de febrero verá la luz Peligros, el primer disco de Lima Negra, una de esas criaturas que solo podía nacer en la Granada actual: inquieta, mestiza y con una saludable alergia a los manuales de estilo. Aunque sus coordenadas estéticas parezcan alejarse de los nombres ilustres de la ciudad, Lima Negra es, en realidad, un subproducto directo de su efervescencia creativa y social.
El núcleo del grupo lo forman Javier Sola y Juan Carlos Ruiz, dos granujas con espíritu de dúo maldito —algo así como un Pete Doherty y Carl Barat pasados por el filtro de Juan Perro o Willy DeVille— capaces de absorber, deformar y reapropiarse de músicas ajenas con descaro y curiosidad casi antropológica. A su alrededor gravita una constelación de músicos variopintos cuya solvencia ha sido convenientemente vampirizada para permitir al proyecto moverse sin complejos entre la canción urbana, los ritmos latinos, el rock insolente y la experimentación.
Peligros es el resultado de varias sesiones de grabación en las que la banda se lanza, sin red ni remordimientos, a la búsqueda de esa quimera llamada “la canción pop perfecta”. Y aunque el atrevimiento es desmedido, el resultado sale sorprendentemente bien parado en buena parte de sus diez cortes.
El disco funciona también como diario personal sin censura: errores, aeropuertos mal elegidos, amores torpes y huidas fallidas protagonizan a un antihéroe romántico —nunca inocente— que ama mal, quiere peor y siempre llega tarde. Quizá porque, para escribir ciertas canciones, antes tienen que pasar cosas.
Producido por José Antonio Sánchez en Producciones Peligrosas, Peligros es un debut errático, honesto y valiente. Si vas a contar tu historia, cuéntala entera. Y si desconfías de las buenas costumbres, aquí tienes banda sonora.
Texto: Carlos López






