
Ocho años después de la última vez que los vi en directo, mi conclusión es que el tiempo solo pasa para algunos. O, mejor dicho, que nunca ha importado. La sala Upload se llenó de un público curtido, fiel a una banda que lleva desde finales de los 80 pateando traseros sin pedir permiso ni perdón.
Arrancaron con «Pretty Fucked Up», y bastaron esos primeros minutos para confirmar que la banda de Eddie Spaghetti sigue siendo exactamente lo que uno recuerda de ellos: eficiencia, actitud y cero distracciones. Así, sin florituras. Supersuckers salen, enchufan y disparan. Directos al grano. El primer gran golpe de autoridad llegó pronto con «Rock’n’Roll Records (Ain’t Selling This Year)», cantada con convicción para ganarse incluso a nuevos seguidores. Ahí quedó claro que el grupo no vive solo de la nostalgia: su discurso sigue teniendo sentido hoy, cuando el rock parece poco más que un acto de fe.

Marty Chandler fue uno de los grandes protagonistas de la noche. Con una única Gibson Les Paul colgada a la altura de las rodillas, tocó todo el bolo con una naturalidad insultante, apuntando constantemente con el mástil al público, desafiando y jugando a partes iguales. Sin cambios de guitarra, sin aspavientos innecesarios: sobrado de actitud y de oficio. Cuando llegó «Creepy Jackalope Eye», rescatada del ya lejano La Mano Cornuda (1994), la respuesta fue inmediata y visceral. Y es que con doce elepés publicados (si no me he descontado…), Supersuckers lograron que casi una decena de discos estuvieran representados en el setlist, aunque fuera con una sola canción. Eddie Spaghetti sigue siendo un frontman con una personalidad arrolladora: animó al público a levantar el puño con el dedo corazón bien alto, replicando el gesto de la lona que presidía el escenario con el nombre del grupo. Todo muy Supersuckers. Todo muy coherente.

En momentos como «Maybe I’m Just Messin’ With You», la sombra de Motörhead volvió a planear sobre la sala. No es casual: esa mezcla de rock sin adornos, velocidad media y mala leche controlada sigue siendo una de sus señas de identidad. Por algo el propio Lemmy Kilmister se declaraba fan suyo. Superada la mitad del concierto, Chandler se arrancó a cantar un par de temas, incluido «Working My Ass Off!», reforzando la sensación de banda sin jerarquías rígidas, construida a base de carretera y sudor. Uno de los instantes más celebrados llegaría con «Unsolveable Problems», de su disco más reciente, pero ya convertida en una especie de balada tribal coreada por toda la sala. También brilló «Meaningful Songs», demostrando lo fácil que les resulta unir actitud rock con canciones sentidas sin caer en la autoparodia. La otra cara de la moneda apareció con «I Want the Drugs», puro descontrol rockanrolero, actitud desbordada y sonrisas cómplices en primera fila. Para cerrar, «Born With a Tail» sirvió de despedida perfecta. Supersuckers se marcharon dejando claro que siguen siendo exactamente lo que siempre han sido: una banda honesta, ruidosa y necesaria. Ojalá no tenga que esperar otros ocho años para volver a comprobarlo.
Texto: Borja Figuerola
Fotos: Marina Tomás

21-1-2026
FOTO: MARINA TOMAS ROCH






