
Tahj Malik Chandler, más conocido como Saba, es, ante todo, un rapero con criterio musical. Su punto fuerte no está en sobreactuar como muchos de los artistas que se dedican al hip-hop, sino en cómo escribe y frasea sobre instrumentales con espacio y textura, donde mezcla soul y jazz no tanto como ornamento sino como compromiso con el buen gusto. Incluso cuando el verso se vuelve denso, lo sostiene con un control del ritmo muy certero, más preocupado por sonar fino que por golpear al oyente.
Bajo estas coordenadas musicales, el músico de Chicago aterrizó este fin de semana en Madrid y Barcelona para presentar su doblete musical de 2025: el álbum junto al veterano No I.D., From the Private Collection of Saba and No I.D, un cruce generacional que reivindica el rap como música de sutiles arreglos, y el EP C0FFEE!. Teclas cálidas, samples con tacto, coros que flotan y baterías que se mueven emparentadas con el neo-soul de los 2000.
En directo esa idea se impuso rápido. El arranque, con “Every Painting Has a Price”, tuvo algún fallo técnico puntual, lo que funcionó como prólogo improvisado. Porque, en cuanto el show se asentó y el sonido se estabilizó, el artista mostró la faceta menos “agresiva” del rap, poniendo gran énfasis en bases imaginativas, cálidas y cambiantes, que abren la canción en lugar de limitarse a acompañarla. Ahí Saba brilla, pues es un rapero que se mueve cómodo entre los detalles, que sabe habitar el beat, y que entiende la canción como un espacio elástico donde el verso puede ser melodía.

El tramo conformado por “Breakdown”, “head.rap” y “Stomping” destacó especialmente por la falta de urgencia que suelen tener este tipo de bolos donde se intenta ganar a toda costa al público a base de buscar el clímax. En este sentido, Saba tuvo más bien una confianza tranquila gracias a un material que aguanta el tipo por sí mismo. Incluso temas con pulsión más reconocible de himno, como “Photosynthesis”, “Life” o “Busy”, se integraron sin romper el hilo.
El cierre con “Ziplock” y “Westside Bound Pt. 4” demuestra que su rap es bueno, pero lo que de verdad lo distingue en directo es esa sensibilidad musical. Sin embargo, la puesta en escena jugó a la contra de ese potencial musical. Solo un DJ como soporte y, al fondo, un seguridad vestido de negro, inmóvil como una figura recortada contra el escenario. Tal como se presentó, se disfrutó, sí, pero con la sensación de estar viendo una versión recortada de algo que podría ser enorme. Con una banda clásica detrás, estas canciones podrían crecer muchísimo, porque muchas están pensadas como arreglos en potencia. Así, este concierto no sería “muy bueno”. Sería, directamente, de los que se recuerdan durante años.
Texto: Álvaro Rebollar
Fotos: Marina Tomás Roch






