Vivos

Militarie Gun – La Nau (Barcelona)

¿Son tan evidentes las similitudes y la conexión con Turnstile? Eso depende del prisma desde el que cada espectador lo interprete. Para quien escribe, existen diferencias importantes en el plano estrictamente musical, aunque sí pueden apreciarse algunas coincidencias en cuanto al concepto y en la manera de presentar sus ideas. En el caso de los californianos, estas se muestran de forma más directa y con un enfoque de “todo o nada”.

Quien sí lo tiene claro es Post Malone, que incluyó a ambas bandas en la banda sonora del videojuego WWE 2K24 (2024) y ese mismo año se dejó ver en el backstage del show de Ámsterdam. Pero eso ya es historia pasada; centrémonos en lo que estamos viviendo en tiempo real.

El trío canadiense Spite House se subieron previamente al escenario con un set muy dinámico, elazando temas y mostrando un sonido compacto, afilado y cargado de emoción. Su propuesta bebe directamente del post-hardcore de los 90 —esa escuela que evoca a Quicksand, Handsome, Sunny Day Real Estate o Fiddlehead (su cantante y guitarrista lucía una camiseta de estos últimos)—, algo que quedó perfectamente reflejado en temas como “Desert” o “Down The Drain”, tan claros y directos como en su recomendable álbum más reciente, Desertion (2025).

Ian Shelton hace tiempo que se liberó de la persona que la gente esperaba que fuera y transformó su incomodidad en honestidad, canalizándola a través de la banda. Lo hace mediante canciones con un fuerte sentido de responsabilidad, en el sentido de haber encontrado la manera de expresar en voz alta, sin miedo, aquello que quiere decir, y que su público pueda aplicarlo en su día a día. Como contrapunto a esa oscuridad lírica, la banda apuesta por un sonido brillante y festivo en su versión de estudio, aunque sobre el escenario no lograron transformarlo del todo ni desprenderlo de cierta carga emocional.

Shelton no se mostró como el frontman que se espera de él: a nivel vocal no canalizó la rabia de sus textos, apenas buscó el cuerpo a cuerpo con el público y terminó refugiándose en la timidez. Si a esto le sumamos la escasa interacción del resto de la banda, el resultado general se percibió excesivamente plano, casi funcionarial para unos músicos jóvenes que deberían adueñarse del escenario. En lugar de eso, se refugiaron en sus chubasqueros y parcas, proyectando una imagen excesivamente básica y con un punto atormentado.

Arrancar y cerrar con “BADIDEA” no es, en sí mismo, una mala decisión, pero exige saber gestionarla y jugar con las variaciones del tema. En su caso, no terminó de funcionar. Intentaron meternos en el concierto desde el inicio —solo a medias, debido a un problema técnico con el sonido de una de las guitarras— y rematar por todo lo alto. Como cierre fue más efectivo, y curiosamente ahí llegó el momento de mayor intensidad: caos y desorden en las primeras filas, el pogo más descontrolado… pero todo resultó demasiado fugaz, con una sensación clara de prisa por rematar el show.

Entre aquel inicio y ese final, la banda navegó por su variedad sonora, dejando evidente que es en su faceta más pop donde se sienten más cómodos, mientras que muestran carencias cuando deben adoptar un perfil más combativo. Un ejemplo claro fue la gestión del ritmo en el tramo final: optaron por introducir la balada acústica “Daydream” seguida de “Wake Up And Smile”, apoyada en un colchón de teclados. Aunque ambas sonaron bien y ellos mismos parecieron disfrutarlas, generaron una desconexión notable que ya no llegó a recuperarse, pese a los intentos finales con “Do It Faster” y la repetición del tema inicial.

Esperábamos que Ian Shelton se comportara como el líder casi ritual de una secta, tal y como sugiere la portada de “God Save The Gun (2025)”, pero nos encontramos con una figura más observadora que participativa. La sensación de que este era uno de esos conciertos “imperdibles” quedó algo diluida; no solo por el hecho de poder apuntarse el “yo estuve allí” para cuando la banda se expanda natural y transversalmente hacia nuevos públicos, sino por la oportunidad perdida de verlos sin corsés, sin presiones externas y con total naturalidad.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Marina Tomás Roch

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda