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Dekker – Sala Upload (Barcelona)  

 

Asistimos al primer concierto de la gira invernal (ocho conciertos por tierras hispánicas) de Brookln Dekker, aka Dekker a secas, quizá más conocido por pertenecer a Rue Royale, dueto compartido con su pareja Ruth desde 2006.

En 2019, se le ocurrió tomar rienda suelta a sus asuntos particulares para confeccionar una serie de discos que indagan en su más íntima personalidad. El último peldaño (quinto) de esa introspectiva escalera, se titula “Neither up nor down” (2025), trabajo que presentó, a medias, en un Upload que tan solo pudo cubrir la mitad de su aforo, siendo objetivos.

Ataviado con su sombrero campero, que también presidió el escenario como logotipo, Dekker se marcó un concierto introspectivo, de poco más de una hora, (exigió a la organización que la luz fuera lo más tenue posible), sobrio y muy serio que, lejos de acercarse a la monotonía tonal, fue avanzando hacia cotas de un nivel florido y a ratos excitante.

 

En su segunda aparición en Barcelona, el de Nottingham ocultó su cara, durante la sesión (nos la dejó ver cuando apareció en el merchandising), aunque ofreció muestras de un talento compositivo que no admite discusión ni a oscuras.

Cierto es que, en general, los acordes sonoros no parecen variar en demasía. Sin embargo, esta, supuesta, conceptualidad musical, ayuda a generar la plática que el resuelto artista pretende. Dekker no es, precisamente, la alegría de la huerta. No obstante, su discurso sobre melancolía, depresiones, emociones sinceras y, sobre todo, amor veraz, le orienta a un impulso, llamémosle efectivo, que nunca llega a producir,  en ningún momento, desolación o algo a lo que se le asemeje.

La función comenzó con la pegadiza “Family beat” y “Let me take you”, un par de jugosas novedades que, junto a “Today”, “Like we once did” y “Not feeling up” (riesgo en la parte final), constituyeron los nuevos aportes del británico.

El discreto cantautor no goza, al menos en estas tierras, de grandes éxitos que inciten al canto. De todos modos, observamos algunas bocas entonando “The love”, “Do it all again”, “This here island” o “Maybe october”; viva la seña de identidad.

A pesar de la escasa asistencia, el camarada Brookln nos ofreció lo mejor de sus arrestos: pop de quilates, pizcas de soul e incluso blues con sentido. Podía haber cocido algo sin sal ni pimienta, pero ofreció lo mejor de sus entrañas. La prórroga fue generosa, no escatimó poderío vocal y se lanzó a practicar falsetes sin miedo a estropear la voz natural.

Dekker está enamorado de lo que construye en estos momentos, se nota. Esa pasión desgarrada se contagia, es muy placentera y sus composiciones, cortas, son de agradecer. Posiblemente el estilo no está determinado del todo, la importancia de esa indecisión estilística, resulta escasa. Suenan pocos referentes, posiblemente Bon Iver podría ser uno de ellos, únicamente para los degustadores de etiquetas, no creo que a él le importe mucho definirse.

A solas, solamente con su guitarra y pedales, ejerció de mago. Nos congratulamos de ello.

 

Texto: Barracuda

 

 

 

 

 

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