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D-A-D & The 69 Eyes – Salamandra (L’ Hospitalet de Llobregat)

D-A-D

 

Mientras los neones de las empresas se apagan y bajan sus persianas, entre los callejones que las rodean se cuela una especie distinta, la que se sale de la rutina (y de sus escondites) y está dispuesta a convertir el día más gris de la semana en un refugio clandestino. Se deslizan y avanzan en mitad de una distopía de asfalto: bares regentados por dueños asiáticos, ropas negras, y una lluvia que cae sobre el pavimento como invitada permanente. Podría parecer la descripción de una escena futurista, pero no.

Es solo una imagen elevada al concepto bohemio —y puramente imaginaria— para identificar a los asistentes de la gira “Cowpunks & Glampires Tour 2026”, dispuestos, un lunes cualquiera, a dejarse seducir por la pregunta de si aún hay futuro para ciertas escenas, como si les leyeran las cartas entre terciopelo gótico y la grasa áspera del hard rock.

D-A-D. “Mi baterista…Mi Corazón…”

Esa fue la consigna a corear propuesta por el cantante Jesper Binzer para dar protagonismo al batería Laust Sonne —un auténtico artista multidisciplinar al margen de la banda, escritor y defensor de la moda con estilismos alejados de la normalidad— y que posiblemente representó el momento de mayor y única desconexión entre público y grupo. Eso sí, alargar en exceso como cierre su tema estándar “Sleeping My Day Away” mantuvo la tensión creada, pero no fue una buena gestión final, ya que dejó fuera de su set “It’s After Dark”, tachado premeditadamente del setlist previsto.

D-A-D

Pero, dejando al margen esos dos hechos aislados, nos encontramos con un show en el que la banda conjugó y empaquetó con precisión en su set —de apenas una decena y media de canciones— más de cuarenta años de carrera. Apostaron por un arranque directo con “Jihad” y aplicaron dinamismo entre pasado y presente, por ejemplo, enlazando “Girl Nation” y “Speed Of Darkness”. Dentro del rol diferenciado de cada miembro, destacó la guitarra de Jacob Binzer, que desplegó su característico sonido por capas, expansivo y envolvente, sin sobrecargar el contrapunto sleazy de Jesper. Ambos se complementan a la perfección, como volvió a demostrarse en “Bad Craziness”, punto álgido hard rock del concierto. Salvo algún momento valle hacia la mitad del show, completaron un trabajo realmente efectivo en sus intenciones.

Un capítulo aparte merece Stig Pedersen y su espectáculo dentro del propio espectáculo. Nada de virtuosismo o líneas de bajo complicadas: los suyos solo tienen dos cuerdas, pero su valor reside en los diseños imposibles de cada bajo, ya sea el clásico cohete, los modelos iluminados de flúor o la cruz de hierro. Enfundado en chaleco corto, shorts y botas de cuero brillante, es imposible apartar la vista de él, ya sea cuando asume la voz principal o cuando realiza equilibrios sobre la tarima de la batería. Sencillamente: una leyenda.

  1. D.: Otro tema que quedó fuera del set programado fue “Monster Philosophy”, mala decisión, ya que posiblemente se trate de uno de sus últimos clásicos.

 

The 69 Eyes.Catalogo vampírico de influencias…”

Los vampiros no envejecen de forma tradicional; su apariencia y “edad adulta” quedan fijadas en un estado definitivo, alimentado regularmente por la fuerza, los sentidos agudos y el autocontrol ante la sangre. En el caso de la banda de Helsinki, habría que añadir además un profundo conocimiento y asimilación de sus influencias: parten de la proto‑oscuridad de The Cult, se entregan a The Sisters of Mercy, se oxigenan con Billy Idol y completan el cuadro con el humor negro de Type O Negative. Todas ellas, en algún momento, sobrevolaron los temas que ofrecieron en su show, ya fuera en homenajes evidentes o en enfoques más personales.

 

Sobre el papel, las cartas estaban claras, y en directo añadieron un componente hard rock muy marcado, tanto en la presencia como en la ejecución del set. “Devils” abrió la pasarela por la que fueron desfilando muestras de sus competencias adquiridas, esas que la experiencia mantiene en forma: el ambiente europeizado de “Feel Berlin”, la vertiente más rockista de “Never Say Die” o un tramo final infalible con “Gothic Girl” y “Brandon Lee”. Tras haber explotado prácticamente todos los tics posibles de los géneros que habitan, el bis vino a reafirmar lo evidente: “Framed in Blood”, “Dance d’Amour” y un cierre con ese pequeño himno de homenaje ochentero que es “Lost Boys”.

En un momento en el que nueve de cada diez crónicas (servidor incluido) recurren al concepto “nicho”, pocas definiciones encajan mejor que este “Cowpunks & Glampires Tour 2026”, una gira que cumple plenamente su objetivo: dar visibilidad a una parte concreta de la comunidad musical y poner el foco sobre ellos.

Texto y fotos: Oscar Fernández Sánchez

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