Encuentros

Rubén Nasville, tomando oxígeno y poniendo las cosas en orden

Foto: Silvia Peña

Tras debutar bajo el nombre de Nasville con Éxtasis allá por 2018, el músico zaragozano presenta su, digamos, primera obra propiamente dicha. Oxígeno es un disco hecho con cariño, que navega entre el pop y el rock y que posee una gran carga emocional. Según el propio artista, toda la gestación del álbum y la composición de las canciones contenidas ha resultado ser una experiencia personal necesaria, una puesta en orden de emociones y sentimientos, una forma de expresar en acordes y letras todo lo que en aquel momento bullía en su interior. De forma sincera y elocuente, Rubén responde al cuestionario rutero y nos cuenta como fue todo ese proceso creativo y, también, algunas cosas más.

Presentas el primer álbum a tu nombre. Pero, ponnos en antecedentes… ¿De dónde viene Rubén Nasville? ¿Has militado en otras bandas o proyectos con anterioridad? ¿Cuál es tu bagaje?

Vengo de la música desde muy pequeño. Mi formación empieza en el Conservatorio de música de Zaragoza como trompetista, aprendiendo el oficio desde la base, tocando en distintas bandas y pasando también por la Banda del Ayuntamiento de Zaragoza. Ese aprendizaje temprano sigue muy presente hoy, la trompeta no es un adorno en mi música, es parte de mi ADN. De hecho, en Oxígeno hay un guiño claro a ese origen. En «Fotos a contraluz» vuelvo a la trompeta, compartiendo tema con el saxofonista aragonés Josemi Sagaste.

Con el tiempo, el camino me llevó al Pop – Rock y a la composición, que es donde terminé encontrando mi voz. He pasado por distintos proyectos en los que siempre he sido compositor, escribiendo canciones desde la experiencia y no desde la pose. Con Pura Cepa y posteriormente con Don de Gentes, banda con la que fuimos semifinalistas del Pop y Rock Aragón, aprendí lo que significa defender canciones propias sobre un escenario, equivocarte, crecer y seguir.

El paso previo a este disco fue Nashville, un proyecto más maduro que me permitió vivir momentos importantes, como telonear a Rubén Pozo, y confirmar que el camino iba por ahí.

En la nota de prensa se habla de Dire Straits, Nina Simone, Ray Charles, Kings of Leon, Leiva, M Clan o Quique González. Te voy a ser sincero, escucho poco de esos nombres en tus canciones, quizás más en espíritu en todo caso que en otra cosa… ¿Cuáles serían tus máximas influencias?

Entiendo perfectamente lo que dices, y de hecho estoy bastante de acuerdo. Cuando hablo de influencias no me refiero tanto a que mi música suene directamente a Dire Straits o a Nina Simone, sino a que son artistas que me han acompañado desde niño, que he mamado en casa, en el coche y en la vida cotidiana. Son músicas que me han educado el oído, la emoción y la forma de entender una canción. Hoy en día me siguen influyendo todos ellos, aunque quizá no de una manera evidente o reconocible a primera escucha. No sé si están de forma explícita en mis canciones, pero sí están en el fondo, en la importancia que le doy a la interpretación, a la verdad, al peso de una letra bien dicha o a una melodía que no necesita disfraz.

Mis influencias no buscan parecerse a nadie. Son el poso de todo lo que he escuchado desde niño, lo que me ha acompañado durante años y lo que, sin darme cuenta, ha acabado filtrándose en mi manera de escribir y de cantar.

Dices que grabar este álbum ha sido como una sanación a nivel personal, incluso has comentado que estas canciones te salvaron… Toda una experiencia, la composición y la grabación de estas canciones, supongo… Es indudable el poder curativo de la música. ¿Cómo te gustaría que recibieran los oyentes el disco?

Lo fue, y de una manera muy profunda. Este disco nace en un momento en el que necesitaba ordenar muchas cosas por dentro. Componer no fue un ejercicio creativo al uso, fue una necesidad. Las canciones aparecieron como una forma de poner palabras donde solo había ruido, de entenderme y, en cierto modo, de sostenerme. No hablo de una salvación épica, sino de algo más sencillo y real, escribir me ayudó a seguir adelante, a atravesar un proceso complicado sin perderme del todo.

Me gustaría que lo recibieran sin prisa y sin expectativas. No es un disco pensado para el consumo rápido, sino para acompañar. Ojalá alguien lo escuche en un momento tranquilo, o precisamente en uno difícil, y sienta que no está solo. No pretendo dar respuestas ni lecciones, solo compartir un lugar emocional honesto. Si alguna canción consigue hacer un poco más llevadero el día de alguien, o simplemente le regala unos minutos de pausa, de alegría o de diversión, el disco ya habrá cumplido su función. Con eso me basta.

Se ha cuidado mucho la producción. Te has rodeado de buenos músicos y has contado con David Santisteban en la producción y Luis del Toro para la masterización. ¿Satisfecho con el resultado final?

Sí, mucho. Tenía muy claro que este disco pedía cuidado, y espacio no artificio. Las canciones necesitaban respirar y estar bien acompañadas, no vestidas en exceso. Rodearme de buenos músicos fue clave, gente que entiende que tocar bien también es saber cuándo no tocar. Con David, una conexión muy natural desde el principio. Supo leer las canciones, respetarlas y llevarlas a un lugar elegante y coherente, sin traicionar su esencia. La masterización de Luis del Toro terminó de darles ese equilibrio y esa fuerza que buscaba. El resultado final es exactamente el disco que quería hacer. Suena honesto, suena a ahora y, sobre todo, suena a canciones que pueden envejecer bien. Y eso, hoy en día, no es poco.

¿Cómo surge esa colaboración con Litus en “Huracán”? ¿Os conocíais con anterioridad?

La colaboración con Litus fue, literalmente, un salto al vacío. No nos conocíamos personalmente, solo nos seguíamos en redes. Un día decidí escribirle, desde el vértigo y el respeto, proponiéndole participar en la canción. No había estrategia ni cálculo detrás, solo el convencimiento de que su voz podía encajar ahí. Litus me tendió la mano de una manera increíble. La respuesta fue sorprendentemente cercana y positiva desde el primer momento. Entendió la canción, y le dio luz sin cambiar su esencia. Pasamos una jornada muy bonita en Madrid grabándola. No fue una colaboración forzada ni pensada como un reclamo. Fue un encuentro muy bonito entre dos músicos alrededor de una canción.

Ahora toca presentarlo en directo… ¿Cómo tienes pensado planear los conciertos? ¿Con banda, en formato más acústico o bien irás combinando ambos formatos en función de las circunstancias?

Tengo muchas ganas de presentarlo en directo, aunque haya pasado un tiempo fuera de los escenarios. He estado centrado en escribir el disco, en ordenar cosas y en tomarme mi propio oxígeno personal. Ese parón también forma parte del proceso. Ahora siento que las canciones están preparadas para salir, y que yo también lo estoy.

Soy muy amante de los dos formatos, tanto del acústico como del eléctrico. El acústico me permite mostrar las canciones desde un lugar muy desnudo y cercano, y el formato eléctrico me apetece especialmente para guerrear, para llevar los temas a un terreno más físico y disfrutarlos con banda. La idea es ir combinando ambos formatos según el espacio y el momento, cuidando mucho el directo para que sea una extensión honesta, viva y bonita del disco.

Para finalizar… Zaragoza goza de una buena escena musical, hay bandas y locales de música en directo reconocidos, pero… ¿Afecta estar un poco alejado de Madrid o Barcelona, las grandes capitales de la industria musical? ¿O bien esa distancia te hace ver las cosas de otra manera, con menos agobios…?

Zaragoza goza de una escena musical muy rica. Hay una gran diversidad de bandas, cantautores con un nivel increíble, y salas con mucho renombre, muy implicadas con la música en directo. Eso hace que la ciudad esté viva musicalmente y que siempre estén pasando cosas interesantes.

Ver las cosas desde Zaragoza, en mi caso, también tiene algo muy positivo a nivel personal. Es mi ciudad, donde estoy más relajado y donde mejor me encuentro, y eso influye mucho en cómo haces las cosas. Aquí puedo trabajar con más calma y con menos ruido alrededor.

Creo que hoy también tenemos muchas más conexiones que antes, y ya no es tan imprescindible estar físicamente en Madrid o Barcelona para que tu música se conozca. Evidentemente, a nivel práctico sigue siendo más fácil estar allí, pero no lo veo como algo determinante. Prefiero construir el proyecto desde un lugar donde me siento bien, con perspectiva y sin agobios innecesarios. Al final, si las canciones tienen algo que decir, acaban encontrando su camino.

Manel Celeiro

 

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