Encuentros

Moon Cresta, canciones con historia

Los gallegos Moon Cresta se han lanzado a la piscina con un discómic titulado Zadym. Una propuesta atractiva y arriesgada llena de música e imágenes, talento creativo y muy buen groove. Hablamos de ello con David Vázquez, cantante de la banda.

¿Cómo nace Zadym y este concepto de discómic?

No nace inicialmente como un “discómic”, sino como una serie de canciones que surgen durante la pandemia que nos forzó a detener la gira de nuestro anterior disco que acabábamos de lanzar. Nuestro día a día giraba en torno a aquel sorprendente estado de las cosas y las canciones que escribíamos relataban experiencias de profundo calado que nos estaban sucediendo. En cuanto compusimos cuatro temas que trataban algún aspecto relacionado con el virus decidimos que nuestro siguiente disco hablaría de ello y sería un disco conceptual. Más tarde, un editor de una conocida editorial gallega nos sugirió publicar un audio-libro. La iniciativa no estaba mal, pero le dimos una vuelta de tuerca para convertirlo en algo más gráfico que literario. Así surgió fusionar el álbum conceptual con la novela gráfica: una especie de ópera rock que transforma lo escénico a viñetas. Las ocho canciones que componían el disco deberían contar una historia. Fue muy gratificante “descubrir” que inconscientemente habíamos seguido un hilo interno “imprevisto” o subconsciente en la escritura de esos textos. Cada canción se convertiría en la banda sonora de un capítulo de una historia a la que daría cuerpo un ilustrador con unas viñetas que deberían seguir un guion resultante de la “prosificación” de los versos de las canciones.

Ahora que parece que lo físico corre peligro, vosotros os lanzáis a lo más físico. Además, el cómic en formato parecido a un vinilo. Os han dicho en algún momento, pero ¿qué hacéis?

Por supuesto. Presentamos el proyecto no solo en editoriales gallegas (ya que los textos eran inicialmente sólo en gallego), sino a ayuntamientos, concejalías de cultura, diputaciones provinciales… Nuestro plan inicial era crear un formato vinilo-cómic, pero nadie era capaz (o suficientemente audaz) de concebirlo. Bajamos un escalón y decidimos darle la forma de cómic acompañado de CD, con opción adicional de escucha de cada canción a través de un QR inicial en cada capítulo. No obstante, el formato grande lo quisimos conservar, es decir, no es un fanzine o un libreto de CD. Es un señor-libro de casi 70 páginas. Sin embargo, el cuestionamiento que nos encontramos en nuestra presentación inicial a editoriales, no solo fue por el formato. La temática también recibió reticencias. Muchos no estaban seguros de que los lectores/oyentes quisiesen que les hablasen de la pandemia… Pero insistimos.

¿Cómo convencisteis a la editorial?

La discográfica The Fish Factory, que había publicado nuestro anterior lanzamiento, estaba abriendo una línea editorial literaria. Escucharon nuestra propuesta y fueron a ciegas. Para nosotros fue como un oasis en un desierto. Desde Madrid nos editarían en gallego y castellano y aceptarían Zadym sin necesidad de leer una página de la obra. Una fantasía. Su posicionamiento a favor del proyecto sin cuestionamiento alguno fue como un milagro dentro del clima de tanta “incredulidad” que estábamos percibiendo.

Es difícil encajar un concepto en un disco, ¿fue diferente la forma en la que os acercabais a las canciones al componerlas?

Las letras iban surgiendo de un modo bastante natural porque estábamos inmersos en una experiencia vital anómala que condicionaba nuestra manera de estar en el mundo. Lo novedoso que estaba siendo lo que se estaba viviendo, a poco que tuvieses los sentidos y la mente abierta, te generaba preguntas, dudas, cuestionamientos… algo propicio para volcarlo en textos de canciones. Rápidamente surgió un ciclo temático alrededor de lo que estábamos experimentando que no resultaba repetitivo, insistente ni machacón. Más bien lo contrario: el abanico de asuntos que derivaba de la llegada de la pandemia daba mucho juego. Lo orgánico y holístico que estaba siendo todo aquello nos permitía hablar de cómo nuestra existencia se estaba reorganizando, modificando, (a veces) deteriorando…

¿Por qué escogisteis a Raúl Maya como ilustrador?

Raúl llevaba ya un tiempo convirtiéndose en el ilustrador o dibujante de referencia del rock no solo en Vigo, sino en Galicia. Con proyección a nivel estatal e incluso fuera de España. Su trabajo como creador de portadas de discos y cartelería lo conocíamos perfectamente. Su presencia en conciertos como público era constante y su contacto con los músicos era muy próximo porque frecuenta los mismos lugares de encuentro y locales que solemos visitar los amantes del rock en nuestra ciudad. Cuando nos preguntamos dentro de la banda quién podía llevar a cabo este proyecto, prácticamente pronunciamos todos a la vez su nombre.

¿Cómo fue el proceso de trabajar las canciones con Raúl para convertirlas en viñetas?

Tuvimos dos encuentros iniciales porque en el primero de ellos se produjo un pequeño “malentendido”. La presentación del proyecto resultó un tanto fallida porque interpretó que tendría que realizar una gran viñeta por cada una de las canciones del disco en la que proyectar el significado global de la letra. El resultado fue un primer bosquejo como una colección de ocho viñetas. Siendo igualmente un gran trabajo, no era lo que proponíamos. Asumimos que algo le habíamos transmitido mal. Fue entonces cuando elaboramos un proyecto de unas cuantas decenas de páginas con las que lo atosigaríamos con referencias gráficas, audiovisuales (películas, documentales, series, videoclips…) para que no hubiera dudas de qué era lo que queríamos que reflejara en las viñetas. Lo que más le ayudó a entender el “discómic” fue el símil de que creara “el storyboard de cada uno de los videoclips que podría acompañar a cada canción del disco”. Esa era la fórmula que le hizo entender mejor en qué consistía Zadym. A partir de ahí la cosa fluyó de otro modo y los nuevos bocetos ya eran mucho más fieles a la idea que teníamos.

Vuestros discos son bastante eclécticos, pero aquí creo que habéis dado un paso más sonoro. ¿Por qué este salto a nivel sonoro?

Ese carácter global de la transformación de todo lo que nos rodeaba creaba diferentes estados de ánimo y posibles aproximaciones a lo que estábamos viviendo, lo cual generó composiciones muy dispares que reflejaban, a través de ambientaciones musicales igualmente diversas, esa heterogeneidad emocional. Asimismo, en la parte musical, el parón vital también ayudó a que hiciésemos una pequeña retrospectiva a nivel creativo y rescatamos viejas ideas que teníamos guardadas en algunos cajones de la memoria que no nos habíamos “atrevido” a proponer en Moon Cresta y desarrollarlas con la banda.

¿Fue muy diferente el proceso de grabación de las canciones a vuestros anteriores discos?

Fueron muy pocas sesiones. Pero la mezcla, revisión y decisión de cuál sería el diseño artístico final fue ardua, dura, muy meditado… pero muy gratificante. En ese aspecto, la labor de nuestro técnico de directo, Diego Basadre (ingeniero de grabación y asistente de mezclas en el disco) así como de Edu Vidal en su labor de ingeniero de mezclas y responsable de los estudios Garaxeland de Compostela, fue decisiva. Entre ellos y la banda realizamos una coproducción de la que estamos muy orgullosos. Edu Vidal abordó inicialmente la mezcla del disco intentando encontrar un nexo entre las canciones que le diera una estética unitaria. No obstante, cuando le explicamos en qué iba a consistir el proyecto del “discómic”, vimos que era pertinente que cada canción (como cada capítulo) tuviese su propia intrahistoria y adquiriese una tonalidad personal sin que eso afectara a la cohesión de las diferentes piezas del relato/disco en su conjunto.

¿Habéis presentado los temas en directo? ¿Cómo están siendo los conciertos?

Estamos notando que es el disco en el que en menos tiempo hemos conseguido que los temas nuevos estén a la altura de sonido, ejecución y solidez de los antiguos. Eso es algo de lo que siempre estás un poco “temeroso”, sin embargo, el público nos lo comenta con especial énfasis, lo cual indica que se nos ve seguros y que somos capaces de transmitirlo.

También habéis hecho presentaciones en librerías. ¿Cómo han sido estas experiencias?

¡Genial! Intentamos hacerlas el día del concierto en la localidad en la que tocamos y, siempre que puede, viene Raúl y además tocamos algún tema en acústico. Presentamos y explicamos el proyecto y complementamos aquello que pudo quedar en el tintero en la argumentación que ofrecemos en el propio “discómic” con un “extra” de contenido audiovisual con el que intentamos redondear la exposición del porqué de todo lo que aparece en Zadym.

¿Cómo veis a los Moon Cresta de ahora comparados con los de vuestros inicios?

Ha pasado algo así como un cuarto de siglo. Hemos experimentado cambios como personas como en cualquier proceso vital. Pero en lo musical hemos conseguido mantener la esencia de cuatro tipos ilusionados por un proyecto que, sin saber muy bien a dónde nos va a llevar, queremos que siempre suene al mejor nivel posible de rigor, profesionalidad y conexión con el público. También tenemos claro que vamos a dar todo en el escenario, que es nuestro hábitat natural. Como decía un personaje de la película Gatacca: nuestro secreto sobre las tablas es que “no nos dejamos nada para el viaje de vuelta”.

Texto: Anabel Vélez

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