
Me quedaron muchísimas preguntas por hacerle, pero es imposible parar al bueno de Lucas Fox cuando abre la boca y las historias salen, una tras otra. Hoy, el batería y productor, es noticia por haber publicado en nuestro país (de la mano de Libros Cupula) su autobiografía, Motörhead In & Out, en el que narra con pelos y señales su estancia en la banda, pero también lo que ocurrió en el Londres de aquellos gloriosos sesenta y setenta, al margen de todo lo que ha hecho en su vida, ciñéndose principalmente a la música.
Por si quedara alguna duda, él fue el tipo que convenció a Lemmy para montar Motörhead después de que el bajista fuera despedido, justa o injustamente, de Hawkwind. Así que como algunos fans reconocen, hay que agradecerle que estuviera ahí en ese preciso instante. Lo dicho, quedaron muchas preguntas en el tintero, pero por eso recomiendo encarecidamente la lectura de su libro, recién editado en España.
Lucas, gracias por atendernos. Vives actualmente en París y tu relación con Francia viene de largo. Empecemos por ahí.
Mi educación escolar fue en francés, ya que mis padres me matricularon en el liceo francés de Londres y estuve ahí desde los cuatro hasta los 17 años. Por ese motivo soy bilingüe. Luego pasé el resto de mi vida tocando, produciendo, organizando cosas…
Quiero que me expliques como era Ladbroke Grove, el distrito hippie de Londres por antonomasia, entre los sesenta y los setenta.
Era increíble, absolutamente increíble. Hay que recordar que era (es) un distrito que aunaba Notting Hill y Portobello Road. Por lo tanto, el Grove (como lo llamábamos) se convirtió en una zona de moda por una tienda muy grande llamada I Was Lord Kitchener’s Valet, donde tanto Hendrix como los Beatles compraron sus chaquetas militares… Así que eso y luego los mercados de antigüedades y de ropa en Portobello se convirtieron en los lugares de moda.
Por otra parte, en el kilometro cuadrado de Notting Hill había la mayor densidad de músicos del mundo, mayor que la de Haight-Ashbury en San Francisco en los sesenta. Pink Floyd realizó su primer concierto ahí; Virgin Records y Island Record estaban ahí; Richard Branson abrió su primera oficina de Virgin en el callejón Vernon Yard y al poco tiempo tuvo el éxito de Tubular Bells, que fue lo que financió la compañía de discos. Luego Island Records, que estaba en Basing Street, tuvo el éxito de «My Boy Lollipop» y eso llevó a financiar el fichaje de Bob Marley.

La gente de Island estaba un poco más alejada de Portobello Road, pero tenía esos estudios en Basing Street, una iglesia reconvertida, donde Bob Marley grabó Exodus. De ahí se mudaron a St. Peter’s Square, ya en la época en la que yo estaba con mi banda Warsaw Pakt. Resumiendo, en los sesenta todas las bandas que llegaban a Londres se mudaban o pasaban noches en la zona de Portobello Road, en las viviendas. En un bloque, no sé, de 100 millas, probablemente tuvieras 600 viviendas.
Fue fabuloso. Fue una anarquía completa, maravilloso. Toda la prensa underground y alternativa estaba ahí: International Times, Oz, Time Out… Luego tenías muchas familias pijas, ricas. Sus hijos se fueron de casa y acabaron allí, así que sus familiares se quedaron con ellos. También había mucha gente perteneciente a la clase trabajadora. Y, por supuesto, la comunidad jamaicana. Los dos frentes jamaicanos estaban, uno, en Notting Hill, entre All Saints Road y el Mangrove; y el otro en Brixton, en el sur de Londres. En All Saints Road estaban los del grupo Aswad, Bob Marley, Peter Tosh… Todos esos grandes nombres.
Recuerdo que había muchos bombardeos en ese área y que la policía andaba detrás de los músicos y de la droga que corría. Había mucho interés policial en ese área… Luego, una vez entraron los 70, llegó mucha gente del ejército republicano irlandés, el IRA, pues en las viviendas había mucha gente irlandesa que había llegado a Inglaterra para ayudar a reconstruir el Reino Unido después de la guerra. Había mucha mano de obra barata entonces. Los del IRA se escondían con los obreros irlandeses. En el área teníamos cuerpos antiterroristas, policías de anti estupefacientes… De nuevo, todo eso mezclado con guitarristas, bateristas, bajistas…
Todos en los mismos cinco o cuatro pubs y las mismas salas de conciertos: Dingwalls, Nashville, el Kensington, el Red Cow, el Half Moon en Putney… Y luego toda la escena pub rock. Los Guilford Stranglers, que acabaron siendo los Stranglers, cuando aún estaban en la escena pub rock, los Dr. Feelgood y todas aquellas bandas, a las que yo apoyaba incondicionalmente. Muchas bandas acababan en los mismos sellos discográficos de otros colegas; por ejemplo, Dr. Feelgood acabaron en United Artist, donde estaban Hawkwind y luego Motörhead. Y Flaming Groovies, y Captain Beefheart… Es todo un árbol genealógico. ¿Has conocido a Pete Frame, que trabajaba para Sounds?
¿Pete Frame? Conozco su nombre, pero nunca le he entrevistado.
Él hizo el árbol genealógico definitivo de la música británica, lo cual es fascinante. Hay libros de eso ahora, donde puedes ver qué banda se convirtió en qué banda. Más gente que vivía en el área: Traffic, Free… Cuento en mi libro cómo conocí a Paul Kossoff. Era un área increíble. Y luego, al girar la esquina… Porque Notting Hill está en el norte de Hyde Park, pero en el sur tienes Kensington High Street. Y al sur de eso King’s Road.
Así que tienes todo esto y además la gente que se dedicaba a la moda, como Mary Quant; y todos los fotógrafos y cineastas: David Bailey, Antonioni… Era una explosión constante de moda, cine, fotografía, música y política, con toda la prensa alternativa atacando a la guerra de Vietnam, el antinuclearismo… Todo sucedía al mismo tiempo, entre el final de los sesenta y principios de los setenta.

En tu libro presentas muchas conversaciones con terceros como si hubieran sido escritas. Veo que tienes muy buena memoria, pero ¿tanta como para dialogar las conversaciones que tuviste con otras personas hace más de cincuenta años?
Recuerdo todos los temas sobre lo que trataban las conversaciones. No es como si hubiera llevado una grabadora conmigo y luego lo hubiera transcrito, o como si lo hubiera anotado en un diario.
Vale, pero en tu libro hay conversaciones largas con terceros. Eres un buen narrador, no hay duda, pero cuéntame más sobre ese procedimiento si las conversaciones no fueron anotadas entonces.
Por el principio, el libro comenzó 11 años atrás, en noviembre de 2014, que fue la última vez que vi a Lemmy, en el Zenith de aquí en París. Esa noche, después de ver a Motörhead en vivo, Lemmy y yo pasamos 3 horas juntos. Estaba también su amigo favorito en la carretera, Tim Butcher, que era su técnico de bajo. Los tres nos quedamos solos y fue muy emocionante. No había visto a Lem desde que se mudó a Los Ángeles en 1990. Yo, por mi parte, llegué a París en 1988.
Así que entre 1988 y 2014 nos vimos una vez en la calle y muy brevemente. Así que no nos habíamos visto durante mucho tiempo, aunque incluso después de mi marcha de Motörhead, en los primeros años, seguimos siendo muy cercanos, pues él seguía yendo a los pubs habituales y seguía apoyando a las nuevas bandas, incluyendo las que yo tocaba. De hecho, siempre estuve al margen de lo que hacía Motörhead porque él me llamaba de vez en cuando. Por eso, reconectar con él aquella noche de noviembre de 2014 me emocionó mucho.
A la vuelta de esa larga charla me encontraba sentado en la cama, se hizo de día y un rayo de luz atravesó esa ventana (señala una ventana postrada en el techo de la habitación). Me emocioné mucho y me puse a llorar. No estaba triste, solo muy emocionado, porque había sido un momento muy intenso. Era como en los viejos tiempos de nuevo, como cuando empezamos la banda, gastándonos bromas… Todos saben de el famoso sentido del humor de Lemmy. Hablamos de la Segunda Guerra Mundial, hablando de las diferentes bandas y de si yo tenía hijos.
Era un momento muy emocionante. Y él hablaba de su enfermedad muy personalmente y me explicaba cómo le pasó todo. Así que volví aquí y me senté en la parte final de mi cama a las cuatro o cinco de la mañana y de repente tenía todos estos hologramas de recuerdos, literalmente, en 3D, en color. Y empecé a oler cosas que pertenecían a viejos recuerdos. Total, esa sensación fue así durante meses y meses y meses, y no paraban de aparecer recuerdos, no solo de Motörhead, sino de todo el periodo y flashbacks de mi infancia.
Recuerdo ir por la calle y cruzarme con una chica bonita que llevaba perfume Chanel No. 5, que era el perfume de mi madre. Y de repente, volví a mis siete años, miraba a mi madre y mi padre, que estaba detrás suyo, en un momento en el que estaban a punto de ir a una fiesta. Podía ver la pequeña televisión en la esquina, la televisión Bakelite, y el sofá y las grandes ventanas, porque yo era pequeño, y podía oler sus cigarrillos y recordar la marca de tabaco. Y podía ver los ceniceros llenos…
Se volvió muy, muy real, muy cinematográfico. Entonces, durante años, quizás tres años, entrevisté a gente. Encontré mucha gente en Facebook que no había visto en 40 o 50 años. Por ejemplo, cuando estaba más presente en Facebook, apareció en línea Steve Gilmore, que era el asistente de nuestro manager en Motörhead. «Lucas, soy yo, ¿te acuerdas?». Claro, nos conocimos muy bien durante un puñado de años. Así que de repente me dijo: «Escucha, yo estuve en el primer ensayo de Motörhead». Le pregunté si estaba bromeando porque yo no recordaba ese dato. Podía recordar la habitación de ensayo, puedo recordar que ensayamos, puedo recordar cuántos días estuvimos en ese local, todo eso está en mi orden mental. Pero no recuerdo las actuales incidencias de ese primer ensayo.
Así que él siguió: «estaba caminando por Lavender Hill en Battersea, porque el manager me pidió que viera cómo iba el primer ensayo. Y de repente os vi con aquél pequeño coche blanco, el fridge (se refiere a un Renault 4L que tenía Lucas, especie de furgoneta mini que es imposible de calentar, de ahí el sobrenombre de Fridge, «congelador», nda), y tú y Lemmy, descargando vuestras cosas, sin roadies». Steve estaba muy impresionado, porque todas las bandas tenían roadies en esos días, hasta las más desconocidas. Así que la primera vez que fuimos con nuestro equipo al local, éramos solo Lemmy y yo. ¿No es ese un detalle maravilloso? Y luego, has leído el libro, ¿verdad?

Sí, sí, lo he leído.
Pues entonces ya lo sabrás. Pero lo diré para continuar con lo que te contaba. Steve sigue y va me suelta: «¿Recuerdas que Larry (Wallis) no vino al primer ensayo?». Se me había olvidado ese detalle. Así que el primer ensayo de Motörhead lo hicimos Lemmy y yo, con Steve Gilmour sentado en una esquina, fumando.
No recuerdo a cuántas personas entrevisté, pero hubo más de 70 personas, durante tres años. Gente que ahora vive en Helsinki, en San Francisco, en Londres, en el norte de Inglaterra; me entrevisté con el cantante y guitarrista de los Rockin’ Vicars al que Lemmy reemplazó, con Jonathan Smeaton, que fue la persona que hizo toda la iluminación para Hawkwind, y después para Peter Gabriel y Diana Ross, y es un amigo muy cercano. Jonathan estaba con Lemmy en Los Angeles cuando él escribió la canción «Motörhead».
Entonces, tengo esas experiencias que alimentaron el libro, ¿sabes? Cuando dices que mi memoria es buena, fue… Realmente tuve que reemplazar… Proust, el filósofo, hablaba del olor de las magdalena y los pequeños panes, porque cada uno de esos olores pertenecían a un recuerdo de tu infancia, relacionado con tu abuela, tu madre… Así que busqué los olores. Compré un poco de aceite de pachuli, lo mezclé con agua y experimenté. Encontré el olor de pis de gato, de perro, para volver a las viviendas del Grove.
Me pasé semanas viviendo en esos recuerdos. Como cuando analicé el viaje con Irene mientras escuchábamos Electric Ladyland; pues durante tres semanas no oí otra cosa que Electric Ladyland. Bajaba de mi piso y paraba en la esquina a tomar una bebida, pero incluso cuando veía a algún conocido, apenas hablaba. Mi cabeza estaba en esos otros lugares.
Fue casi como un experimento científico sobre mí mismo. Y, por supuesto, los capítulos difíciles realmente me tomaron mucho tiempo. Escribí muchas, muchas páginas para todos los capítulos. Y luego reduje, reduje, reduje… Después trabajé en las frases, en los adjetivos, en los sinónimos, en las metáforas, para intentar conseguir exactamente lo que quería. Luego pasé por tres editores hasta llegar al definitivo, porque los dos primeros solo querían cosas relacionadas con Lemmy. Pero este era mi libro.

¿Seguiste lo que Lemmy hizo con Motörhead durante todos esos años? ¿O una vez que dejaste la banda te olvidaste del tema?
Cuando dejé la banda en diciembre del 75 estaba hecho una basura. Estaba muy mal, realmente jodido. Me había convertido en un yonqui del speed. No me lo inyectaba, pero me lo metía por la nariz. Pasé 18 meses con Lemmy y no dejamos de tomar speed ni un solo momento. Me jodió la cabeza, dejó de ser divertido. Así que después de Motörhead, hubo un corto periodo en el que no nos vimos. Porque no vi a nadie. Me metí en mi apartamento y me encerré por un mes o dos para recuperarme y volver a ser quien era.
Después de eso empecé a verle de nuevo, porque vivíamos en el mismo distrito. Frecuentábamos los mismos pubs, a los mismos clubes, el Marquee… Así que nos íbamos poniendo al día y me iba contando los problemas que tenía con Motörhead. Al poco de entrar en la banda, Filthy (Animal Taylor) se rompió el cuello. El grupo atraía la mala suerte al principio. Y luego hubo las peleas entre Eddie y Phil, y Phil y Lemmy. Y Motorcycle Irene, que había sido mi pareja, empezó a salir con Filthy; estábamos conectados.
Estuviste en la banda poco más de ocho meses, pero lo que creasteis en ese tiempo fue una primera piedra importantísima, el inicio de una revolución que se fue mejorando al cabo de los meses. ¿Te arrepientes de haberte ido de Motörhead tan pronto?
No, realmente no. Mucha gente me lo pregunta. Estoy muy orgulloso de haber sido amigo de Lemmy y de haber estado a su lado durante unos tiempos tan difíciles, a pesar de que él tenía 28 años y yo tenía 21 años, que en ese momento es una gran diferencia de edad. Él ya había estado en bandas arriba y abajo del país. Él ya había hecho todos estos tours americanos y europeos con Hawkwind. Había experimentado con todas las drogas y ya vivía solo para la noche, más o menos. Tenía la virtud de aguantar tres días seguidos para luego dormir en cualquier lugar durante 15 o 20 horas seguidas. Era imposible despertarlo cuando eso sucedía.
Lemmy era un solitario y era feliz así, pero teníamos muchas cosas en común y solía ser muy sociable cuando se lo proponía. El hecho de que yo fuera más joven hacía que no tuviéramos que competir el uno con el otro. En Inglaterra se acostumbra mucho a echarse cosas en la cara el uno del otro: «Eres esto, eres eso, siempre jodiendo». Yo nunca fui contaminante para Lemmy y la relación fue natural. Tal vez hubiera sido demasiado entusiasta porque era joven, pero nunca hice que levantara la nariz para mirarme de arriba abajo. Lo único que hizo que levantara la nariz era el speed.
Nunca lo molesté. Como resultado, teníamos una relación muy cómoda, un poco como una vieja pareja. A veces él leía y yo solo dibujaba o leía también. Y no decíamos nada durante un par de horas, muy felizmente, solo nos quedábamos juntos y nos hacíamos compañía. Y luego caminábamos y íbamos a pubes, a los pisos de las chicas, al speakeasy, a los conciertos, al circuito de bares, a fiestas. Estábamos muy cómodos juntos.
Y yo estaba aprendiendo porque estaba muy impresionado con todo; Lemmy era como un tío o un hermano más grande que nunca había tenido. Me mostró las reglas de este extraño negocio del rock & roll que tanto había cambiado, en el que hasta el lenguaje se americanizó. LA gente hablaba de su novia y decía «mi vieja», aunque tuviera 16 años. Ese vocabulario…
Y lo puedo entender, porque queríamos cambiar, viniendo de aquél Londres de los 50, justo después de la guerra, que era un lugar triste, en blanco y negro. Londres era un sitio en el que se perdieron miles de hogares y murieron otras miles de personas. Inglaterra quedó devastada.
Todos hablan de los espíritus británicos y de Churchill y todo eso. Ellos se olvidan del sufrimiento real, de lo que en realidad pasamos. Así que luego llegaron los 60, el año 61, el año 62… Y ¡bang! 1963; pasamos de ser todo sepia al magnífico color en todo su esplendor.

De repente, todos tenían pelo largo y andaban comprando ropa en las tiendas de ropa de segunda mano. Anarquía total. Y los Rolling Stones estaban saliendo, los Kinks, los Who. Yo veía a los Rolling Stones y a los Who en la calle, en Chiswick. O sea, entonces paseaban por la calle, como cualquiera de nosotros, justo antes de que se volvieran grandes y famosos. Y aceptas que así es la vida. Porque cuando tienes 12 o 14 años cada niño acepta lo que lo rodea.
Y, por supuesto, las revueltas Anti-Vietnam. Grosvenor Square, que provocaron 500 detenidos y más de 150 personas acabaron hospitalizadas. Y, por supuesto, las revueltas de la carrera en Notting Hill en los 50s, 60s y 70s. Y de repente el punk. Mi amigo Bran James con los Damned. Los Clash, vecinos en el barrio, con Mick Jones, Joe Strummer… Chrissie Hynde tocando con nosotros por disfrute. John Lydon paseando de un lado a otro.
No nos queda mucho tiempo; «On Parole» es una de mis canciones favoritas de todos los tiempos y pertenece a tu tiempo en Motörhead. ¿Recuerdas cómo llegó al grupo?
La tocamos en el segundo ensayo con Larry, porque es su canción. Esa y «City Kids». Creo que ambas ya habían sido probadas por los Pink Fairies. (Desconocía el dato de que «On Parole» perteneciera a Pink Fairies, y tampoco Lucas lo confirma; pero «City Kids» sí aparece en el Kings Of Oblivion de la banda, de 1983, nda).
Mira, el primer set list de Motörhead estuvo formado por canciones tanto de Hawkwind como de Pink Fairies y unas versiones, porque no teníamos suficiente tiempo para ensayar. Nos tiramos a la carretera de seguida el grupo se formó.
Hablando de Pink Fairies, has formado parte de la banda recientemente. Has grabado dos buenos discos con ellos: Resident Reptiles de 2018 y Screwed Up en 2023.
Tuve una sensación muy extraña cuando me llamaron, pues Paul Rudolph había sustituido a Lemmy en Hawkwind, y Alan Davey fue también bajista de Hawkwind durante muchos años. He visto que Pink Fairies tocan en USA en breve, pero no sé nada de ellos. Todo es muy extraño respecto a ese grupo.
Ha sido un inmenso placer charlar contigo, Lucas.
Igualmente, espero poder ir a presentar mi libro a vuestro país.
Texto: Sergio Martos






