
Curiosa la táctica artística de Sed de Mal. Si en el anterior EP las canciones tendían a los arreglos cuidados y los medios tiempos, en este gana la energía de un grupo tocando al mismo tiempo en el estudio.

¡Y cómo funciona! Da gusto escuchar a una banda bregada en mil batallas conservar la energía y emplearla a fondo. Maduros, sí, en el mejor sentido de la palabra, pero intensos, maestros de un rock adulto que reniega del acomodamiento y enseña los dientes y, aún mejor, las vísceras en canciones directas que conjugan poso literario y electricidad, guitarras encabritadas y arreglos elegantes, mala leche y sensibilidad. No faltan las habituales referencias religiosas en Xavi Vendrell, los estribillos directos (“Desnudas bien mi corazón” y “El carro de la sangre” adelantaron la llegada de La catástrofe por todo lo alto), ni el rock torcido marca de la casa en un disco que no solo hace honor al legado de los miembros del grupo, sino que los coloca, al menos, a la misma altura de su pasado.
Texto: Carlos Rego






