
Flores y diosas, el debut en solitario de Manu G. Sanz (Indómitos, Selvática, Digital Mother), fue una de las sorpresas de 2024. Manu hablaba de magia y alquimia doméstica para definir su trabajo, y en esas coordenadas sigue Oráculo silvestre.

Como anticipa el título, las letras dibujan una ambiente de lo más personal, una atmósfera panteísta en la que la naturaleza es la auténtica protagonista. El sol, la lluvia, los árboles, abejas, libélulas, alacranes y naranjos parecen cobrar vida, nos acompañan con naturalidad pero también con cierto misterio, una atmósfera brillantemente reflejada en la música, una especie de psicodelia dulce y distinguida y, al mismo tiempo, con un no sé qué inquietante. Básicamente acústico, pero con una frondosa riqueza de arreglos y timbres trabajados con esmero minucioso, el disco es un festín pop de raíz sesentera, acicalado pero sin caer en el barroquismo, una admirable rara avis en la escena pop nacional para la que es difícil encontrar compañeros de viaje.
Texto: Carlos Rego






