
Bob Weir, guitarrista, cantante y uno de los pilares fundacionales de Grateful Dead, falleció este 10 de enero a los 78 años, según informó su familia en un comunicado publicado en su cuenta oficial de Instagram, dejando atrás más de seis décadas de música que redefinieron los límites del rock. Figura clave del sonido de la Costa Oeste y del ideario contracultural surgido en San Francisco a mediados de los sesenta, Weir fue mucho más que el acompañante rítmico de Jerry Garcia: su manera abierta y poco ortodoxa de entender la guitarra ayudó a construir un lenguaje propio, expansivo y comunitario, que convirtió cada concierto en una experiencia irrepetible. Su desaparición marca el final de una era, pero también la permanencia de una obra que sigue viva en cada nueva escucha y en cada generación que se asoma al universo Dead.
La muerte de Weir ha generado una ola de tributos entre músicos y figuras culturales. Trey Anastasio, de Phish, lo describió como “un amigo dulce y gentil, cuya música y espíritu nos acompañarán siempre”, mientras Don Was, con quien tocó en Wolf Bros, aseguró que “la música que ayudó a crear continuará escuchándose durante generaciones”. Por parte de los Eagles, Don Henley rememoró su primera vez viéndolo tocar en Woodstock, “quedé completamente fascinado por ese sonido único”, y Billy Corgan de Smashing Pumpkins escribió en sus redes, simplemente: “Dios bendiga a Bob Weir”. Con eso nos quedamos. DEP.
EI






