
Definir a ZZ Top como una banda de blues rock sería como decir que Elvis era un cantante de rock & roll; o sea, enunciaciones donde apenas se rasca la superficie. Es cierto que los tejanos son una banda basada en los fundamentos del blues y, al venir de la época que vienen, finales de los sesenta, es más fácil agruparlos cerca de Cream o Canned Heat que de cualquier otra cosa.
Pero el tiempo ha demostrado que son una banda diversa, que ha sabido retorcer su sonido hasta crear diferentes monstruos para diferentes épocas, dejándose influenciar por la new wave en su momento o el punk más primario tiempo antes. Es cierto que eso no salta a la vista a la primera escucha, pero afinando el oído, Degüello, El Loco, y, luego, Eliminator o incluso XXX, son fruto de esa obertura de miras. Y el mundo, para su evolución, lo agradece.
Fueron una de las bandas esenciales de los setenta, aunque su estatus de leyenda y grupo grande creció de veras en la primera mitad de los ochenta, cuando incorporaron sintetizadores y reverberaciones gigantes a su paleta sónica; luego cayeron en la repetición y en la auto complacencia, para volver a disparar chispazos de tanto en tanto y acabar siendo una de las bandas más respetadas del negocio. Groove, riff y caminar: tres armas básicas para entender el concepto del grupo y su longevidad.

El trío, desde 1969 hasta 2021, lo formaron Billy Gibbons, Dusty Hill y Frank Beard. El primero es uno de los guitarristas más brillantes de su generación, con un tono, un sustain y unos armónicos totalmente reconocibles. Luego, su voz canalla, rota y comatosa, junto a su forma de tocar la guitarra, le convierten en el tipo de músico que forma un pack completo. Frank, por otra, parte, es un batería atípico, tanto en cómo hace caminar los patrones de base («La Grange» sin ir más lejos) como en los redobles y las contras. Un tipo singular.
Por último, pero no por ello menos importante, está Dusty Hill, el fan recalcitrante de Johnny Carson y de Elvis, cuya voz chillona y potente fue el contrapunto a la de Gibbons en clásicos como «Party On The Patio», «Tush» o «Beer Drinkers & Hell Raisers». Su bajo, por otra parte, es simple aunque efectivo, ideal para que Gibbons y Beard enaltezcan su potencial. Tristemente, Hill falleció el 28 de julio de 2021 mientras dormía, rompiendo así la eterna hegemonía de los barbudos delante (él y Gibbons) y el bigotudo atrás (Beard).
Desde entonces lo sustituye un tal Elwood Francis, antaño roadie del grupo. No esperaba ver a ZZ Top sin ninguno de sus integrantes clásicos, al igual que me sucedía con Rush. Pero la vida siempre te da sorpresas.
Los ZZ Top minus Hill nos visitan este verano. Llevaban tiempo sin acercarse por aquí. Será una buena oportunidad de ver en qué estado se mantienen Frank y Billy. Mientras tanto, y esperando que la banda vuelva al estudio de grabación en algún momento, hacemos un repaso a su discografía utilizando el baremo característico «de menos a más».
Como es habitual, no incluimos directos; aunque en esa categoría los de Texas no se han caracterizado por ser una de las bandas más persistentes del negocio. El primero llegó tarde, Live From Texas (08), y el más destacable es Live In Germany 1980, editado en 2011 y perteneciente a la gira de Degüello y los archivos alemanes de la WDR.
15.-MESCALERO (2003/ RCA)

Nadie le puede negar a ZZ Top el riesgo y la experimentación. Aquí estamos frente al último disco para RCA, disquera que había pagado un pastizal por tenerles bajo su nómina y que, sin embargo, jamás rentabilizó la inversión. Habían ingresado en la discográfica en 1994, una muy mala época para los viejos grupos de los setenta. Debutaron con Antenna y lograron alcanzar las ventas que otorgan el disco de platino, pero a partir de ahí la cosa fue cuesta abajo y sin cinturón de seguridad. Cada disco fue una apuesta por un sonido diferente, siempre en busca de captar a un público joven, pero la inspiración rara vez apareció. Mescalero combina tex mex con sonidos estrambóticos y algunas melodías que parecían sacadas de grupos de nu metal de tercera. Un desastre capital.
14.-RECYCLER (1990/ Warner Bros)

Ocurre que cuando te gustas mucho, cierta formula te ha dado mucho rédito y los que te rodean (productor/manager y compañía discográfica) siguen esperando que la gallina suelte hasta el último huevo de oro, pues… ¡Te estrellas de frente! Tardaron cinco años en parir este disco, uno que sobrevuela sobre los malos vicios de Afterburner, a su vez una mera copia de Eliminator, y esto es lo que dio de sí; un disco anodino, con algún chispazo y mucho relleno. No es de extrañar que la banda apareciera en la tercera parte de Regreso Al Futuro, estrenada también en 1990. Ambas trilogías, tanto la cinematográfica de Robert Zemeckis, como la de la era del sintetizador en ZZ Top, acabaron pidiendo la hora.
13.- RHYTHMEEN (1996/ RCA)
Intento de jugar a lo que mejor saben: viejos riffs de blues actualizados con la tecnología moderna. Y sí, fuera los sintetizadores de gestas pasadas, para bien. El sonido que saca Billy Gibbons de su instrumento es monstruoso, el godzilla de los sonidos de guitarra, uno que chiflará a muchos guitarristas con ganas de asomar la cabeza, los mismos que no entienden a Luther Dickinson o Alvin Youngblood Hart. Pero las canciones distan mucho de ser, lo que se dice, atrayentes. Es un disco que pones y te da para hacer otras veinte cosas al mismo tiempo. Correctito, sin más.
12.- AFTERBURNER (1985/ Warner Bros)

Sería este un disco guay para su tiempo de no haber existido un predecesor tan abismal como Eliminator, ya que Afterburner acaba siendo el hermano pobre de aquél, pues el sonido se asemeja en demasía pero las canciones son de un nivel aceptable y poco más. El sintetizador ya no es solo un elemento que enriquece su música, sino que reina en primer plano, sin olvidar la clara orientación pop de algunas canciones: «Stages», «Rough Boy», «Velcro Fly»… Luego hay cositas, como «Sleeping Bag» o «Woke Up With Wood», que equilibran la balanza. Ni tan mal.
11.- ANTENNA (1994/ RCA)

Todavía colea el sonido sintetizador/pop con el que se hicieron gigantes en los ochenta, pero algo tienen ZZ Top, incluso en sus peores discos; muchas de sus canciones te hacen bailar y te ponen de buen humor. Son sexys, maldita sea. Así que Antenna, un disco que está a medio camino de una cosa y otra, lo viejo, lo nuevo y lo desorientado, tiene tres o cuatro canciones que son jodidamente brillantes, empezando por «Pincushion», el tema de obertura. Que dios les bendiga, por hacernos bailar incluso en las condiciones más bajas.
10.- LA FUTURA (2012/ American Recordings)

Si los rumores eran ciertos, y lo eran, créanme, en los últimos 20 años Frank, Billy y Dusty apenas se dirigieron la palabra más que para lo imprescindible. No es de extrañar, pues, que viajasen por separado y los set list, en las diferentes giras, apenas variasen. Así y con estas, un solo disco de estudio desde Mescalero, que apareció en 2003. Eso sí, un disco robusto y sólido que convenció a casi todo el mundo, excepto a los que esperaban otra vuelta de tuerca hacia «la futura». Eligieron al productor ideal, Rick Rubin, experto en volver a la naturalidad de una banda, como después hiciera con Black Sabbath. No es que la banda retornara a sus raíces más primigenias, pues eso con un estudioso como Gibbons es imposible, pero sí que hubo una vuelta a lo básico y por eso funcionan canciones como «Flyin’ High», «Chartreuse» o el medio tiempo «It’s Too Easy Mañana». La versión de la canción «25 Lighters» del rapero DJ DMD, reconvertida en «I Gotsta Get Paid», con Dusty y Bill intercambiando frases, es una autentica genialidad.
9.- XXX (1999/ RCA)

Debe ser uno de sus discos más odiados por los escribas musicales, solo hay que ver las puntuaciones que les endiñan publicaciones como Allmusic o Rolling Stone. Como todo, la crítica musical es subjetiva, por mucho que algunos se empeñen en querer ser objetivos o ecuánimes. Así que, dentro de la subjetividad, defenderé las bondades del álbum que celebraba los 30 años en el negocio de ZZ Top, un disco arriesgado que supone otro punto y aparte, por su crudeza y la naturaleza para arriesgar con cacharros y descalabros. Solo hay que irse al inicial «Poke Chop Sandwich» para notar que los tres vuelven a estar en lo más alto de su juego, con Frank creando algunas de sus piezas más originales en años. «Made Into A Movie» es monstruosamente majestuosa, la típica pieza que aparece cuando experimentas y te crees que eres el mejor en lo tuyo. Como «Beatbox», que parece un descarte de El Loco. XXX es un viaje total. Subid a él.
8.- ZZ TOP’S FIRST ALBUM (1971/ London)

El debut de ZZ Top no es un disco indispensable, del modo en el que lo son los primeros discos de Lynyrd Skynyrd o Led Zeppelin, por nombrar dos ejemplos. El suyo estaría en la categoría de los primeros discos de Aerosmith o Motörhead; discos entrañables y queridos por los fans más tercos, que apuntan hacia una buena dirección y ya tienen un distintivo pero que distan de ser perfectos. First Album es su disco más purista, el que establece un sonido y el que les lleva a captar la atención de los que entonces siguen tanto a B.B. King como a los Allman Brothers. No asoma ningún clásico, aunque «Brown Sugar» y «Neighbor, Neighbor» apuntan a ello. Destacar que ya en este primer disco, Bill Ham se erige como productor de la banda (y manager), siendo más que una figura paternal (y dictatorial) para el trío.
7.- RIO GRANDE MUD (1972/ London)

Esto es harina de otro costal respecto a su antecesor. Es lo mismo, blues rock con aroma tejano y espacio para la experimentación (recordemos lo fan que es Gibbons de Jimi Hendrix), pero la banda empieza a pensar a lo grande, lo que resulta en un mejor sonido, canciones que aúnan un mayor número de audiencia y una idiosincrasia única. «Francine», «Just Got Paid», «Ko Ko Blue», «Chevrolet», «Sure Got Cold After The Rain Fell»… Es la clase de material que te da una carrera. Y es, también, la clase de material que te convierte en una leyenda.
6.-TEJAS (1976/ London)

Asoman ciertas texturas tex mex y elementos country como el violín o el pedal steel para este álbum dedicado a su tierra. ¿Ablandan estos elementos la propuesta del trío? Para nada, ZZ Top es una coctelera en la que se van introduciendo cosas de aquí y de allá. Hay quien lo llama «disco de transición», hay quien asegura que se percibe cierto estancamiento; hay, como el que suscribe, quienes lo defienden a capa y espada. «El Diablo» es oscura y perversa, mientras que en «Snappy Kakkie» parecen una banda al borde del coma etílico; luego está esa fastuosa canción de salón que es «She’s A Heartbreaker» y la instrumental «Asleep In The Desert», cinematográfica y atmosférica, perfecta para cerrar ese viaje a Tejas. Tras el álbum la banda se embarcó en su gira más caótica y destartalada; había que escenificar el estado de Tejas («Bring Texas to the people», era el eslogan de la gira), así que se les ocurrió llevar de acompañantes un bisonte, dos serpientes de cascabel, una vaca de cuernos largos, dos buitres y varias plantas y árboles de la zona. Todavía esperamos un documental de hora y media sobre esta odisea. Como nota final, el grupo se tomó un largo descanso tras la gira para coger aire fresco y volver con las pilas recargadas. Frank necesitaba desengancharse de la heroína, mientras que Billy y Dusty decidieron no cortarse la barba en todo ese tiempo (cerca de dos años).
5.- EL LOCO (1981/ Warner Bros)

Disco puente entre el seminal Degüello y el determinante Eliminator. Ignorado por el gran público, yo lo entiendo como parte de una trilogía que ya no bebe directamente del blues rock y el rock and roll de Memphis, sino que se ha extendido hacia otros terrenos mucho más freakys y funkys (no en el sentido literal de ser música negra). Billy no canta, sino que susurra como una mosca; Beard crea unos patrones alucinantes y puedes imaginártelo en los King Crimson de entonces, con Adrian Belew al frente. Dusty sigue ahí, resistiendo, cantando como un grillado en «Party On The Patio». Aunque me sigue interesando más cómo la banda es capaz de llegar con cosas como «Ten Foot Pole», «Heaven, Hell Or Heaven» o «Groovie Little Hippie Pad», gemas inclasificables y desprovistas de cualquier comparación con lo anterior. Para los tradicionalistas ahí tienen «Pearl Necklace» y «Don’t Tease Me», una de las mejores canciones de un año glorioso para la música: 1981. En efecto, el año de Moving Pictures (Rush), Fair Warning (Van Halen), Wild Gift (X), You Are What You Is (Frank Zappa) y el segundo de los Blasters, entre muchos otros discos.
4.- FANDANGO (1975/ London)

Cara A en directo y cara B en estudio, un experimento que habían llevado a cabo poco antes los Humble Pie con el doble Eat It y que inspiró claramente el concepto de Alive II de Kiss. La parte en vivo parece una ininterrumpida y frenética jam, aún cuando se inicia con un par de versiones, de los Nightcaps y de Elvis; quizás porque los más de nueve minutos del «Backdoor Medley» son salvajes y eclipsan el resto del material en la cara. En el reverso, la parte de estudio; fastuoso material, seis canciones impecablemente interpretadas y construidas, en donde Dusty Hill tiene un peso mayor que en otros discos, pues suyas son «Balinese» y la clásica «Tush». Junto a Gibbons compone «Heard It On The X» (otro clásico, aunque de menos envergadura) y este, a su vez, aparece con la chulesca «Mexican Blackbird», la enigmática «Blue Jean Blues» y un pelotazo hard: «Nasty Dogs And Funky Kings».
3.- ELIMINATOR (1983/ Warner Bros)

Pocas bandas iniciaron una revolución sónica encontrándose en ese punto de la historia, tras catorce años de carrera, tantísimos conciertos y 7 discos y una recopilación a sus espaldas. La historia de la creación de Eliminator sería larga de explicar aquí, pero se entiende como el disco en el que la banda juega con samplers de batería electrónica, sintetizadores y la tecnología electrónica que tienen a mano; todo esto con la ayuda del ingeniero Linden Hudson, el hombre de confianza, Terry Manning, y la siempre mente abierta de Gibbons, entonces estudiando las producciones que hay en los trabajos de artistas como Depeche Mode o Orchestral Manoeuvres in the Dark. El disco escandalizó a los puristas, pero también lo hizo su antecesor, así que calma. Lo avalan más de diez millones de copias solo en USA y una colección de canciones bastante imponente: «Gimme All Your Lovin’», «Legs», «Got Me Under Pressure», «TV Dinners», «Sharp Dressed Man»… Otra cosa es cómo influyó esto en el futuro más inmediato de la banda, pues alentados por el triunfo, samplearon todas las baterías de los discos anteriores ante su puesta en escena en el mercado del cd en el 87.
2.- DEGÜELLO (1979/ Warner Bros)

Tras la edición de Tejas en el 76 y su pertinente gira, la banda paró toda actividad durante un par de años, tiempo que Gibbons aprovechó para marcharse a Londres y vivir en primera persona todos los cambios musicales que allí se estaban desarrollando: el auge y caída del punk, el nacimiento del after punk y la new wave e incluso el nuevo heavy metal, llegando a presenciar la actuación de unos jóvenes Iron Maiden y enamorándose de la presencia escénica y la voz de Paul Di’ Anno. Todo esto lo asimila él en su prodigioso cerebro y, a ver, no es que salte al primer orejazo en Degüello, pero se atisba en el cambio general, en cómo aparecen las composiciones del grupo y en los pedales de delay y de reverb que él utiliza para las atmosferas de las canciones. «Lowdown In The Street» es retorcida, «Cheap Sunglasses» es tan buena que duele, «I’m Bad I’m Nationwide» sintetiza todo lo guay que hay en la música del grupo, «Manic Mechanic» le debió alucinar incluso a Zappa y «Esther Be The One» es la clase de canción especial que confirma mi amor desmesurado por la banda.
1.- TRES HOMBRES (1973/ London)

Uno de esos discos que todo ser humano debería oír, al menos, una vez en su vida. Es el compendio perfecto entre los clásicos y los temas considerados «menores», lo que se conoce como deep tracks si utilizamos el anglicismo. Todo lo que buscas de la banda está aquí; la chulería («Beer Drinkers & Hell Raisers»), la originalidad en los ligados de Billy y los patrones de Frank («Master Of Sparks»), el picante que te hace bailar («La Grange»), la reinvención del blues («Waitin’ For The Bus» y «Jesus Just Left Chicago»), los textos sencillos pero únicos, el cuelgue de peyote sin hacer uso de la planta («Sheik»), las melodías para las últimas horas de la borrachera («Have You Heard?» y «Hot, Blue and Righteous»)… Tres Hombres: el triunfo de la sencillez, la humildad y el picante.
Texto: Sergio Martos







Totalmente de acuerdo. Yo, en mi lista particular, solo cambiaría La Futura. Para mí sería el sexto, tras El Loco.
Los veremos en Cádiz en Julio.