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XXXVI Purple Weekend Estrella Galicia (León)

The Boo Radleys

Hay que poner distancia para entender un reto mayúsculo como este: el Purple Weekend lleva desde 1997, en la era preinternet y enfocado al movimiento mod, celebrándose en León. Y aunque, sí, esta es la ciudad de Los Flechazos y Álex Cooper, y siempre ha habido una efervescencia musical que más quisieran otros muchos sitios, probablemente nadie podía imaginarse que el festival púrpura sería en pocos años el epicentro de la escena modernista europea hasta llegar a nuestros días. La larga historia del certamen leonés —llena de trompicones, subidas y bajadas— no puede entenderse sin el fervor de cientos de mods que acuden en masa todos los años coincidiendo con el puente de la Constitución.

La XXXVI edición del Purple Weekend de León celebrado del 5 al 8 de diciembre fue la de la consagración de distintas sensibilidades musicales. Durante tres días han convivido en son de paz grupos como los británicos The Horrors, el elegante retrosoul y r&b de Nick Waterhouse, el supergrupo rock Drink The Sea y la nueva cantera del pop británico encabezada por los jovencísimos The Molotovs. Si la música es buena, los debates estilísticos quedan en un segundo plano. Los conciertos estuvieron a la altura y convencieron a mods, rockeros y melómanos. Seguramente faltó más música negra, chispazos de psicodelia y mujeres en un cartel masculino en un 95%. Fue sorprendente que en un festival tan cuidado y de nicho como este, la música entre bolo y bolo no estuviese en consonancia y sonasen temas al tuntún de grupos indies nacionales.

Drink The Sea

Este año los organizadores pretendían realzar el perfil más gourmet y urbano del Purple Weekend, trasladando el grueso de su programación (conciertos, DJ y el mercadillo de ropa y discos vintage) el céntrico recinto del Espacio Vías. En un principio, la decisión parecía acertada: la sala suena francamente bien y está a tiro de piedra de otros puntos neurálgicos del festival y de León, como el café Luna, el Mongogo o el Gran Café. En la práctica, tuvo sus pros y sus contras. El Espacio Vías, con capacidad para 500 personas, se llenó con facilidad los tres días y se quedó pequeño. Especialmente el sábado, con Nick Waterhouse a la cabeza, resultaba complicado moverse y el calor fue por momentos sofocante. Se formaron colas en los baños. En cambio, las barras funcionaron con agilidad y la atención fue excelente.

Los alldayers o sesiones de DJ diurnas, otro de los platos fuertes de este tipo de festivales, salieron a las mil maravillas en la exuberante sala Glam con muchas dosis de garaje, psicodelia y, por supuesto, northern soul. Con las allnighters de la discoteca Divinity no fluyó tanto la cosa. Las sesiones no empezaban hasta las dos de la mañana, por lo que quedaba una hora y media muerta entre el último concierto del Espacio Vías y el primer DJ. Dos horas más tarde, a las cuatro en punto, la discoteca mutaba de nuevo para acoger a la chavalada a ritmo de reggaetón mientras la gente huía corriendo del local. Un cuadro.

The Horrors

Viernes, 5 de enero

¿Es este el Purple menos mod de su historia, signifique esto lo que signifique? La pregunta que lanzábamos en su momento a su director, Miguel Ángel Borraz, se diluyó como un azucarillo tras el bolazo que dieron The Horrors. La banda británica tiñó de negro el Espacio Vías en un show perfecto que tuvo dos partes diferenciadas. La primera mitad, hasta que sonó «Sea Within Sea», sirvió para que el público fuera adentrándose, poco a poco, en la nebulosa de una formación que no encaja del todo en ninguna etiqueta, pero que ha hecho de la oscuridad rock —y de sus principios estéticos góticos— su seña de identidad. El juego de luces viraba entre el azul y el negro, mientras que los sintetizadores y la poderosa voz de Faris Badwan copaban el protagonismo. La tanda final, con un glorioso bis con el «Heroes» de Bowie y «Something to Remember», remató una noche para el recuerdo.

“Es como Paul Weller en The jam!”. “¡Es lo más cerca que he visto a un Paul Weller adolescente!”.  Como era de esperar, los mods de pura cepa disfrutaron como un niño pequeño con un juguete con el derroche de energía de dos hermanos jovencísimos, Mathew e Issey Cartlidge, que no llegan a los 20 años. Todo lo que The Molotovs muestran por Instagram (actitud punk, inmaculada estética modernista, explosión y rabia juvenil) se convierte en una realidad tangible encima del escenario. Cantan y tocan francamente bien, reviven el espíritu de The Jam, Sex Pistols, Buzzcocks o, de nuevo, Bowie, del que rescataron un fragmento de «Suffragette City». Los temas propios («More More More», «Today ‘s Gonna be Our Day» y «Johnny Don’t Be Scared», entre otros) del trío son auténticos cañonazos de revival mod. Cuando anunciaron desde el escenario que su álbum de debut se lanzará en enero de 2026, a más de uno se le debió de caer una lagrimita de emoción.

The Molotovs

El viernes, musicalmente el día más redondo, se abrió con una eminencia del powerpop australiano como The Chevelles. Duane Smith, Jeff Halley, Adrian Allen y Dave Shaw siguen remando acompasados tres décadas después en un ritual que tuvo momentos melódicos, pero también trallazos de garaje punk como «Get It On». Llevan haciendo lo mismo toda la vida y se llevan bien entre ellos, y eso es algo que se nota cuando los ves tocar en directo. Cuatro amigos pisando el pedal de fuzz, canciones para corear y afilando los colmillos cuando la situación lo requiere. Buen rollo y fidelidad guitarrera. Esto es rock and roll. Ni más ni menos.

Sábado, 6 de enero

La segunda jornada de este veterano festival comenzó con un concierto en sesión vermut con la banda local Brators. Desplegaron una sesión psicodélica con sonidos densos y envolventes. Su música pedía paciencia al oyente, especialmente a quienes llegaban con el cansancio acumulado del día anterior. Buena propuesta.

Llegaron las ocho de la tarde. Con la sala a medio llenar salieron al escenario The Limboos sustituyendo a los The Spitfires caídos del cartel en el tiempo de descuento. Ofrecieron un espectáculo de Rhythm & Blues cálido y relajado con toques caribeños. Predominaron unas buenas líneas de bajo acompañadas de timbales en la batería. Demostraron clase y ser unos músicos de nivel. No faltaron sus mejores composiciones como “I Don’t Buy It” o “Big Shot” y finalizaron con “Where Did She Go?” yá con la sala llena. Relax para comenzar.

Nick Waterhouse

A por todas, con actitud y sudor. Laurie Wright y su banda descargaron su artillería de rock and roll. Despacharon composiciones sin cesar, a excepción de una pequeña parada por rotura de cuerda. La temperatura era alta y subió más cuando sonó la canción “On My Tod” que agitó al público creando un pogo en las primeras filas. Sonaron temas como “My Rock & Roll” o “Talk Of The Town”. Al espectáculo le faltó un poco de garra aunque fue fiestero y sin complicaciones. Buena fórmula para los más bailarines.

 

Volvió la calma. Si los Limboos denotan clase por sí solos, cuando les acompaña alguien como el norteamericano Nick Waterhouse  se convierte en pura elegancia. Sonidos brillantes con una voz bien afinada. Ofrecieron un concierto delicado y relajado. La dinámica cambió a los 40 minutos cuando sonó el tema “Song For Winners” y el público realizó sus primeros bailes. Sonaron temas como “Katchi”, “This Is a Game” o la coreada “L.A. Turnaround”, y su versión ralentizada de “I Can Only Give You EveryThing” de Them & Van Morrison. Una delicia para los amantes del R&B y el Soul.

 

Domingo, 7 de enero

Los Guipuzcoanos Lie Detectors llegaron para recordar que la fiesta no había acabado y pusieron a bailar a todos los asistentes con sus divertidas interpretaciones en la sesión matinal de mediodía.

Llegó la tarde y llegó la gran tormenta. El cuarteto Italiano The Peawees disparó a ritmo frenético sus mejores temas sin cesar. Rock and roll en estado puro con buenas bases rítmicas y pequeños solos de guitarra.”Justify” dio un respiro al concierto, sonó impecable y dió paso a un final aplastante. Contundencia y desenfreno.

Lie Detectors

Con una puesta en escena muy detallada salieron  Drink The Sea. La super banda compuesta por integrantes de grandes bandas como REM, QOTSA, Screaming Trees…Una propuesta con ambientes experimentales y atmósferas exóticas debido a una instrumentalización poco común en el rock como el laúd árabe o el cigar-box entre otras, junto a instrumentos tradicionales. Bonitos arreglos, coros muy bien definidos y ecos que reencarnaban a Mark Lanegan. Abducieron  con sus sobradas tablas a un público atento. Finalizaron con las versiones “I One I Love”  y “Hanging Tree”  ambas canciones compuestas por integrantes de la banda. Exquisito y seductor.

 

Para finalizar, salió sobre las tablas  el trío británico The Boo Radleys. Un arranque interrumpido por dos apagones que rompieron la dinámica del evento. Los integrantes no perdieron la sonrisa e hicieron lo que pudieron para solventar el show. Ofrecieron temas conocidos como “Wake Up Boo!” o “Barney (…and Me)”. Su propuesta de Pop rock no caló entre los asistentes que aplaudían a medio gas entre pieza y pieza. Flojos e insípidos. Con su tema “Lazarus” concluyeron los conciertos para dar paso a las últimas pinchadas del festival Morado.

 

Texto: Jon Pagola  e Ignacio G. Elcano

Fotos: Ignacio Elcano

 

 

 

 

 

 

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