
La sala Upload de Barcelona acogió ayer la visita de The Molotovs, una banda que apenas ha publicado cuatro canciones pero que ya ha conseguido lo que muchos grupos no logran en toda una carrera: generar auténtico revuelo.
El hype generado por sus actuaciones en el Reino Unido les ha valido la firma con Marshall Records, el prestigioso sello independiente británico, y su paso por la ciudad condal demostró que el interés está más que justificado. Con su álbum debut «Wasted On Youth» programado para el 30 de enero de 2026 y producido por Jason Perry en The Marshall Studio, la banda llega a Barcelona en plena ascensión.
The Molotovs beben de las fuentes del punk y el mod más clásico. En su sonido resuenan ecos de The Jam, The Damned y The Clash, pero también de bandas más contemporáneas como The Libertines, Mando Diao o Green Day. Su cantante y guitarrista Mathew Cartlidge lo tiene claro: lo que les diferencia de las bandas de los setenta es precisamente su bagaje generacional. «También tenemos referentes de los noventa y principios de los 2000, como Arctic Monkeys», declaraba recientemente, y esa mezcla de influencias se percibe en cada acorde, en cada grito, en cada momento de urgencia sobre el escenario.

La presencia de viejas caras conocidas de la escena mod barcelonesa hizo que la sala rozara el lleno, aunque la elevada media de edad del público resultó en una audiencia más contemplativa de lo esperado. Ese estatismo contrastaba con la energía desinhibida que la banda desplegaba sobre las tablas, y quizá por ello el concierto no se alargó tanto como en otras fechas de la gira, donde han incluido versiones de The Housemartins, Supergrass, Chuck Berry o The Clash. El único homenaje del que pudimos disfrutar fue de una espídica versión de Suffragette City del maestro Bowie.

El momento más comentado de la noche llegó durante los bises, cuando la bajista Issey Cartlidge -todo un un animal escénico- salió ataviada con una camiseta del Espanyol. Los abucheos de parte del público no se hicieron esperar, pero su respuesta fue puro espíritu punk: poses sexys y provocadoras que silenciaron a los críticos y reafirmaron el carácter desafiante de la banda. Porque de eso se trata: de actitud, de no pedir permiso, de incomodar si hace falta.
Más allá de la anécdota, lo que quedó claro es que The Molotovs no son solo promesa: son realidad. Transmiten urgencia, sexualidad, desenfado y energía adolescente -como es natural, ya que los hermanos Carlitge apenas tienen la mayoría de edad- , pero también demuestran unas tablas escénicas sorprendentes para su corta trayectoria. Fue una gran noche de diversión rockera, de esas que recuerdan por qué el directo sigue siendo el territorio donde las bandas de verdad se consagran.
El futuro es suyo, y lo saben. Y con «Wasted On Youth» a la vuelta de la esquina, 2026 promete ser su año.
Texto: Rubén García Torras
Fotos: Marina Tomás Roch






