
Directora de cine – su primer largometraje obtuvo el prestigioso premio Cámera d’Or del Festival de Cannes —, actriz, música y artista performativa, Miranda July, podríamos decir que es una digna hija de su tiempo y que en A cuatro patas ha sabido capturarlo.
La protagonista es, precisamente una artista que emprende un viaje entre Los Ángeles y Nueva York que se aborta en la primera parada a escasos kilómetros de su domicilio; en el que se quedan su marido, productor musical y su hijo, todavía de corta edad, a los que miente cuando contacta con ellos, explicándoles un ficticio recorrido de costa a costa de los Estados Unidos mientras se aloja en la habitación de un motel de carretera. Estando, como diría Dante, “a la mitad del viaje de nuestra vida” se entrega a un recorrido más emocional y físico – que no geográfico —, que continuará a su regreso a casa.
Habrá quien encuentre provocación en esta exploración sobre el cuerpo y sobre el deseo, sobre cómo afecta la madurez biológica a los afectos, y las reflexiones de la autora al respecto son apasionadas a la vez que críticas. Y es que July es una narradora radicalmente honesta e inteligente que apunta pinceladas de humor, aquí y allá, especialmente en algunas situaciones absurdas o también – y especialmente – en otras cotidianas; en las que los personajes se consideran más diferentes, más originales, de lo que en realidad son, o cuando sus actos son menos libres y trascendentes de lo que estarían dispuestos a reconocer.
Cristóbal Cuenca






