
El músico madrileño publica «Ojo de Bife», una espectacular colección de canciones que recupera la inmediatez de su debut, aunque en español. Muy atentos, por favor, a la inminente gira de presentación.
Ojo de Bife es el cuarto álbum de Germán Salto –aunque el segundo en solitario–, una obra luminosa y sincera donde abandona la experimentación de trabajos previos para regresar a la esencia de la canción clásica: guitarras, melodía y emoción. A cargo de la producción ha estado Ricky Falkner, probablemente el productor más importante del indie patrio. Pero que no cunda el pánico, Germán sigue aferrado a ese mismo rock que nos enamoró de su álbum de debut, hace ya un par de décadas.
Estamos en el misma mesa que hace ocho años, cuando hicimos la entrevista correspondiente a tu segundo álbum, Far From The Echoes. ¿Qué queda de aquel Germán Salto?
Pues creo que mucho la verdad. Musicalmente me he ido alejando de ese Germán Salto y con este disco se puede decir que vuelvo a conectar con el chaval que empezaba a hacer música empujado por su propia afición y que intentaba hacer el disco que a él le gustaría escuchar.
¿Has perdido parte de la ilusión? ¿Había algún sueño que tenías y que has tenido que desechar por la experiencia, por circunstancias, por la vida, por los años que le van cayendo a uno?
No, cuando grabé el primer disco, nunca me imaginé que iba a estar aquí. Es cierto que este “aquí” es un sitio pequeño en el underground pero cuando grabé mi primer álbum, “el del gallo”, ni podía sospechar que iba a ser el primer paso para recibir elogios y respeto de músicos a los que admiro desde que soy un niño o que iba a salir de gira como guitarrista de Nikki Lane o Summer Dean; tampoco que fuera a compartir escenario con Steve Wynn, Lemon Twigs, Jayhawks, GospelbeacH, etc… Y mucho de esto se lo debo al Ruta, que ayudó a ponerme en el mapa, ya que no sé ni cómo (porque no tenía ni agente de promo), pero seleccionó mi primer disco como uno de los mejores discos nacionales del año.

Bueno, eso significaba que sin duda era bueno.
A mí me lo parece, claro. Pero a veces también es un poco de suerte porque conozco gente que graba discos que me gustan mucho y por desgracia no les hacen el caso que merecen.
¿Miras con cierta condescendencia a ese jovenzuelo?
No, pero el Germán de hoy habría hecho cosas muy distintas en aquellos primeros discos. Igualmente, me gusta el camino que he llevado, con mis errores y mis aciertos. Hace años me torturaba por no ser la típica persona que toca o compone 16 horas al día hasta que me di cuenta que no tengo esa madera. Desde que me conformé con mi nivel soy mucho más feliz. Todo el mundo que empieza tiene la ilusión de ser Brian Wilson y el tiempo le va poniendo en su sitio.
¿Pero no echas en falta esa inocencia, quizá?
Antes no me esperaba nadie y ahora tengo una pequeña base de fans que están expectantes cuando publico algo. Es inevitable que esa presión me afecte un poco pero sinceramente, al no vivir de esto mi presión es menor que la de muchos compañeros. Creo que sigo componiendo con total libertad y ésta suele brotar cuando conecto con la inocencia que me animó a empezar a escribir mi propia música. Ojo de Bife es un disco que al Germán que empezaba le hubiera gustado escuchar y creo que estaría muy orgulloso.
Soy perro viejo y me cuesta creer eso de que “es lo que siempre quise hacer”, me parece un relato demasiado bonito… Porque has hecho dos discos por medio muy diferentes: Uno en inglés, otro en castellano y con una gran dosis de experimentación en los dos.
Pues precisamente… Yo siempre había querido hacer un disco de pop barroco orquestal, más inspirado en las canciones de los Zombies, The Left Banke o de Burt Bacharach y ya he hecho el check. Era un capricho que me he permitido, con la ayuda de Íñigo Bregel. Me gusta mucha música por lo que no hay un único disco que yo hubiera querido hacer, hay muchos. Me refería a eso y a que tengo un oficio que me permite hacer la música que quiero. Porque, sinceramente, yo tomo alguna que otra decisión no artística, y más, digamos comerciales…
¿Cómo qué?
Como dedicar tiempo a redes sociales o telonear a un artista del que no eres fan, que se me ocurra ahora mismo. Pero bueno, no me refiero a tomar decisiones no artísticas en el estudio, es más en chorradas del día a día. Además no hay nada que te asegure ir a tocar a un estadio. Yo generalmente veo que los artistas que hacen cosas sonrojantes para llegar a más público, rara vez lo consiguen.
Pero obviamente haces música para compartirla.
Lo que no significa que no quiera llegar a más público. Con este disco mi objetivo es intentar llegar a ese público que existe y que escucha cosas parecidas. Es decir, creo honestamente que mi disco puede gustar a, digamos, un fan de Morgan, de Quique González, de Ángel Stanich o incluso de Iván Ferreiro.
Es que, en cierto modo, este disco podría haberse grabado después del primero, sin haber existido ni el segundo ni el tercero.
Sí. Me he preguntado qué disco quería hacer y es el momento de canciones melódicas bonitas con banda de rock. Y es verdad que suena más inmediato y parece que está pensado para que enganche más, pero la realidad es que lo que más me gusta en el mundo es esto: los Faces, Tom Petty, los Jayhawks, los Plimsouls… Y me ha salido un disco de americana con brochazos de power pop.
¿Podríamos decir que ha pasado tu etapa en el piano?
Quizá ese recuerdo se ha distorsionado un poco. Probablemente dije que había algunas canciones hechas al piano; que era una novedad absoluta, porque no había hecho ni una antes. Mi idea era que si siempre compones con la guitarra, te pueden salir cosas muy parecidas todo el rato. Y por eso empecé a tocar el piano, al menos para componer, para abrir la puerta a una manera distinta de hacer música y que surgieran canciones diferentes.
¿Y no has vuelto a él?
No, lo tengo olvidado y está desafinadísimo y sólo lo usan los gatos cuando se suben y te da un infarto por la noche (risas).

Me gustaría que habláramos del protagonismo de Ricky Falkner en el disco. Porque además de producir me consta que ha tocado algún instrumento.
Toca el bajo en cinco canciones. Acústicas prácticamente en todas las canciones. Panderetas, coros…
¿Por qué Ricky, qué buscabas en él?
Igual que Íñigo era perfecto para el disco anterior, Ricky lo es para éste. Íñigo tocaba el bajo que te dejaba con la boca abierta; sin embargo Ricky sólo va a dar dos notas, pero van a ser las dos que te rompan el corazón. Si este era mi disco de vuelta a la americana, no se me ocurre nadie mejor para volver a los tres acordes, la acústica y el pedal steel.
Lo que pasa es que a priori choca, porque es un productor muy reputado dentro del indie. Supongo que son prejuicios…
Ricky no tiene nada que demostrar, a mí me parece un fuera de serie en todo lo que hace. Ya había hecho cosas fuera del indie cayendo de pie y cuando hablo de música con él, nos gustan las mismas cosas, con algunas diferencias. La historia de cómo surgió grabar con él es que somos muy amigos y estuvimos compartiendo piso en la época en la que yo escribí estas canciones. Entonces entraba Ricky al salón y yo le preguntaba lo que le parecían y él opinaba o incluso a veces me sugería algún acorde distinto, que la mayoría de las veces no me parecía mejor que el mío, pero al final me acababan gustando más en muchas ocasiones. Y en ese momento no estaba ni pensando en que lo fuera a producir él, eran consultas de un amigo a otro al que admira. Pero llegado el momento de pensar en grabar fue algo natural que lo hiciéramos juntos. Yo creo que si le hubiera dicho que me iba a producir Carlos Raya, por ejemplo, me habría respondido “¿¡Pero de qué vas!?” (risas).
Supongo que es lo ideal. Que surgiera así.
Es que yo componía pero él aportó muchas cosas. En «Si te marchas» hay un acorde que directamente es suyo. Y, por ejemplo, «Goliath», que era más rápida, más beateliana; él me dijo que tenía que tocarla más lenta. Y después de varios intentos, a cada cual mas lento, se la toqué extremadamente lenta, de broma, y me dijo “¡Así!”… ¡Y tenía razón! Fue un acierto absoluto, porque pasó de ser una canción más a ser una de mis favoritas del disco gracias a él.
Alguien mal pensado podría pensar que te acercaste a Ricky buscando el éxito de esas bandas a las que produce.
Somos tan amigos que Ricky sabe perfectamente que yo no soy muy fan de algunas bandas a las que graba. De hecho, si le preguntas, creo que te diría que soy un poco talibán.
¡Eso es porque no me conoce a mí! (risas)
(risas) Pero, en serio, nos une mucha música. Nos pasábamos noches enteras enseñándonos canciones el uno al otro, escuchábamos discos de Al Green, de Ryan Adams, de REM… Veíamos abrazados documentales de Brian Wilson. Es fanático de The Band o de los Beach Boys. Y me descubrió, entre muchas otras, una canción maravillosa de Colin Hay, «I Just Don´t Think I’ll Ever Get Over You». Sí, Ricky es clave en el sonido del indie español pero logra unir ese mundo con el mío y que funcione perfectamente. Recuerdo un arreglo de voces que hizo para una canción de Sidonie, que ya lo quisieran para sí muchas de mis bandas favoritas. Tiene una facilidad alucinante para hacer armonías vocales. Entiende la música desde un sitio precioso y, simplemente, me parece el mejor productor de aquí. Es también mi bajista y mi cantante favorito. ¡Es un musicazo!
¿Ya sabes que lo indie no es mi mundo, me podrías recordar algunos de los artistas que ha producido?
Sidonie, Lori Meyers, Love Of Lesbian, Iván Ferreiro, Quique González, que quizá sea lo que me queda más cerca. También el último de Rubén Pozo
Vamos, que es un poco el Carlos Raya del otro lado, del pop.
Sí, un poco. Ricky y yo quedamos mucho a comer –porque nos une tanto la gastronomía como la música– y si el hilo musical del restaurante es de música nacional, nos pasa mucho que de cada 3 canciones que suenan, 2 las ha producido o grabado él.
En plan jodón podría preguntar: ¿Cuándo va a empezar a trabajar con grupos buenos? (risas)
Hombre, Egon Soda son fabulosos, Quique me gusta mucho, de Love Of Lesbian por ejemplo me encanta “1999”, que es un disco que me suena un poco a la oscuridad de The Church… ¡Y me encantan Mucho y Standstill!
Nah, es broma. Además yo, personalmente, seleccioné la maqueta de Love Of Lesbian para incluirla en un cedé recopilatorios de grupos emergentes para Subterfuge. Así que supongo que soy yo el culpable del arranque de su carrera, aunque ellos no lo saben… (risas)
Me hace gracia, porque en la entrevista que tuvimos en esta misma mesa hace años tú me sugeriste que no me metiese en un charco en el que me estaba metiendo y te lo agradecí. Y estoy por decirte yo a ti ahora lo mismo (risas).
(risas) Es verdad, aunque a mí ya me da un poco igual todo, pero tú (entonces) eras un artista prometedor y no quería que te perjudicase. Paternalista que es uno. Vayamos a las letras, que son muy bonitas, a ratos incluso poéticas, pero de repente metes por medio un “puto” o “me toca los huevos”. ¿Lo haces por no ser tan meloso, por epatar, por qué te sale así?
No es algo pensado. Sale así, yo voy escribiendo canciones y en ese momento no las veo como partes de un disco, si no como un todo en sí mismas. Lo hago lo mejor que sé individualmente y luego las junto y me centro en que en lo colectivo todo también funcione. Hay un “puto” en el disco que me venía muy bien para describir a ciertos personajes que me parecen un poco patéticos. Y eso de “saber mantener el equilibrio entre tocarme los huevos y quererme” es acerca de esa sensación que a veces se tiene en pareja y me parece una frase muy normal, que podría usar desahogándome con un amigo.
Casi costumbrista, ya… Pero realmente rompe la poesía y genera algún momento “WTF!?”.
Sí, pero de verdad no busco ese contraste ni ser cool. Si no que cuando me pongo a escribir salen mensajes así. No sé, no es lo mismo cuando Paul McCartney canta en “Helter Skelter” o cuando lo hace en “Obladi Oblada”, son dos idiomas distintos. Y yo, cuando me enfado, digo palabrotas.
Ahora que parece que los medios generalistas miden el éxito de los artistas en función de en cuántas Rivieras o cuántos Palacios de los Deportes llenos… ¿Tú te has puesto alguna meta gilipollesca de éstas?
No, porque si me la pongo y no la cumplo me frustraría. Y en realidad yo he visto a gente tan grande como Neal Casal o Robyn Hitchcock tocando para cuatro gatos. No sé, no es mi mundo. Me alegro por los que triunfan de esa manera, pero no es mi pelea. Mi único objetivo hoy por hoy es hacer música bonita y que la gira salga rentable. O al menos que todos cobren y no se pierda dinero.
Texto: J.F. León






