
Tras dieciocho años de trayectoria y tras meses marcados por hitos como tocar en el Teatro Real y llenar el Movistar Arena, Sidecars regresan con Everest.
Un álbum que reúne trece canciones que consideran entre lo mejor de su carrera, con aire renovado y nuevas cimas por conquistar. Juancho, Ruly y Gerbass lo saben: la senda sigue, y ellos todavía tienen mucho por explorar.
De nuevo en el camino, ¿qué sensaciones tenéis?
J: Nos hemos vuelto a calzar las botas. Sentimos que este disco es importante. Hay ilusión y nervios.
G: Siempre ocurre en la semana de lanzamiento, pero esta vez un poco más. Consideramos que este disco merece más atención que cualquiera que hayamos hecho. Queremos darle toda la difusión y que se entere la máxima gente posible.
¿Por qué pensáis que este álbum tiene más peso?
G: Echando la vista atrás ya tenemos años para dilucidar cuáles discos son mejores o peores. Sin duda nos hemos cruzado con uno de los mejores conjuntos de canciones que hemos tenido hasta la fecha. Y además veníamos de hacer los discos de una manera, y ahora lo hemos hecho de otra: Juancho se pone a la coproducción con Paco Salazar, estrenamos productor, y eso nos da una actualización sin perder la identidad. Hay algo renovado e ilusionante.

¿Cómo ha sido trabajar con Paco Salazar?
J: Empecé a maquetar en casa y me di cuenta de que la producción estaba hecha. Me apetecía meterme en ese jardín y me vi capaz, pero necesitábamos juntar esa producción con alguien que pilote del sonido que buscábamos. Paco está muy en forma y entendió bien el concepto. Hemos abierto más la mano con sintetizadores y cosas que antes hacíamos con más cuidado.
R: Es una actualización. El global de canciones tiene cosas de todos los discos anteriores, y lo diferente es toda la parte del nuevo sonido en algunas ocasiones. Es aire fresco en la manera de trabajar y en la de plantear el repertorio.
Vuestro disco anterior funcionó bien. ¿Qué os ha llevado a ir buscando este cambio?
G: No nos metemos a grabar si no creemos que tengamos las canciones precisas. Trece las tenía en su momento. Pero ahora estamos con más responsabilidad y exigencia, y hemos llegado a Everest.
J: También necesitábamos un cambio de etapa y de paradigma. Las canciones de Cremalleras, Everest o Trece las he escrito todas en mi casa con una acústica; la base no cambia. Lo que queríamos cambiar era la vestimenta. Necesitábamos un insufle de energía. Tenemos el oficio de nuestros sueños y no podemos permitirnos el lujo de aburrirnos. Este cambio nos vuelve a llenar.
Después de siete álbumes de estudio, ¿cómo evitáis caer en la rutina creativa?
J: Yo escribo desde los 15 años y sigo haciéndolo igual. Lo que cambiamos somos nosotros. Para ilusionarse hay que ir probando cosas y evitar que esto se convierta en rutina. Este disco representa lo que somos hoy. A veces tocas una canción del segundo disco que gusta a la gente, pero no te sientes representado. En cambio este me apetece tocarlo entero.
Para promocionar el disco, habéis tocado al desnudo las trece canciones en trece salas diferentes. Una canción por sala.
J: Es el primer recorrido que hicimos en la vida. Tocar en esas salas y en muchas otras. El disco solo tiene trece canciones y hemos dejado algunas fuera, pero reunimos las más representativas para nosotros. Queríamos reivindicar las salas: el primer escalón para una banda, y están desapareciendo. Son patrimonio nacional para nosotros.
G: La música no se incentiva desde la base local y no hay respaldo político. Como decía Juancho, debería considerarse patrimonio: un apoyo desde las partidas presupuestarias, ya sean autonómicas o estatales. Las salas son las que crean el tejido musical desde abajo.
R: Sin esas salas no existe todo lo demás. Ahora muchas están cerrando. El 90% de nuestras tablas viene de escenarios pequeños. Desde el mundo musical hay que apoyar a los compañeros.
También es común veros usar vuestra posición como plataforma de bandas más pequeñas o que están comenzando ¿Cómo vivís esa parte?
J: Con nuestro primer disco, artistas como Dani Martín o Quique González nos apoyaron. Decían en entrevistas que les encantábamos, nos abrieron camino. Ahora tenemos que hacer lo mismo nosotros, dar altavoz para que esas bandas nuevas hagan luego lo mismo con las siguientes.
G: Hay que romper con esta deriva turbocapitalista de la competencia. Pensar que si digo que una banda es buena me van a superar en cinco años no tiene sentido. Incluso voy más allá: a un nivel superior, las bandas que ingresen por encima de cierto umbral deberían destinar un 1 o 2 % a un fondo para que otras bandas puedan sobrevivir y subsistir.
R: Una caja de resistencia. El arte desde la competición no tiene sentido. Al final estamos todos en el mismo lado.
Texto: Víctor Terrazas






