
Este disco lo tiene todo. Todo lo que se le puede pedir a una colección de canciones que encarnan la despedida de un referente, Chris Bailey, que ha hecho historia al frente de su banda, The Saints.

Todo lo que implica ser lo último que dejó grabado y perfilado antes de morir hace ya tres años y haber quedado como un álbum póstumo con momentos para la solemnidad, para el rock crudo, para el punk inquieto, para el desgarro, la tristeza y las ganas de vida, muchas.
Con más guitarras de lo habitual, con unas secciones de viento y teclados imponentes, con un sentido orquestal que envuelve, con la armonía perfecta, con guiños al western y al espíritu del trovador, del poeta, como era él, en su análisis permanente de la realidad moderna. Todo ello yace en este punto final a cuatro décadas de entrega y pasión, la despedida perfecta de un grupo y un músico que, como reconoce Nick Cave, “han sido lo mejor que ha dado Australia”.
Texto: Sara Morales






