Joel Reyes vuelve a escena con los colmillos afilados. Ángeles y demonios (Rambla Discos) es su quinto álbum en solitario –y undécimo de una carrera tan curtida como coherente– y aterriza en plataformas digitales después de un periodo de gestación largo e intenso. Sí, porque ha nacido acompañado tanto por las luces que sostienen como por los fantasmas que rozan la nuca, según él mismo ha admitido. En una dualidad que vertebra el trabajo más directo, más crudo y más rockero de todo lo que había firmado hasta ahora.
El disco se abre camino con “El amor puede salvarte la vida”, un single que funciona como declaración de principios: energía y vulnerabilidad en un mismo plano, reivindicación del amor como salvavidas y una letra que esquiva la grandilocuencia para abrazar lo terrenal. Reyes juega con ecos de los Rolling Stones y los Beatles, pero los hace suyos, dándoles ese barniz mediterráneo y emocional que siempre ha caracterizado su escritura.
Musicalmente, Ángeles y demonios marca un giro rotundo. Tras años transitando sendas acústicas y cercanas a la Americana, Reyes apuesta ahora por guitarras eléctricas al frente, grooves más movidos y un pulso que mira de reojo al R&B de los 60 y 70. Para esta nueva piel ha contado con tres productores —Miguel Zanón, Miguel Herrero y Alex Larraga—, con quienes ha grabado entre Madrid, Tarragona y Avilés. El resultado: un álbum sólido, vibrante y con el polvo justo en las botas.
En lo lírico, Reyes afila el bisturí. Busca un lenguaje más directo, menos florido, sin renunciar a la poesía pero sí acercándose a lo cotidiano, lo que duele y lo que mantiene a flote. Canciones como “Días de mierda” o “Si el diablo me viene a ver” ya anticipaban esa crudeza confesional.
Tras 30 años de carretera, Joel Reyes parece haber encontrado por fin su casa sonora: un lugar donde conviven oficio, emoción y un rock de autor que huele a vida vivida. Ángeles y demonios no solo lo confirma: lo celebra.
Texto: Carlos López







