
Justo antes de salir a escena la banda, el sistema de sonido había escupido lo mejor del soft rock en todas sus eras: Toto, Bob Welch, Earth Wind & Fire… Y para cuando acabaron, lo primero en sonar fue «Give me the night» de George Benson para regocijo de mi amigo Jorge.
Con esto, e incluyendo a Steely Dan y Stevie Wonder, pueden intuir por dónde fue lo de Young Gun Silver Fox: funk, soul, disco, gotas de jazz fusión… Resumiendo, Soft Rock y una frase, la que soltó Joel Sarakula en ese mismo escenario hace un año: «Soft Rock is not a dirty word».
No, no lo es. Algo que hace feliz a la gente nunca puede ser malo. Al menos que seas un idiota recalcitrante mendrugo y cabeza de cono. Por lo visto entre el público, cada vez hay más gente que disfruta de la música sin etiquetas, de la elegancia de tipos que tocan como ángeles y armonizan mejor. Young Gun Silver Fox lo tienen todo: las musicalidad, las canciones, el estilo, la solvencia, la elegancia y la creencia en lo que hacen.

Claro, cuando tu líder es Andy Platts (Shawn Lee es la otra parte), que todo lo mencionado antes lo hace a la perfección, siendo él el eje de todo, pues su increíble voz es por donde pasa toda la onda de la banda, amén de presencia y teclado… Bueno, con Andy es todo más fácil. Luego están esas canciones, que poco a poco van calando en el colectivo y, espero, llegarán a ser relevante para mucha gente en el futuro: «Stevie & Sly», «Rolling Back», «Kids», «You can feel it», «The greatest loser»…

Algunas de las canciones que interpretaron parecían clásicos intemporales. El cuarteto esa noche no solo les hizo justicia, sino que perfeccionaron lo que se oye en sus discos, despojando cualquier atisbo de frialdad que pueda asomar en el producto enlatado. Me quité una espinita por habérmelos perdido en 2023. Todo lo bueno que me habían contado de ellos era cierto. Deseando repetir experiencia.
Texto: Sergio Martos
Fotos: Marina Tomás Roch







Exelentes, totalmente recomendable.