Primera noche en la gira de ocho fechas por la península, la nueva visita de los de Philadelphia, enmarcada en el anual e imprescindible ciclo de shows del Rootsound Fest, fue una la enésima demostración de que siguen siendo una de las mejores y más infravaloradas bandas en este -tantas veces injusto- mundo del rock. Con la baja de Tom Gillam, recuperándose (esperemos que pronto y bien) de un tratamiento médico, el cuarteto llegó ligeramente remozado, con bajo provisional (Cliff Hillis, renombrado músico de la zona) y Scott Bricklin encargándose de la guitarra en exclusiva. Y aunque sin duda se echaron en falta las seis cuerdas de Gillam, claves en el sonido del grupo, no es menos cierto que supieron suplirle no solo con solvencia, sino con nota.

Un primer set en el que presentaron varios temas de All In!, su nuevo trabajo recién editado, calentó motores para, después de un intermedio a la vieja usanza, subir intensidad y ofrecer un segundo pase que, en su tramo final, nos dejó no solo satisfechos sino con una sonrisa de oreja a oreja. Y ganas de más. Y es que, con ellos, las buenas vibraciones y esa etérea, intangible sensación de felicidad ante el escenario, son una constante. Con Ben Arnold de oficioso director, pero alternando como siempre las tareas vocales entre ellos (incluso Hillis tuvo su momento al respecto) y desgranando una perfecta lección de rock americano clásico, la pequeña sala de Sants tuvo el honor de recibir entre sus paredes esos pequeños grandes temas de siempre: «Old Song on the Radio», «Heartbreak Superstar», «Don’t Take Me Now», «Walk Away» o esa nueva joya que engarzar al conjunto, «Songs of Freedom» y sus pegadizos y coreables coros.
Otra ocasión que no acaparará titulares entre los medios, pero que deja a su fiel y recurrente audiencia con la misma satisfacción de siempre. La de saberse afortunados por poder disfrutar de combos como ellos en directo, auténticos artesanos de una música sin fecha de caducidad. Que fuera la propia sala la que les cerrara el show poniendo música ambiente (los vecinos, ya saben), cuando estaban dispuestos a seguir con otro tema tras hora y tres cuartos de concierto es una muestra más de que no están ahí arriba por otra cosa que no sea repartir disfrute, empezando por ellos mismos. Y nosotros que lo sigamos viendo.
Eloy Pérez
Fotos: Marina Tomás Roch






