
La gira europea de los Red Clay Strays, la más extensa hasta la fecha con prácticamente un mes girando por el viejo continente, ha colgado el cartel de “sold out“ en la mayoría de ciudades. En el caso de Londres, las entradas se agotaron a las pocas horas de ponerse a la venta y por ello añadieron una segunda fecha en la capital inglesa, que también se agotó en un abrir y cerrar de ojos.
La popularidad de la banda ha crecido como la espuma en los últimos tiempos, de hecho, acaban de anunciar a bombo y platillo un concierto nada más y nada menos que en el mítico Madison Square Garden. La primera noche londinense tenía lugar en la Hackney Church, al noreste de la ciudad, una pequeña y modesta iglesia con un enorme órgano frente al altar.
Early James es el encargado de abrir los conciertos. Su música mezcla folk y country con el blues tradicional. El timbre de su voz, grave y rasposa junto a su particular estilo, llamó la atención de Dan Auerbach de los Black Keys y no dudó en ficharlo para su sello Easy Eye Sound.
Si la primera noche fue prácticamente acústica, la segunda subió al escenario acompañado de la guitarra eléctrica y su banda. Los sonidos convulsivos y disonantes que salen de la guitarra y su voz rota recuerdan a los últimos discos de Tom Waits junto a Marc Ribot.

Para acabar su set, subió al escenario su pareja e interpretaron la preciosa “Real Low Down Lonesome” que en el disco canta junto a Sierra Ferrell.
A mi lado se coloca un tipo que luce un tatuaje de Johnny Cash en su brazo, en una mano lleva un bastón y en la otra mano dos latas de cerveza, una lata más asoma del bolsillo de su camisa de cuadros. Me saluda y me dice que el bastón es para mantener el equilibrio. Me bebo yo tres cervezas y soy incapaz de mantenerme en pie a esas horas. Sombreros de cowboy y gorras de camionero asoman entre el público, pero el caso más curioso es el de un tipo que aparece bailando por las primeras filas enfundado en un disfraz de banana.
Llega el turno de los Red Clay Strays, la banda de Alabama. Sobre el escenario destaca su imponente líder y cantante Brendan Coleman, un tipo alto y delgado cuyo elegante traje encaja como un guante dentro de su figura espigada. Uno no puede evitar, al verle, recordar al hombre de negro: a Johnny Cash.
Se coloca frente al micrófono con mirada desafiante luciendo un tupé perfecto que para sí quisiera el mismísimo Travolta en Grease. El trepidante ritmo de las guitarras y la machacona batería de “Ramblin´” hacen que la banda se haya ganado al público desde el minuto uno, una canción sobre la vida nómada viajando de ciudad en ciudad y sin rumbo fijo.

“Moment Of Truth” es un lamento sobre las consecuencias y la lucha interior que uno sufre al haber tomado malas decisiones en el momento de la verdad. Los Red Clay Strays cuentan solamente con dos álbumes en el mercado y un disco en directo. Han pasado de ser un grupo de versiones a escribir sus propios temas.
Durante el concierto, entre tema y tema, a Brendan le gusta explicarnos el significado de las letras en sus canciones. Algunas de ellas como “Disaster” se apoyan en la fe y la esperanza para salir adelante. La música les ayuda a pagar las facturas y en ningún momento pretenden con ella aconsejar ni convencer a nadie de qué camino tomar. Canciones como “Drowning” o “Devil In My Ear” hablan sobre la ansiedad y la depresión en ciertos momentos de la vida. Brian explica que estuvo trabajando una temporada como conductor de Uber en jornadas maratonianas para salir adelante.
En los Estados Unidos les definen como una banda de country y aunque les gusta el country, ellos se consideran una banda de rock and roll. A mitad del concierto, Brian se sienta al teclado en los temas “Sunshine” y “Ghost”. Especialmente emocionante fue la primera noche en la iglesia de Hackney. Es un lugar tan pequeño y solemne que creó una magia especial y sirvió para demostrar su variado registro vocal. El espíritu de Elvis parece entrar en el cuerpo de Brian en “On My Knees” una canción gospel en la que los movimientos de cadera, a medida que la canción acelera, recuerdan a los del Rey.
Un pequeño descanso y Brian aparece sobre el escenario con su guitarra acústica para brindarnos una magnífica demostración vocal en “Lord Remember Me”. “I Wanna Be Love” y “No One Else Like Me”, dos de sus canciones más populares, sirven para dar por finalizado el concierto.
Un lujo haberlos disfrutado en su mejor momento, ya que, seguramente, la próxima vez que vengan a Europa tocarán en recintos más grandes y se perderá parte de la magia.
Texto y fotos: Daniel García Femenía






