
Con la llegada del nuevo milenio, las generaciones indies buscaban nuevas sensaciones. Las encontraron dejando caer sus cuerpos delgados, enfundados en skinny jeans, sobre las pistas de baile de sótanos oscuros. MySpace formaba parte de sus vidas y necesitaban moverse en otra dirección, lo que generó una rebelión contra lo establecido en forma de ecuación despreocupada: guitarras crudas y repetitivas mezcladas con el electroclash más arrogante, dando lugar a lo que se denominó indie sleazy.

Como todo movimiento innovador, implicó un riesgo: la delgada línea de exceder su propuesta al enfocarla en exceso hacia la electrónica, saturando al consumidor indie y sin atraer al público de la electrónica más pura. Así, la tendencia se difuminó hasta casi desaparecer, relegando a sus protagonistas, como The Rapture.
Hoy, en una era donde la nostalgia mueve la música, la reencarnación de la banda neoyorquina, con Luke Jenner como líder y único miembro original, acompañado por Conor Kenahan y Sam Bey (integrante de The Parlor Mob, banda de regusto hardrock que recomiendo), agotó las entradas de sus shows con facilidad y antelación. Esto evidencia que, aunque pertenezcan a generaciones pasadas y a día de hoy en sus vidas todo sea más ordenado, las ganas de bailar con guitarras siguen intactas.
En lo que respecta a la música en directo, todo sucedió muy rápido: en apenas pasadas dos horas y unos pocos minutos desde la apertura de puertas, las luces se encendieron y el público encaró las escaleras hacia el exterior. Los canadienses La Sécurité saltaron al escenario mientras la sala terminaba de ubicarse. Su concepto artístico y desinhibido encajó a la perfección para crear el ambiente necesario, aplicando letras bilingües sobre una new wave cruda y de bajo grueso. Desarrollaron influencias esenciales como Devo o más gamberras, al estilo Chicks On Speed o sus compatriotas Bran Van 3000. Sin duda, capaces de alegrar cualquier fiesta.
Como si fuera un acto inicial para dejar claro dónde empezó todo, “Confrontation” marcó el arranque con ese modo de hacer sonar la guitarra junto a una potente y multidisciplinar base rítmica que solo podemos asociar a la ciudad de los rascacielos. The Rapture se mostraron eclécticos, desgarbados, con un sonido de sótano, pero luminoso, el punto justo de teatralidad y enlazando sin apenas respiro todo su set, que miró generosamente a “Echoes” (2003), encadenando “Sister Saviour” y “Heaven” para llevarnos al primer hit de la noche con el tema que da título al álbum, juguetón y ratero (inevitable no pensar en los chicos de la serie The Misfits).

Abierta la veda, todo se adentró en la parte más personal del show con una selección según gustos —en este caso, los de Luke—: “Blue Bird”, “Open Up Your Heart” y el aire funk de “Whoo! Alright – Yeah… Uh Huh”, para llegar a un enfrentamiento imposible entre estilos con las visitas a catálogos ajenos: “Do the Du” de A Certain Ratio y “Swingtown” de Steve Miller Band, interpretadas de forma seguida y que, a pesar de ser de mundos opuestos, parecieron hermanas bien avenidas. Las formas de mover la cadera aparecieron con “No Sex for Ben”, aunque en clave sucia, que se aderezó con “Killing”, ritmos sincopados y repetitivos para poner fin al set principal.
El bis fue como si el portero nos abriera el cordón de terciopelo que daba acceso a la discoteca con “How Deep Is Your Love?”. Por supuesto, todo el mundo sacó su vena bailable sin pudor, potenciada con la final “House of Jealous Lovers”, con la colaboración de Éliane Viens de La Sécurité al cencerro, que le dio un plus a una fiesta que acabó demasiado pronto, justo en su momento álgido, pero feliz, con el reparto de rosas entre el público. ¿Hubiera sido necesario alargarla más?
Finalizado el show, Luke se dejó caer en las primeras filas para firmar discos, setlists, hacerse fotos, etc. Posiblemente esta gira no le sea rentable y sea más un entretenimiento; seguro que su mayor fuente de ingresos sigue siendo los royalties que recibe de sus temas, muy presentes en la cultura popular: series, películas, videojuegos y hasta canciones empleadas por equipos de fútbol.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Texto: Fernando Ramírez






