
Parece ser que en la mitología particular de Nation of Language, todo empieza con “Electricity” de OMD sonando en el coche del padre de Ian Devaney, el líder de la banda. Ayer, en la sala Razzmatazz, esa devoción por el synth-pop quedó patente desde el minuto cero, con el trío de Brooklyn comenzando con “Spare Me the Decision” y un juego de luces sencillo pero efectivo que dejaba todo el protagonismo a las canciones y, sobre todo, al baile.
Y es que el contraste del directo con las versiones de estudio fue inmediato. Sobre vinilo tienden a la elegancia, pero pueden llegar a sonar algo contenidos, mientras que en su versión en vivo van mucho más al grano y con mucha más fuerza. “Sole Obsession” apareció muy pronto, sin guardársela para el final, y funcionó como el primer gran subidón de muchos, de esos temas que explican solos por qué Strange Disciple recibió tantas buenas críticas. “Rush & Fever”, “September Again” o “This Fractured Mind”, que vinieron a continuación, solo confirmaron esa primera buena impresión. La banda ya tiene un repertorio amplio con apenas momentos de bajón.

Devaney se mueve como un cruce improbable entre Samuel T. Herring (de Future Islands), Morrissey e incluso Ian Curtis, con bailes y gestos nerviosos, especialmente del primero en “Silhouette”. Traducido a coordenadas locales, resulta inevitable pensar en El Último Vecino. A su lado, Aidan Noell teje las capas de sintes y Alex MacKay sostiene todo con líneas de bajo muy “escuela New Order”. En este sentido, “On Division St” es el ejemplo más claro, pues suena a homenaje descarado a Manchester, pero lo hacen con tanta convicción y tan bien que desde luego no van a generar ningún tipo de rechazo por nuestra parte.
La parte nueva del repertorio también salió bien parada. “I’m Not Ready for the Change”, “Under the Water” o “Inept Apollo” trajeron el tono más oscuro e íntimo de Dance Called Memory sin cortar el ritmo del concierto. Se nota el trasfondo de salud mental y depresión del disco, pero en Razzmatazz eso se tradujo más bien en intensidad de baile y no tanto en pesimismo.

El bis fue corto pero redondo. “Stumbling Still” y “Weak in Your Light”, que se confirma como la gran balada de su carrera, y “The Wall & I” formaron un bloque donde dejaron ver todas sus influencias, que van de Depeche Mode a Visage, pasando por Ultravox o los primeros Talk Talk, con los tres un rato apelotonados en la zona de teclados, dejando una foto perfecta para finiquitar la noche.
Generacionalmente la jugada tiene su gracia. Si los “New Order para millennials” fueron Future Islands, Nation of Language encajarían mejor como su equivalente para la Gen Z… aunque, al menos en Barcelona, buena parte del público parecía algo por encima de esta edad, gente que ya vivió de primera mano a varios de los grupos que la banda venera. Tal vez su truco sea este, ¿no? No inventan nada, pero actualizan ese lenguaje con suficiente buen gusto como para seducir tanto a nostálgicos como a recién llegados. Hiper recomendables.
Texto: Álvaro Rebollar
Fotos: Meritxell Rosell






