
Larkin Poe vienen de agotar localidades en Madrid. En Barcelona, la sala Razzmatazz está casi llena. Antes de que el grupo de Nashville comparezca, una voz pre-grabada (juraría que la de Rebecca, la cantante) nos da la bienvenida, nos agradece nuestra presencia, y nos invita a indicar qué canciones queremos que sean incluidas en el repertorio, accediendo a una página web.
Esto es lo primero que queda claro esta noche, los conciertos de las hermanas Lovell son eventos súper profesionalizados, en los que la satisfacción del público es lo primero.

Hay unos relojes digitales a cada lado del escenario, y a las 20.30.00, hora anunciada del bolo, se apagan las luces, y suenan fragmentos de canciones sobre flores, clásicos versioneados a lo largo del tiempo por infinidad de bandas, como “Where Have All The Flowers Gone”, de Pete Seeger, o “I Beg Your Pardon (I Never Promised You a Rose Garden), de Joe South. No en vano, tras el escenario, hay un enorme telón decorado con flores, con un inconfundible tono campestre/sureño.
El bolo arranca con “Nowhere Fast”, uno de los temas de “Bloom”, último disco de la banda y protagonista indiscutible de la velada. Segunda constatación, Rebecca y Megan Lovell tienen toda una vida de tablas a sus espaldas, y se nota en todo momento. Rebecca se divierte con el público mientras canta o hace solos de guitarra, su hermana, tras su steel guitar, se balancea suavemente y sonríe. Cero nervios. Todo confianza, fluidez, complicidad entre ambas, ganas de pasárselo bien, y hacernos disfrutar a nosotros. Los Larkin Poe son ante todo ellas dos, y luego, un par de metros por detrás, como una guarnición, la banda de acompañamiento: Lucas Pettee a los teclados, Benjamin Satterlee a la batería, Brent Layman al bajo.
Suenan las siguientes canciones, “Mockinbird”, y “Easy Love”, también de “Bloom”, y Rebecca nos anuncia exultante que el último disco acaba de ser nominado a los Grammys. La cuarta canción es “Summertime Sunset”, del disco “Blood Harmony”, que da pie a largos solos de órgano o de Steel guitar, y que me lleva a una tercera conclusión: en concierto, Larkin Poe es un grupo que no depara grandes sorpresas ni se aleja demasiado de su sonido en estudio.

Sin embargo, al presentar sus canciones en directo, introduce frecuentes cambios de ritmo o pasajes instrumentales que aumentan la duración, y sobre todo se desvive por complacer a su audiencia. Rebecca no para de hablarnos en español, de agradecernos por dedicarles “nuestro precioso tiempo” o de prometernos que esta velada será inolvidable. Uno podría pensar que no son más que frases hechas, estrategias de la compañía discográfica. Pero cuando las entrevisté hace escasas semanas para la revista, se mostró igual: humilde, apasionada, agradecida de todo corazón por poder dedicarse profesionalmente a la música.
Para presentar “If God Is A Woman”, por una vez no es Rebecca sino Megan quien se dirige al público, y nos habla de la reciente maternidad de su hermana: “al ver que a los pocos meses de dar a luz estaba de nuevo de gira, viajando con un bebé en la furgoneta, me di cuenta de lo que las mujeres somos capaces de hacer”. A partir de ese momento, sonarán otros temas potentes, como “Deep Stays Down” o “Bluephoria”, pero también se nos brindará un magnífico interludio de temas acústicos: las hermanas Lovell rinden homenaje a su infancia, a los pies de las Smoky Mountains, y nos piden silencio para hacer algunos temas, como “Southern Comfort” en clave de bluegrass, e interpretan, también en formato unplugged, un tema nuevo, “Devil Music”, inspirado por la muerte de “Ozzy Osbourne”.
Noches como ésta serán normales en Nashville. En Barcelona, en cambio, son muy contadas, y hay que aprovecharlas. Sólo se dan cuando nos visitan bandas como Larkin Poe, por cuyas venas fluye generoso, como por el río Mississippi, el rock sureño.
Texto: Alex Fernández de Castro






