
Iba despistado con este concierto, ya que después de haber escuchado en no pocas ocasiones las dos partes de All The Quiet, ambos publicados en el año en curso, cabía el riesgo de que tanto groove y tan poca alteración me dejase para el arrastre un lunes por la noche.
Afortunadamente, Joe, que no paró de gesticular, de dirigir y de emocionarse con lo que veía en el escenario (ataviado con un chándal siete tallas más grande y peinando divertidos rizos de genio loco), le dio al asunto un vuelco, trayendo consigo al inigualable Asheber, que ejerció de maestro de ceremonias, frontman y chamán.
Ese distintivo hizo que todo fuese dinámico, fresco y diferente. ¿Por qué? Por el hecho de que Asheber puso voz, esa voz suya tan jamaicana como pariente de Gil Scott Heron, a canciones instrumentales, a fragmentos en lo que no imaginabas que eso tenía cabida. Asheber rindió tributo a D’ Angelo, recientemente fallecido, y también a Son House. Claro, que el punto álgido fue cuando entonó «Westmoreland», la canción que canta en la segunda parte de All The Quiet.

La interacción entre el rhodes de Joe y el saxo de James Mollison (compañeros ambos en Ezra Collective) fue de órdago. Aunque volver a disfrutar de la batería de Ayo Salawu, dos años después de haberle visto acompañando a Oscar Jerome en la misma sala, fue igual de excitante, especialmente en los temas que se acercaban al reggae en la cadencia y la atmosfera; Ayo coloreó de forma bastante atípica, lo cual suponía ver dos recitales que casaban de forma sorprendente.
Así es la música, nunca deja de sorprenderte. Tanto como ver allí al finalizar y al lado de la tabla de merch, a una pareja foránea con un bebé de unos cuatro o cinco meses. El tío, con sus auriculares de protección, reía y mostraba cara de felicidad a todo el que le saludaba. No sabemos si esto era producido por lo que acababa de presenciar o porque ya a esa edad entendía que la música te da algo que no se puede expresar con palabras. En cualquier caso, fue una bonita forma de cerrar una esplendida noche de lunes.
Texto: Sergio Martos
Fotos: Alberto Belmonte






