Vivos

Jamiroquai – Palau Sant Jordi (Barcelona)

 

Jamiroquai o lo que es lo mismo, Jason “Jay” Kay, lideró en los 90 el movimiento llamado Acid Jazz. Si analizamos bien este término y escuchando lo grabado, poco encontramos de ácido y menos de jazz. De hecho, nuestro protagonista o gente como Galliano, Brand New Heavies o el James Taylor Quartet, no hacían nada más que refrescar el funk-disco que les había precedido y que, en la mayoría de casos, ofrecía mejores prestancias.

De todas maneras, este, teórico rejuvenecimiento del género, paliaba la ausencia de músicas bailables con groove de verdad. El añorado Francisco Casavella me comentó un día: “escuchar Jamiroquai en una discoteca a las cinco de la mañana es una delicia”. No debemos tomar esta aseveración al pie de la letra, pero no sirve de guía para entender lo que significó, para muchos, esta reivindicación de género: una especie de salvavidas.

Si nos situamos en la actualidad, mover las caderas de modo acompasado, resulta más bien complicado, por eso la persistencia de Jamiroquai se nos antoja casi imprescindible, pese a todos los detalles mentados anteriormente.

Jamiroquai llevaba seis años en silencio y, después de este período de descanso, se les ha antojado volver con un lujoso tour llamado “The Heels of Steel Tour” y anuncian un nuevo disco. Hablamos en plural, aunque es evidente que las ideas surgen, únicamente, del cerebro del estrafalario (la vestimenta le delata) del amigo Kay.

La única fecha (española) y primera de esta ansiada gira europea nos situaba en el Palau Sant Jordi de Barcelona. Sin noticias sobre lo que iba a suceder, accedimos al enorme espacio.

El acceso al recinto siempre acostumbra a ser lento y las colas para adquirir bebidas o alimentos interminables. Hasta, prácticamente, diez minutos antes de la hora anunciada, el Palau mostraba una asistencia más bien pobre, circunstancia arreglada instantáneamente. Cuando apareció nuestro héroe, vestido a lo Indiana Jones, al Palau sólo le faltaban un millar de personas para estar repleto; notable éxito. Los que accedimos con anterioridad, pudimos asistir a la actuación del mítico DJ y productor francés Marc Cerrone, sorpresa que nos emocionó un tanto; no hay que vivir de nostalgia, pero siempre toca la fibra.

El escenario, cual nave Enterprise, acogió a una poderosa banda de seis elementos y tres fantásticas coristas, complemento imprescindible para un show de black music que se precie.

En el fondo se encienden unas columnas de colores chillones (fueron cambiando de matices) y unas pirámides que nos recordaron a aquellos atrezzos utilizados por Earth, Wind & Fire, aunque un poco más horteras. Incluso estuvimos a punto de introducirnos en una enorme pecera, cosas de las modas inmersivas.

“Here we are once again”, grita un Jason Kay entregado como una fiera en todo instante y estamos seguros que emocionado como nunca a la entusiasmada audiencia. Inició el periplo con “Don’t Give Hate a Chance”, “Little L” y un mix con “Space Cowboy” y “Dynamite”. Una buena prueba de fuego para empezar, pero en la que se notó alguna desentonación vocal y falta de fuelle. Poco mejoraron las prestaciones con la novedosa “Feels Just Like It Should”, canción que no llegará a las altas cotas pretéritas, firmamos donde sea.

Con el sonido mucho más asentado, el viaje empezó a elevarse, justo cuando el jefe se vistió de galáctico y entonó “Disco Stay the Same” (la banda ya estaba en plena explosión rítmica). A partir de este momento, con “Travelling”, “Shadow in the Night”, “Canned Heat”, “Queen Machine”, “Cosmic Girl”, “Love Fool” y “Virtual Insanity” (bis esperado), el espectáculo aupó hasta las nubes más lejanas y los fans se apuntaron al vuelo extasiados.

A este nuevo show, de dos horas y media de duración, se le pueden brindar muchas loas, aunque también, alguna que otra mácula: visualmente, atiborra con tanto destello lumínico (tapa a los protagonistas) y se excede en sus tiempos muertos debido a los cambios de vestuario del coqueto ídolo.

Sea como sea, la vuelta a los ruedos de Jamiroquai se nos antoja muy apropiada. A sus 55 años, Jason “Jay” Kay está en plenitud de facultades, vocales y físicas, demostrándonos que el estilo practicado no está, ni mucho menos, consumado. Feliz reencuentro.

Texto: Barracuda

Fotos: Christian Bertrand

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda