
“Un evento de nicho dentro de una amplia comunidad”
La afirmación anterior podría definir con precisión el tercer volumen de un festival de filiación underground que, posiblemente, sea el de mayor proyección entre los programados en la ciudad condal. Un evento de esencia subterránea, donde un alto porcentaje de asistentes permanece ajeno a otras propuestas afines a su ideario, descartadas en favor de la autenticidad.
¿Por qué los fans de Napalm Death no estaban presenciando el descontrolado show de Wiccans? O a la inversa, claro. Esa sería una de las muchas cuestiones que podríamos plantearnos al realizar un breve análisis psicosocial a pie de puerta (o en la terraza para fumar) de los asistentes, donde influyen su participación, interacción y percepción de la realidad.
Otro factor puramente visual es el estético: convivían camisetas de Cold Cave o Turnstile con el cuero y las tachuelas del gremio punk. Aunque, si hay un comportamiento común, es el del empujón motivado por la propuesta de las bandas y la creación de una piscina de cerveza en cualquier rincón del suelo de la sala (el estado de los baños mejor no describirlo, podría dañar sensibilidades).
De todos modos, todo lo anterior carecería de sentido sin el sustento de una propuesta musical trabajada y escogida con precisión.
Viernes 14 de noviembre de 2025.
A nivel general, no destacó ningún show por encima de otro, lo que generó una sensación algo plana y presentaciones rutinarias, a pesar de las diferencias estilísticas entre las bandas. Impia aplicó la furia combativa en modo riot grrrl y, mirando al thrash metal, Ohyda viró hacia un hardcore ruidoso, de nueva esencia, con camiseta cinturera y Adidas Samba. Por otra parte, Assistert Sjolmord desplegó la rabia adolescente en forma de punk con mirada a las aulas de los institutos.

Siyahkal subió la apuesta hacia la oscuridad inicial: estáticos, abrasivos y con un aura de ocultismo por parte de su cantante, que poco a poco dejó entrever una influencia tribal, llegando a mirar de reojo en su parte final a cierta banda brasileña que enarbola sus raíces como bandera.
Otro tipo de oscuridad, en su caso más luminosa, era la que proponía Lathe Of Heaven, con un set centrado exclusivamente en su álbum “Aurora (2025)”. Los de Brooklyn no supieron —o no pudieron— aplicar la dinámica necesaria a las buenas intenciones que esconde el disco. Una voz mal ecualizada lastró un show con algo de prisa, aunque pudimos evidenciar que, si juegan bien sus cartas, pueden llegar a algo más.
El cambio hacia el hardcore punk de los tejanos Wiccans supuso un chute de energía para el público, que respondió con stage diving a veces innecesario y sin criterio, pero que generó que los músicos sobre el escenario desarrollaran sus temas con mayor dinamismo. Y sí, volvemos a las influencias del heavy metal, con riffs al puro estilo Kerry King.
Sorprende que una banda como Poison Ruïn, que se mueve entre el deathrock estilo Filadelfia, la NWOBHM (New Wave of British Heavy Metal) y el dungeon synth, esta vez, no supiera trasladar ese ideario al escenario. Su propuesta tiró por la vía fácil: evidentemente fue disfrutable, pero más cerca del punk convencional que de la crudeza medieval conceptual que abordan sus textos. Como fin de fiesta, el dúo Lust For Youth nutrió el escenario de sonidos bailables, acompañados de un punteo continuo de guitarra psicodélica, acercándonos a la pista de baile de los clubes más ácidos.

Sábado 15 de noviembre de 2025.
Una jornada sin una línea estilística marcada, lo que la hizo más fuerte e interesante. De las formas de ES, en modo militancia synth punk femenina y londinense, pasamos a los locales Patrol, que se perfilan como una de las bandas con mayor proyección dentro de esta escena y no dudan en combinar riffs heredados del proto heavy clásico, concepto punk glam y, sobre todo, un desarrollo dinámico al servicio de temas como “Cold Blood” o “Ceremony”, cuadrando estribillos y solos de guitarra con estilo. El post-punk frío y milimétrico de Industry aportó ese toque europeo, en este caso berlinés, con susurro pseudo-gutural y controlado, acompañado de arpegios cargados de atmósfera y delay.

Steröid forma parte de esa subcultura de Sídney, donde cualquier influencia, sea cual sea su procedencia, se vuelve esencial dentro de su mundo hard boiled rock’n’roll, lleno de heavy metal clásico y referencias a la fantasía, videojuegos retro y cultura pop ochentera, todo con un tono irónico y surrealista. Incluso cuentan con un personaje que ilustra sus portadas y merchandising, siempre cargado de armas medievales. Su puesta en escena se alimentó de riffs escupidos por las Gibson Flying V, voz nasal e introducciones e interludios en forma de samplers pasados por el filtro de videojuego Atari, como “Breaking The Law” de Judas Priest, entre sus propios hits, destacando “Warzone in The City”, sin duda el tema del festival.
La delicadeza y sofisticación indie de otra década llegó de la mano de los neoyorquinos Phantasia: buenas formas, pero algo desprovistas de personalidad y excesivamente formales. Barcelona siempre ha tenido bandas combativas y, a la vez, delicadas; en el caso de Fuera de Sektor se mezcló la rabia con la lencería más aguerrida, todo con la mirada puesta en la new wave de la capital. Slant arremetió con todo y contra todos: violencia (des)controlada con carácter grindcore desde Seúl, para dar el resto en forma de stage diving antes de abrir la pista de baile de la mano de SDH y acabar sudando al ritmo de BPM elevados.

En los tiempos entre actuaciones, mientras se cambiaba el equipo de cada banda, sonó por los altavoces una amplia selección de sonidos latinos, demostrando también en ese sentido el punto diferencial del evento. Y ojo: más de una persona se veía muy cómoda moviendo las caderas con su chupa de cuero.
Texto: Oscar Fernández Sánchez
Fotos: Sonia Eireos Gallarin






