
ddt siempre estuvieron en sintonía con bandas como Sugus, F.A.N.T.A., Fast Food, Airbag, P.P.M. a la hora de compartir el gusto por el punk rock como lo entendían los Ramones. Participaron de hecho de manera activa en todos aquellos eventos organizados con el objetivo de homenajear y recordar a los alumnos más aventajados de la escuela de seguidores de los de Queens en terreno patrio, los Nikis.
No sería una exageración afirmar que muchos de los más fieles seguidores de ddt provienen precisamente de todo el entorno de aquellas Niki-fiestas de mediados de los 90. No se sabía de ellos desde Banana Split (Snap, 2018) aquel compartido que habían preparado con F.A.N.T.A. versionándose unos a otros, y que sólo se lanzaron a editar una vez superado en cierta medida el dolor de haber perdido en 2013 a Luquero, su bajista. Pero ahora que se cumple la friolera de 30 años desde que el grupo comenzara a rodar, han decidido celebrarlo por todo lo alto.
Lo han hecho con un auténtico baño de multitudes en el que ha sido, de siempre, su refugio y campamento base: la madrileña sala Gruta 77. El concierto del sábado pasado, para el que se agotaron las entradas a escasas horas después de ponerse a la venta, reunió al núcleo duro de fans leales de siempre de los madrileños venidos de muy diversos puntos de la geografía peninsular, a familiares, allegados y protagonistas cercanos de la escena en la que se desarrolló su carrera. Además, presentaban ¿Qué Fue de ddt? (Grandes Éxitos 1995-2013), un recopilatorio con 15 de los mejores temas de su repertorio que han editado de la mano de Snap Records en formato de elegante vinilo con completa información interior sobre el grupo.

Un concierto que, más que nunca, fue sin duda, una fiesta entre amigos. Si algo caracterizó precisamente la trayectoria de ddt es haber sido eso, un grupo de amigos que encontraron en la música la excusa perfecta para estar juntos. Su gusto por las guitarras y las letras ingeniosas alrededor de los temas más variopintos, tratados casi siempre con un especial sentido del humor, fueron la manera de forjarse un estilo propio. El que les dio combustible de sobra para cuatro discos además del ya mencionado postrero compartido con F.A.N.T.A. De esa discografía se nutrió el repertorio que ejecutaron Pelayo, Diego y Chiri en el escenario del Gruta 77, ayudados para la ocasión por Nacho (componente de Macarrones) que se encargó del bajo en el puesto que dejó vacante la triste desaparición de Luquero. Interpretaron clásicos como “El increíble hombre menguante”, “La chica del telecupón” o “Masacre en Marina D’Or”, y se pudo disfrutar de la redonda ironía de la letra sin desperdicio de “Punkies millonarios”, o la de historia de Akira Antonelli Sakamoto, el japonés por el que corría sangre occidental y que se ve abocado sin quererlo a una carrera de kamikaze.
Varias de sus canciones requieren ahora, con el paso del tiempo, de cierta complicidad generacional, por lo granado de referencias a nombres concretos del momento: desde personajes de series de dibujos animados, a políticos rusos tras la Perestroika o artistas de portada de la Súper Pop. Pero nada de ello le resta validez al universo personal de un grupo que reconoce abiertamente pasiones poco sociales como los video juegos de consola, fobias declaradas a toda actividad deportiva o ansias por llegar a ser actor en los pasajes del terror de las ferias. Como les ocurriera a Ramones y Nikis, sus novias también les abandonan y como les pasara a Siniestro Total, también se pueden ver desbordados por dudas existenciales. Igualmente, como a los de Algete, los integrantes de DDT siempre prefirieron marca nacional a la hora de beber whisky.

Y de hecho, tal y como hacían en sus actuaciones de entonces, también se dedicaron a repartir chupitos de DYC entre las primeras filas (una práctica que dijeron haber iniciado como estratagema para acercar al público al escenario que obstinadamente prefería escucharlos en sus primeros conciertos a la distancia) para terminar fumigados en dicho licor al arrancar con su siguiente canción. Fingieron en un par de ocasiones el terminar su concierto para volver encantados al momento en cuanto el público berreaba.
Una noche para el recuerdo en la que todos disfrutaron precisamente recordando lo bien que lo han pasado con estos tipos.
Texto: Tomás González Lezana
Fotos: Nacho B. Solá






