
“Sunshine”, álbum gestado durante su gira del 2024, era la valiosa justificación de la nueva gira europea para que los canadienses Bywater Call pudieran mostrarnos esos retumbos torrenciales que llevan exhibiendo desde el 2017 hasta la actualidad.
Parece un tiempo escaso, pero en estos ocho años, la numerosa y premiada banda nacida en Toronto, ha confeccionado cuatro discos que ya son referencia del country-rock y aparecen, definitivamente fundidos en estos perentorios tiempos disipados en la mediocridad.
La sala Wolf del Poble Nou barcelonés no parecía, en principio, el club idóneo en el que ubicar una banda de siete elementos, sea por la capacidad del escenario o por problemas acústicos. Sin embargo, si prescindimos del sonido, algo metálico, que acompañó a la apertura con las estupendas “Talking Backwards” y “As If” (espectacular tour de force), el resto, convenció hasta los más críticos.

Para variar, faltó llenar la mitad de la sala (unas 200 personas), problema crónico sin aparente solución. El esfuerzo de Rocksound/Acaraperro, continua sin tener esos llenos que sus propuestas precisan y merecen; no nos cansaremos de repetir la pesada coplilla. La promotora pica piedra y nosotros también.
Presentar una grabación en directo, parece algo extraño y quizá, carente de cierto interés. De todos modos, sirve para exhibir el actual estado del grupo y permitirnos, aparentemente, saber lo que vamos a degustar. Por suerte, el combo liderado por la estratosférica cantante Meghan Parnell y el guitarrista Dave Barnes, se dignaron a cambiar el orden de las de las cosas e incluso el setlist, de hace pocos días en Alemania; nos despistó y lo agradecemos.

Es inevitable hablar de Parnell, una frontwoman que domina la escena con su voz cálida y poderosa que podría recordarnos a una Janis Joplin con un par de tonos menos. Ella es la sacerdotisa que insufla veracidad, pero que, al mismo tiempo (probablemente sin ansiarlo), oscurece a los determinantes metales (saxo tenor y trompeta) o a su colega Barnes. Somos incapaces de desdeñar su calidad como intérprete (un prodigio de registros, tendiendo a los agudos gritones), aunque nos queda la duda de que si ese, exacerbado, protagonismo reside en la exigencia del proyecto o en la necesidad de su propia egolatría; no nos decantamos por la segunda suposición; así que nos quedamos con su categoría.
Clase demostrada en “Sweet Maria” el intro (a capella) de “How Long”, “Clutter”, admirable balada trotona a ritmo de country-folk, “Way To Go” (southern rock acelerado), los alientos de góspel de “Everybody Knows” o la consistencia irrefutable exhibida en “Kashmir”, aplaudido cover de Led Zeppelin que animó la platea; simpático placer, algo desdibujado por su desproporcionada aportación.

Alan Zemaitis (teclados) estuvo perfecto en sus momentos de lucimiento, al igual que el trompetista Stephen Dyte o Julian Nalli, intachable con su saxo tenor. Completando el sexteto, comparecieron Bruce McCarthy (batería), Mitee Mansel (bajo), formación de campanillas que muchos abrazarían con entusiasmo.
Seguramente, muchos pensaron que recuerdan a cadencias sonoras tipo The Allman Brothers Band, ese swing-soulero destilado por Booker T. & The M.G.´s o a peligrosos secuaces como The Blues Brothers (ya me perdonarán los puristas). Es imposible olvidarse de estos referentes. No obstante, entre la singularidad de los trinos de Meghan Parnell y la intachable aportación de sus compinches, Bywater Call crea, más que una evocación, la permanencia de ecos clásicos en impecable estado de forma. No inventan. Siguen regalándonos con el beneficio del pasado.
Texto: Barracuda
Fotos: Marina Tomás Roch






