
Las tardes desapacibles bilbaínas tienen un punto especialmente introspectivo. Pero lejos de tirar del manido momento nostálgico de ver atardecer detrás del cristal con tanto predicamento entre cierto sector de la población (les mola más con lluvia, qué le vamos a hacer), decidimos ser parte de una ceremonia musical minoritaria pero enriquecedora.
Prometía la visita del australiano Ben Salter, multinstrumentalista australiano afincado en Tasmania con a tres acompañantes en gira, en el cartel junto a Ian Mason, predicador local por todos conocido merced a sus múltiples facetas estilísticas.

Y el cantante de los extintos The Wizards sigue desatando su furia, pero esta vez al frente de un combo de street punk, Time And Punishment, aunque siempre abraza un folk oscuro cuando actúa en solitario. Alguien le ha definido como una mezcla de la tortura interna de Nick Cave mezclando la tradición irlandesa del cancionero de The Pogues con la oscuridad de los Swans noventeros. Ya le vimos con Nick Oliveri en marzo del año pasado, y esta vez la actuación fue más cruda y a la vez más intensa. Comenzando con “Quand Christus erat puer” desgranó un repertorio corto pero con raíces religiosas en el fondo, destacando temas como la susurrante “Rowan Stone” o la agresiva “Vision in red”, en un corpus musical que hay que escuchar en perfecto silencio para asimilar todos los matices que Ian Mason nos quiere regalar, eso sí, imbuido en un kaiku tradicional y estéticamente escueto, porque así fue su set, corto, intenso e introspectivo. Eso sí, la despedida sonando el himno del Leeds United nos recordó que su otra faceta más festiva está más que presente.

Y acto seguido tocaba el turno de Ben Salter, junto a sus acompañantes, dos féminas al bajo y los teclados y programaciones, y el Capitán Fightin´ Machine a la guitarra (la única enchufada a un ampli, a Ben no le hacía falta, sólo necesitaba pedalada, algo que puede ser motivo de debate, en verdad). Y ante poca audiencia (pero entregadísima, no en vano hubo quién les recordó que son de lo mejor que ha salido de Australia) tocaron temas de varias de sus etapas, bien en solitario, bien bajo la denominación de The Gin Club, un colectivo de nueve músicos que tienen trabajos más que destacables. Con la inicial “Bliss” comenzaba una hora en la que hubo cambios constantes sobre las tablas, tocando cuatro, tres y dos artistas arriba, con todo tipo de combinaciones, dependiendo de qué temas iban a interpretar. ¿Destacables? “The stars my destination” (qué hermosa voz la del señor Salter), “All your men”, “Junk”, o la preciosa “Ten paces away”. La calma y emotividad de sus composiciones, no exentas de intensidad, junto a la calidez y potencia de su voz hacen que un concierto de esta índole no sea más que una gran posibilidad de disfrutar de una noche que dejó de ser desapacible para convertirse en un regalo para los que estuvimos ahí.
Texto: Michel Ramone
Fotos: Dena Flows






