
Si ya solo hablas de amor, es preciso que escuches LA MITAD, el álbum debut que la banda castellano-leonesa MINIÑO acaba de publicar en Balaunka (Alcalá Norte), aunque solo sea para reconocerte y transitar al fin hacia otros temas.
Desde una constante mirada de reojo hacia la niñez, el disco explora la definitiva adultez, con todas sus pérdidas, aciertos y desengaños, en forma de pop melódico e indie de principios de los 2000. Antes de que comiencen su gira este 11 de octubre en Madrid (Sala Siroco), hablamos con los causantes de esta mitad indivisible: Miguel Espinoza y Diego Hernández (ambos voz y guitarras), Víctor Iglesias (bajista) y José Carlos Caballero (batería).
¿Quién de vosotros diríais que es el normal? (Si es que no sois todos bichos raros)
Tenemos un póker en la mano de bichos raros. No somos normales, ¿qué es ser normal? Cada uno tiene sus cosas, en mayor o menor medida, y eso nos gusta. No somos ni mejores ni peores que nadie, creemos que lo bonito de las personas está en aquello que las diferencia en cómo son.

El 26 de septiembre se publicaba al fin vuestro primer disco, ¿cómo os sentís?
Tenemos muchas ganas de que LA MITAD vea la luz, que la gente lo escuche, lo critique y haga sus propias cábalas; que lo compre o que lo tire por la ventana de su casa. Lleva mucho trabajo y cariño detrás, y estamos muy contentos porque nos gusta y es algo original sobre lo que hemos puesto mucho empeño.
Decís “no quiero otra canción que solo hable de amor” en un álbum repleto de ellas. ¿Cuánto hay de inevitable en LA MITAD?
Siempre ha sido un tema recurrente en nuestras canciones y, a la hora de componer y escribir letras, es como disparar a portería vacía; pero, al mismo tiempo, es algo que nos ha preocupado y por ello hemos metido esa frase.
No queremos solo hacer canciones de amor, al menos de amor que hable de relaciones. Pretendemos que los oyentes interpreten de forma libre cada uno de los temas, aunque “Aquí no pasa nada”, en concreto, es una canción que no habla de una persona, sino del grupo, de las prioridades y del sacrificio que conlleva, en tiempo y dinero.
Compusisteis el disco en una bodega; o sea, bajo el riesgo de que se quedara allí reposando eternamente. ¿Os resultó sencillo terminarlo? Contadnos un poco acerca del proceso compositivo.
No ha sido nada sencillo, el disco ha macerado en la bodega casi lo mismo que un Reserva. Hemos replanteado muchas canciones, las hemos construido, las hemos destrozado y las hemos vuelto a hacer, pecando un poco de un perfeccionismo que se ha visto cortado por los deadlines.
Teníamos canciones compuestas de hace varios años que no dábamos con la fórmula para que nos convencieran, pero nos forzamos a encerrarnos en una casa rural en noviembre de 2024 para terminar de maquetar y componer. Así, desde diciembre de 2024 hasta agosto de 2025 hemos estado componiendo, grabando y editando cuando sacábamos un rato libre de nuestros trabajos: un proceso muy distendido en el tiempo que al final ha resultado en ser lo que podéis escuchar ahora.
“La mitad” es un tema de transición entre la cara A y la B, ¿qué lo coloca en el centro, además de su nombre?
“La Mitad” divide dos partes, no hay mucho artificio. Sí es cierto que el orden de las canciones crea una transición entre la Cara A y la Cara B, puesto que hay un triplete de temas (“Ahora que todo está bien”, “La Mitad” y “Para ti”) que se encabalgan unos con otros. No queríamos que fuera un corte limpio y para ello buscamos una progresión armónica que fuera capaz de unir tres canciones diferentes y sirvieran de puente entre ambas caras.
Otra transición muy presente en el álbum es la que va de la juventud a la vida adulta, encarnada frenéticamente en “Sentirme vivo”. ¿Cómo surgió este tema?
Estamos en esa etapa de nuestras vidas en la que no sabemos si los treinta son los nuevos veinte. La velocidad a la que sucede la vida es innegable e innegociable. Trabajamos mucho durante la semana y lo compaginamos con tener un grupo de música, como si nos creyéramos tener catorce años, pero no: antes comprábamos bolsas de pipas y ahora pagamos facturas, y lo echamos de menos. Es algo que, aunque sabemos que no va a volver, nos sirve como motor para recordar buenos momentos y lo que somos.
Todo niño es hijo de alguien: ¿qué influencias, musicales o no, os han guiado a lo largo del proceso creativo?
Por suerte, en nuestras familias siempre se ha escuchado buena música, lo que ya hace que te entre el gusanillo por investigar y conocer nuevas bandas, ver lo que se hace en cada momento y de dónde viene la música que se hace ahora. Teníamos muchas referencias musicales a la hora de componer el disco, tanto de estilos como de sonido, pero no nos han servido para nada; como siempre, hemos hecho lo que hemos querido. No nos llevamos muy bien con los objetivos que nos proponemos. Sí que es verdad que escuchamos mucha música británica, aunque luego LA MITAD se parezca más o menos a ella.
Ser los teloneros de Deep Purple, en 2024, fue ya seguramente un sueño cumplido; me pregunto, por eso, con qué soñáis ahora.
Fue algo que no nos creímos hasta que lo estábamos haciendo, era muy grande para nosotros. Probablemente, toda banda de nuestro nivel sueñe con llenar un estadio o telonear a un mastodonte de la música, pero a nosotros nos gusta ser más realistas y plantearnos las cosas a una marcha más baja. Nos gustaría, por ejemplo, hacer una gira por muchas ciudades de España y que tuvieran buena acogida por parte del público, poder formar parte de slots de festivales de pequeño y gran formato e incluso hacer alguna fecha en algún país vecino.
Texto: Sara Moa






