
Esta segunda vida de Suede ya no puede calificarse de sorprendente. No solo iguala en número de discos a su majestuosa primera época, sino que supera en calidad a los dos últimos discos que lanzaron antes de separarse en 2003.

Es evidente que han vuelto porque todavía tenían muchas cosas que decir. ¿El secreto? No empecinarse en el estilo que les dio fama, saber evolucionar, probar cosas diferentes y, con todo ello, seguir siendo totalmente reconocibles. En su nuevo disco han oscurecido algo su sonido en consonancia con la temática: el malestar patológico que nos consume en este siglo XXI. Las canciones emparentan con el pospunk de los primeros ochenta e incluso con el rock gótico. «Antidepressants» suena a un cruce entre Killing Joke y Chameleons, «Dancing with the Europeans» va saltando de la oscuridad a la épica, y los ecos de Magazine, The Fall y otros grandes grupos de aquellos años van asomando aquí y allá, entre omnipotentes guitarras y la magnífica voz de Brett Anderson, otra de las claves de su gran regreso.
Texto: Fidel Oltra






