
“No voy a ser una estrella, ¡voy a ser una leyenda! ¡Quiero ser el Rudolf Nuréyev del rock‘n’roll!” (Freddie Mercury).
El debate sigue abierto: ¿es Queen un grupo más de singles que de álbumes? Bueno, quizás eso sea cierto en la segunda mitad de su carrera (y, de hecho, su disco más vendido no es uno en estudio, sino el Greatest Hits, de 1981, del que se han despachado 25 millones de copias). Sí, claro, parieron esos himnos pegadizos que ha sido imposible no escuchar en todas partes, caso de “We Will Rock You”, “We Are the Champions”, “Another One Bites the Dust”, “Radio Ga Ga”, “I Want to Break Free” o “A Kind of Magic”. Pero más allá de esos éxitos, sus discos hasta The Game (1980) son muy recomendables, y siempre con una gran variedad estilística.
Porque aunque pudiera parecer un grupo simplemente “pop” en una primera escucha, se aprecia una clara querencia por el rock duro, incluso el heavy, pero también hay guiños al music-hall, la música bailable e incluso el soul y el rock progresivo. Y es que ellos escuchaban a Beatles, Led Zeppelin, Yes, Bowie, Aretha Franklin o Sparks, y todo ello sin imitar a nadie, creando un sonido muy particular.
Naturalmente, un gran grupo es siempre mucho más que un buen cantante respaldado por músicos más que competentes. En este caso, Queen siempre tuvo esa química especial que hace que el conjunto final sea claramente más que la suma de sus partes. A la privilegiada e inigualable voz de Freddie Mercury hay que añadir las inspiradísimas guitarras de Brian May, con ese sonido tan especial y único extraído de su guitarra Red Special (fabricada cuando era adolescente a medias con su padre). Y también la sólida base rítmica de John Deacon al bajo y Roger Taylor a la batería, donde a menudo menos es más, mirando por el tratamiento adecuado para cada canción antes que el lucimiento personal. Y, claro está, no podemos obviar esas fantásticas armonías vocales entre Freddie, Brian y Roger que dieron lugar, por ejemplo, a esa catedral sonora que sigue siendo “Bohemian Rhapsody”.

Pero el sello tan particular del grupo venía dado sobre todo gracias a esa voz portentosa que tenía Freddie Mercury, además de ser un frontman como pocos en la historia del Rock. Tras su muerte en 1991 no fue fácil encontrar a quien pudiera calzar sus zapatos con facilidad, por lo que contar con Paul Rodgers (ex Free y ex Bad Company) entre 2004 y 2009 fue hasta cierto punto algo forzado (aunque en directo defendió bien temas rockeros como “One Vision” o “Tie Your Mother Down”). Y más teniendo en cuenta que Deacon decidió en 1997 no seguir con el grupo, porque sin Freddie para él no podía existir Queen. Pero luego Roger y Taylor ficharon en el año 2011 a Adam Lambert, toda una ironía, porque justo con Rodgers habían grabado la canción “C-lebrity”, en la que criticaban esos concursos en los que aspirantes a cantantes lo sudan mucho para lograr los aplausos y likes del público. Y de uno de esos concursos es de donde precisamente salió Lambert, quien ganó el segundo premio en la 8ª edición de American Idol. Donde dije digo, digo Diego y que ustedes lo pasen bien, porque “The Show Must Go On”…
Quien pueda poner “peros” a unas producciones en estudio a veces demasiado elaboradas (con un punto artificial en varios de sus últimos discos), solo hace falta ver alguno de sus vídeos en directo para ver lo bien que se defendían sobre las tablas. Como prueba del poderío de Queen en vivo, no puede obviarse su actuación en el festival Live Aid el 13 de julio de 1985. Fueron veinte electrizantes minutos con Freddie disfrutando cada segundo y metiéndose al público en el bolsillo (y retransmitido en directo a unos 150 países). Y si quieres un bonito disco en directo, hazte con el doble Live Killers (1979). Ahí está, por ejemplo, una tremenda versión de “Death on Two Legs” (grabada en vivo en Barcelona el 20 de febrero de 1979), como parte de un medley junto a “Killer Queen”, “Bicycle Race” y “I’m In Love with my Car”. Tampoco puedes perderte vídeos como Live at the Rainbow ‘74, A Night at the Odeon – Hammersmith 1975 o Rock Montreal (1981), con la gira de presentación del nunca suficientemente reivindicado disco The Game. ¿Bibliografía? Hay muchos libros sobre el grupo, pero si quieres algo parecido a una autobiografía, prueba con Freddie Mercury: su vida contada por él mismo (que tuve la suerte de poder traducir al castellano en su primera edición de 2007).

Y si buscas conexiones con Queen, siempre puedes encontrar ecos de su sonido en grupos y artistas tan diferentes como Boston (“More than a Feeling”…), Jellyfish, Def Leppard, Extreme, It Bites, Muse (Matt Bellamy dixit: “La mejor banda del mundo es Queen, definitivamente”), The Darkness, George Michael (hizo una gran interpretación de “Somebody to Love” en el concierto homenaje a Freddie Mercury en 1992), Greta Van Fleet (no solo han bebido de Led Zeppelin), The Struts (escucha “Could Have Been Me”, con Brian May), Mika (“Grace Kelly”, por ejemplo, podría ser una canción de Queen) o incluso los reyes del metal progresivo Dream Theater (escucha “Goodnight Kiss” o varios momentos del estupendo Scenes from a Memory). Y, bueno, una tal Lady Gaga sacó su nombre artístico de la famosa canción de Queen. La sombra de Freddie y sus colegas es alargada…
16 – THE COSMOS ROCKS (2008)

Aquí huele a muerto… Y es que estamos ante un disco de un descarado oportunismo (publicado diecisiete años después de la muerte de Freddie Mercury, para más INRI). Sí, con Freddie bajo tierra y un John Deacon alejado de toda vida pública, May y Taylor actuaron como si de un par de doctores Frankenstein se tratase: aprovecharon el ímpetu de las cuerdas vocales de Paul Rodgers (ya saben, el de “Alright Now” de Free y otras aventuras con Bad Company) y publicaron este disco acreditado a “Queen + Paul Rodgers”. Al menos con esa coletilla intentaban no engañar del todo a posibles fans despistados que no sabían si se trataría de un recopilatorio o un álbum de descartes apañadito, como Made in Heaven. No es que sea un mal disco, tiene sus momentos, el problema principal es que NO suena a Queen. Hay algún anclaje en el blues rock (“Still Burnin’”), algo de hard rock aguerrido (“Cosmos Rockin’”, que recuerda a Robert Palmer, o “C-lebrity”, con el desaparecido Taylor Hawkins, de Foo Fighters, haciendo coros), algún medio tiempo interesante (“Small”) y pequeños destellos del sonido Queen (“We Believe”, con esas armonías vocales clásicas). Del primer single del disco, esa nadería titulada “Say It’s Not True”, mejor no añadir nada más. Y es que, a pesar de que May e incluso Taylor han firmado grandes canciones a lo largo de la carrera del grupo, hay aquí una flagrante ausencia de melodías memorables. Vamos, que te escuchas las catorce canciones del disco de un tirón y casi te quedas igual, porque la personalidad de Queen brilla casi por su ausencia. La gira les salió muy rentable (Queen es una marca muy jugosa), luego Rodgers siguió su camino y May y Taylor ficharon a Adam Lambert para subsiguientes giras, aunque no cayeron en el mismo error de grabar otro disco acreditado a Queen. Una y no más, Santo Tomás.
15 – MADE IN HEAVEN (1995)

O como sacar la máxima rentabilidad del finado. Freddie Mercury dejó grabadas algunas pistas de voz y piano antes de su muerte en 1991 y pidió al trío restante que les sacara brillo y esplendor con ese toque especial del grupo. La inicial “It’s a Beautiful Day” es de hecho una idea inacabada y medio improvisada de Mercury proveniente de las sesiones de The Game. La canción que da título al disco (bastante en la línea de “Barcelona”, que Freddie grabó junto a Montserrat Caballé en 1988) y “I Was Born to Love You” eran canciones del primer disco de Mercury en solitario (Mr. Bad Guy, de 1985) regrabadas para la ocasión. Esta última es un single con cierto empaque, podría haber aparecido en trabajos anteriores del grupo. “Let Me Live” es de lo más salvable del disco (escrita por los cuatro y sacada de las sesiones de The Works), con un toque soul-gospel y cuatro coristas adicionales, aunque dista mucho de la grandeza de “Somebody to Love”. Pero el álbum en su conjunto suena sin garra, ya podía Brian May afilar su guitarra, que la producción general del álbum supura demasiado azúcar. Así, “Heaven for Everyone”, “Too Much Love Will Kill You” (la compuso May inicialmente para The Miracle, y luego la grabó para su primer disco en solitario, Back to the Light), “You Don’t Fool Me” (de las sesiones de Innuendo) o “A Winter’s Tale” suenan blandas y rutinarias, casi podrían figurar en una película de Disney. Y la pista final sin título, con veintidós minutos de música ambiental, dice aún más de la gran falta de creatividad (alguien dijo con sorna que es la mejor pieza del disco). Realmente parecía que May, Taylor y Deacon querían sacar el máximo beneficio de la marca Queen, pero con demasiadas ideas recicladas. Pero si el propio Freddie bendijo tal operación de hábil mercadotecnia quizás no deberías hacer mucho caso de la primera frase de este escrito…
14 – FLASH GORDON (1980)

El productor Dino de Laurentiis pensó en George Lucas para dirigir la adaptación de este cómic popular creado en 1934 por Alex Raymond, aunque afortunadamente Lucas se embarcó en su propia “space opera”, la saga de Star Wars. También se lo ofreció a Federico Fellini (?), quien declinó amablemente la oferta… Al final el director de esta horrorosa película fue el británico Mike Hogdes, entre cuyas escasas credenciales figura la segunda parte de La Profecía. Y no se entiende qué pinta ahí Max von Sydow haciendo de malvado (su colega Ingmar Bergman seguro que tuvo un ataque de risa al enterarse). ¿Y qué tal la banda sonora, de unos tales Queen? Pues un poquito mejor que la película, pero no demasiado. Además, muchos temas están llenos de diálogos, boicoteando con ganas una posible escucha medianamente agradable del disco, al margen de la película. De los dieciocho temas se salvan cuatro contados: el que da título al disco, “Football Fight”, “In the Death Cell (Love Theme Reprise”) (muy Vangelis, época Blade Runner), y la estupenda “The Hero”. Curiosamente, los instrumentos más utilizados en el disco son los sintetizadores, algo que el grupo había rehusado utilizar durante los años 70. El porqué el grupo aceptó dicho encargo (aparte de una más que probable pasta gansa), continúa siendo un misterio… Pero en Austria el disco llegó a ser n.º1, fíjate tú.
13 – THE MIRACLE (1989)

¿Cuántas canciones hay realmente buenas en The Miracle? Sí, la producción será todo lo puntera que se quiera, riffs guitarreros no le faltan, Freddie cumple y las armonías vocales siguen funcionando (de la horrenda portada, con ese monstruo de cuatro cabezas, mejor no añadir nada más). Pero si vamos al meollo, las composiciones son, en su inmensa mayoría, muy flojas. Sí, sacaron cinco singles con grandes escaladas en las listas de éxitos, pero me temo que tan solo la canción que da título al disco, “I Want It All” (con esa magnífica aceleración a la mitad llena de adrenalina), y un poquitín “Was It All Worth It” destacan del resto. Porque, en serio, ¿cómo se puede empezar el disco con esa mediocridad titulada “Party”? Le sigue “Khashoggi’s Ship”, con una melodía de lo más anodino. Curiosamente, tres años después Def Leppard sacarían “Let’s Get Rocked”, que recuerda mucho a esta canción, pero si intentaron plagiarla lo hicieron con mucho acierto, porque la mejoraron claramente. Por otro lado, “The Invisible Man” tiene reminiscencias de “Bad”, de Michael Jackson, pero a peor.
“Breakthru” podría ser más resultona si no fuera por ese ritmo programado tan sumamente molesto. Y “Rain Must Fall” intenta jugar con ritmos latinos pero, una vez más, la producción resulta irritante. Igual que en “Scandal”, “My Baby Does Me” y en diez canciones más de las mismas sesiones que no entraron en el disco original. Se salvarían de la quema “You Know You Belong to Me” y “I Guess We’re All Falling Out”, en parte por unas melodías decentes y en parte porque aún estaban sin pulir. ¿Habría que pedir cuentas al co productor, David Richards, de que The Miracle sea uno de los peores discos de Queen? Bueno, lo dicho, Queen no estaban en su mejor momento compositivo, así que podemos repartir la responsabilidad al 50%.
12 – HOT SPACE (1982)

Uno de los discos de Queen más detestados, aunque tiene más canciones decentes de lo que parece. Y es que con los años 80 muchísimas bandas de la década anterior tuvieron que adaptarse a los nuevos tiempos, con resultados no siempre satisfactorios. Pero lo curioso es que Queen hicieron ya esa transición con el muy recomendable The Game un par de años antes, así que no se entiende tanto ese bajón de nivel con Hot Space. Cierto es que el éxito de “Another One Bites the Dust” dos años antes y la querencia de Deacon por el funk tuvo que ver en la nueva línea sonora. Así, “Dancer”, “Back Chat”, “Body Language” o “Action This Day” están diseñadas descaradamente para las pistas de baile, con paupérrimas melodías, arreglos descuidados (algún tema parece más una maqueta que una canción acabada) y pocas guitarras incendiarias de esas a las que May nos tenía acostumbrados. Y para rematar el asunto, a menudo con baterías electrónicas o, peor aún, cajas de ritmos. De las canciones bailables solo destaca un poco “Staying Power” por la melodía, aunque acaba ahogada por una sección de vientos demasiado invasiva.
Dicho esto, la segunda mitad del disco contiene canciones resultonas que hacen que Hot Space no sea tan detestable: “Put Out the Fire” (una pieza de May que habría encajado muy bien en The Game y hubiese sido un buen single), “Calling All Girls” (firmada por Taylor), “Life is Real (Song for Lennon)”, que Mercury dedicó al ex Beatle asesinado en diciembre de 1980, y “Las palabras de amor (The Words of Love)”. Pero la mejor canción, y de largo, es de hecho una pieza que había salido en single antes de la grabación del disco entero: “Under Pressure” (cuya cara B, “Soul Brother”, no está mal), una excelente colaboración con David Bowie que conecta con “Another One Bites the Dust”. Y una anécdota: Deacon dijo bromeando que Bowie se comportó como “un pequeño Hitler”, diciendo a todo el mundo lo que tenía que hacer, algo que no fue muy del agrado de Brian May.
11 – A KIND OF MAGIC (1986)

Si la popularidad de Queen ya fue subiendo a partir del imprescindible A Night at the Opera una década antes, con A Kind of Magic saltaron a la estratosfera (hasta siete singles salieron del disco, y eso que solo tiene nueve canciones). Parte del álbum es la banda sonora de la película Highlander (Los inmortales), estrenada ese mismo año, pero con un nivel superior al desaguisado que fue la música perpretada para Flash Gordon seis años antes. Arrancan con la potente “One Vision” (compuesta por el grupo entero), la mejor pieza del disco (casi se diría la segunda parte de “Hammer to Fall”). Pero, ay, a partir de ahí el nivel baja bastante. A Kind of Magic es un poco la continuación de The Works, aunque globalmente está dos o tres peldaños por debajo. El tema que da título al disco parece intentar evocar el sonido de “Radio Ga Ga” (ambas firmadas por Taylor), con un ritmo demasiado artificial. Lo mismo ocurre con la olvidable “Don’t Lose Your Head”, también de Taylor. De hecho, se abusa demasiado de la batería electrónica y las cajas de ritmos (es lo que tenía grabar discos en los años 80). Deacon firma tres baladas: la anodina “One Year of Love” (ya hay montones de baladas soul aterciopeladas, gracias), la mediocre “Pain Is So Close to Pleasure” (soul funk descafeinado) y la mucho más inspirada “Friends Will Be Friends” (estas dos últimas, firmadas junto a Mercury), siguiendo la estela de “We Are The Champions”.
¿Y qué aportó May al disco, además de las rugientes guitarras de “One Vision”? Pues una balada almibarada titulada “Who Wants to Live Forever”, con unos arreglos orquestales más propios de Céline Dion y similares (a cargo de Michael Kamen, una ocasión desaprovechada, porque hizo cosas muy válidas para Pink Floyd, Rush o Metallica). También aportó la heavy “Gimme the Prize (Kurgan’s Theme)”, con un buen riff y poco más, porque nos meten diálogos de la película fuera de contexto. Parece ser que no les gustó ni a Mercury ni a Taylor, pero tampoco al director de Highlander, Russell Mulcahy. El disco termina con “Princess of the Universe”, épica canción con riff guitarrero similar al de “Gimme the Prize”, pero con una melodía mucho más trabajada, algunos cambios interesantes y coros de los Queen más clásicos. Un buen cierre.
10 – INNUENDO (1991)

En la primavera de 1987, Mercury supo que tenía sida. Pero la banda no solo negó los rumores de cara a la prensa, sino que se centró en la grabación de The Miracle y luego de Innuendo, que acabaría siendo el último disco de Queen con Freddie aún con vida. Aunque las canciones aparecían acreditadas al grupo entero (algo que ya hicieron con The Miracle), se supo después quién fue el motor inicial. El primer single fue el espléndido y épico tema titular (básicamente de Mercury y Taylor), con el que evocaban la esencia de Led Zeppelin (y un bonito interludio con guitarras flamencas a cargo de May y Steve Howe, de Yes). Así, no es de extrañar que en el concierto homenaje a Freddie el 20 de abril de 1992 fuera el mismísimo Robert Plant quien cantase esta rotunda canción. Pero el disco en su conjunto no está a la altura de tan soberbia pieza. Obviamente, Mercury no estaba precisamente al 100% de sus facultades, por lo que se puede entender que canciones suyas como “I’m Going Slightly Mad”, la azucarada “Don’t Try So Hard”, “All God’s People” (co escrita junto a Mike Moran, quien le ayudó en el disco Barcelona, grabado junto a Montserrat Caballé) y la tontorrona “Delilah” (dedicada a su gata preferida, una canción que Taylor detestaba) no muestren el talento de Freddie de antaño.
Las cuatro piezas de May también son dispares: “Headlong” tiene un estribillo insípido, mientras que “Bijou” (escrita a medias con Mercury) es un ego trip con un solo de guitarra ocupando casi la primera mitad. Sin embargo, estuvo claramente más inspirado con “The Show Must Go On” y, sobre todo, con “I Can’t Live with You”, con esas fantásticas armonías vocales marca de la casa. Deacon, que había demostrado su sapiencia en el pasado, se limita aquí a ser co autor junto a Mercury y May de la paupérrima “The Hitman” (ni como cara B hubiera funcionado, oiga). Taylor, por su parte, además de ayudar a Mercury con la ya citada “Innuendo”, aportó la cargante “Ride the Wild Wind”, pero también la emotiva balada “These Are the Days of Our Lives”. Es quizás la mejor canción que haya compuesto nunca junto a “Sheer Heart Attack”, y una de las mejores baladas de Queen. En el clip de la canción (rodado en mayo de 1991) aparece un muy desmejorado Mercury, siendo su última aparición ante las cámaras. Moriría medio año después, el 24 de noviembre de 1991.
9 – QUEEN (1973)

No figura este disco entre los mejores debuts del rock (dejemos eso para Elvis Presley, The Doors, Led Zeppelin, King Crimson o Jeff Buckley, entre otros). Pero no está nada mal empezar tu carrera con “Keep Yourself Alive”: rock duro bien trabajado y un gran énfasis en la melodía y el estribillo, además de una más que solvente base rítmica, la estratosférica guitarra de May sonando a veces como un violín (fabricado en Saturno) y la voz de Mercury sobrevolando por encima de todo. Cierto, el resto del disco no está a la altura de ese torpedo sonoro (a excepción de “Seven Seas of Rhye”, aquí en versión corta e instrumental), pero ya se aprecia esa variedad de ingredientes del sonido del grupo, con trabajados coros (e imposibles falsetes) y a veces varios cambios en una misma canción, así como destellos de música glam (“Liar”), music hall (“My Fairy King”), riffs heavies (“Son and Daughter” le debe mucho a Black Sabbath) y ese toque de rock operístico que les daría fama y fortuna (“Jesus”). En las mismas sesiones grabaron “Mad Swine”, una pieza inédita que no aparecería hasta 1991 como cara B del single “Headlong” y, recientemente, en la reedición del primer disco en 2024. No es una maravilla, pero de haberse incluido en el disco hubiera mejorado el resultado global. Ahora solo faltaba saber combinar mejor esos ingredientes y encontrar el punto justo de cocción, algo que irían perfeccionando en sucesivos discos y trepidantes singles. Por cierto, la portada incluye una fotografía de un concierto (concretamente, haciendo de teloneros de los Sparks) donde aparece solo Mercury… Esto no volvería a pasar más (a excepción de Made in Heaven), y en sucesivos discos aparecerían los cuatro miembros con igual protagonismo, dando una imagen de cohesión grupal.
8 – THE WORKS (1984)

Después de los palos recibidos por su anterior disco, Hot Space, el grupo se puso las pilas para ofrecer un álbum más consistente. Decidieron confiar de nuevo en el mismo productor, Reinhold Mack, y el resultado fue un disco con un buen equilibrio entre los sonidos sintéticos de los 80’s y la solvencia rockera de los 70’s. “Radio Ga Ga”, primer single del disco, fue un auténtico pelotazo (n.º 1 en, agárrate, 19 países), y el compositor fue curiosamente Taylor (con la ayuda no acreditada de Mercury). El segundo single fue la pegadiza “I Want to Break Free” (con un clip muy cachondo), escrita por Deacon. Así, aunque quizás la gente seguía percibiendo a Mercury y May como líderes del grupo, Queen seguía demostrando ser una unidad cohesionada, valorando las capacidades de cada uno de los cuatro integrantes. Por cierto, atención a la versión de “I Want to Break Free” a cargo de Ketama, con el título de “Cómo librarme de ti”. ¿De esos pocos casos en los que la versión supera a la canción original?
“Tear It Up” mostraba de nuevo la vena hard-rockera de May, mientras que Mercury desplegaba su gran capacidad melódica con “It’s a Hard Life”, “Keep Passing the Open Windows” y “Is this the World We Created…?” (firmada ésta junto a May), sobre el devastador problema de la hambruna en ciertas partes de África. Otro de los mejores momentos del disco es “Man on the Prowl”, nueva incursión de Mercury en el rockabilly que tan bien le había funcionado con “Crazy Little Thing Called Love”. La única canción floja del disco es “Machines (or ‘Back to Humans’)”, donde no acaban de congeniar el techno-pop y el hard-rock. Pero los fans de la vieja guardia disfrutaron cosa mala con esa bomba titulada “Hammer to Fall”, firmada por May (y muy superior a “Tear It Up”). Puede figurar sin problemas en un posible Top 20 de las mejores canciones de la banda.
7 – QUEEN II (1974)

Uno de los discos menos conocidos y a la vez más reivindicables de su discografía. Incluso es el favorito para algunos fans, que consideran que es el álbum de Queen más cercano al rock progresivo (aunque, todo hay que decirlo, no está a la altura de las obras magnas del género de esos años de gente como Genesis, Yes, King Crimson o Pink Floyd). Lo que sí es cierto es que es un gran paso adelante con respecto al primer disco del grupo, todo suena más cohesionado, los arreglos son más maduros y las melodías están más trabajadas (bonita la balada de May “Some Day One Day”, que llegaron a versionar en castellano los argentinos Soda Stereo, con un punto psicodélico). La primera mitad del disco corre a cargo de Brian May (con la excepción de “The Loser in the End”, un tema blues-rock bastante normalito de Taylor), mientras que la segunda está compuesta por Mercury. Además de los riffs de rock duro que inundan el disco junto con esos maravillosos juegos vocales, es bonito apreciar influencias de The Who (época Tommy) en canciones como “Father to Son” o “White Queen”. En directo algunos de los temas sonaban más duros y vibrantes y los alargaban, como hacían Led Zeppelin o los Who de la época de Live at Leeds. Una buena muestra es el Live at the Rainbow ‘74 (disponible en CD y DVD), con un Freddie Mercury absolutamente dueño del escenario. Una curiosidad: le pidieron a David Bowie que ejerciera de productor, pero el que era entonces Rey del Glam estaba preparando su siguiente disco, Diamond Dogs. Sus caminos finalmente coincidirían siete años después, componiendo y grabando conjuntamente el portentoso single “Under Pressure”.
6 – JAZZ (1978)

El grupo sabía que los tiempos cambiaban vertiginosamente y había que adaptarse. Pero si la penúltima moda era el punk y en 1978 ya se llevaba la new wave, Queen iban a lo suyo. Porque vaya manera más loca de empezar Jazz (título nada indicativo del contenido del disco, por cierto) con esa deliciosa extravagancia titulada “Mustapha”, compuesta por Mercury. Si saliera hoy como single, igual algún grupo radical islámico le hubiera buscado las cosquillas por citar el nombre de Alá en vano… Luego estaba “Fat Bottomed Girls” (de May), con un estupendo estribillo, aunque en esta ocasión quizás serían algunas feministas las que no se lo tomarían muy bien (véase el póster incluido en el disco). Con “Jeaulosy” cumplían con el cupo de balada estándar, a la que le seguía la trepidante “Bicycle Race”, uno de los mejores singles de la banda, firmado por Mercury. Freddie es también el autor de la sugerente “Let Me Entertain You” (en la estela de “Now I’m Here”, aunque esta la compuso May) y de la clásica “Don’t Stop Me Now”, otro de los grandes temas del grupo. Deacon aportaba las estimables “If You Can’t Beat Them” (con un acento más rockero de lo que suelen tener sus canciones) y el medio tiempo “In Only Seven Days” (en la línea de su clásica “You’re My Best Friend”). Taylor, ay, firma las dos únicas canciones prescindibles del disco, con una producción débil, lejos del nivel a la que Queen nos tenía acostumbrados: la muy básica y bailable “Fun It” y “More of That Jazz”, una pobre manera de finalizar un muy buen disco. May completaba el álbum con la vibrante “Dead On Time”, la nostálgica “Dreamer’s Ball” (dedicada a Elvis, fallecido el año anterior) y la cálida balada “Leaving Home Ain’t Easy”, cantada por él mismo.
5 – SHEER HEART ATTACK (1974)

Lejos de quedarse sin ideas, tan solo ocho meses después de Queen II el grupo publicaba el ecléctico Sheer Heart Attack. Su tercer disco contiene un puñado de grandes canciones que alimentaron el repertorio del grupo en vivo durante años. Arrancan con la bombástica “Brighton Rock” (aunque parece que no tiene nada que ver con la estimable novela de Graham Greene), un ego-trip de May en el que a mitad del tema ofrece un extravagante solo de guitarra. Le sigue una de las canciones más emblemáticas de la banda, la espléndida “Killer Queen” (firmada por Mercury, su primer éxito a nivel internacional). Después, un medley en el que ensamblan tres canciones: la justita “Tenement Funster” (de Taylor), la magnífica “Flick of the Wrist” (con la que Freddie avanza la grandeza de “Death on two Legs”) y la operística “Lily of the Valley” (igual que “In the Lap of the Gods”, con unos falsetes imposibles a cargo de Taylor). Por cierto, Dream Theater hicieron una bonita versión de este medley en la edición especial de su disco Black Clouds & Silver Linings.
Otro de los momentos grandes del disco es “Now I’m Here”, de May. Tras un efectivo y amenazador riff, el grupo pasa luego a desplegar todo su potencial de rock duro, mezclado con una memorable melodía y esas grandes armonías vocales. Y no podemos obviar “Stone Cold Crazy” (firmada por los cuatro, algo que no pasaría de nuevo hasta “One Vision”, en 1986). Una pieza cargada de adrenalina y propulsada por una acelerada batería, adelantándose al thrash metal. No es de extrañar que los mismísimos Metallica hicieran una buena versión en 1998 para su álbum Garage Inc. May firma dos baladas del disco: “Dear Friends”, interpretada solo con piano y voces (parece más de Mercury que de May), y la letárgica “She Makes Me (Stormtrooper in Stilettoes)”. Por su parte, Deacon aporta su primera canción al grupo, la agradable y vitalista “Misfire” (podría figurar en un disco de los Wings de Paul McCartney), donde también hace un solo de guitarra. Pero la perla escondida del disco a reivindicar es “Bring Back that Leroy Brown”, probablemente la mejor pieza compuesta por Mercury de las varias que hizo con aires de music-hall, con una breve incursión de May con un ukelele-banjo y una línea de contrabajo a cargo de Deacon.
4 – NEWS OF THE WORLD (1977)

Difícil papeleta la de estar a la altura de dos obras cumbre como son A Night at the Opera y A Day at the Races. Además, con la explosión del punk tocaba reinventarse o adaptarse, porque Mr. Rotten y compañía tenían en el punto de mira a todas las viejas glorias. Y Queen se pusieron las pilas con un buen puñado de canciones más directas pero no por ello menos trabajadas. Así, los elementos más operísticos y progresivos quedaron fuera, dando paso a una inmediatez que conectó con el público. Empezar el disco con dos himnos como “We Will Rock You” y “We Are the Champions” (de May y Mercury, respectivamente) fue una declaración de intenciones, porque estaban diseñadas para meterse al público en el bolsillo. Y luego seguían con ese torpedo sonoro titulado “Sheer Heart Attack”, una de las mejores composiciones de Taylor. Después, dos canciones sencillas pero de gran calado melódico: “All Dead, All Dead” (de May, y que versionó muy bien Fito Páez en castellano), y “Spread Your Wings” (de Deacon, que cada vez destacaba más como compositor). La primera mitad del álbum se cerraba con la única pieza floja: “Fight From the Inside”, uno de esos temas de Taylor que hubiese sido mejor haber relegado a la cara B de un single. De hecho, la podrían haber sacrificado en favor de “Feelings, Feelings”, una pieza de May de blues-rock de las mismas sesiones de grabación que, sin ser una maravilla, tiene más gancho. Y además conecta a la perfección con la siguiente canción del disco, “Get Down, Make Love” (de Mercury), con un subyugante tono amenazador (Nine Inch Nails hicieron en 1990 una versión, aunque bastante inferior). Luego viene “Sleeping on the Sidewalk”, un correcto blues sin más, escrito y cantado por May, y grabado en una sola toma (excepto la voz, que se añadió después). Deacon firma de nuevo una canción ligera, “Who Needs You”, a la que le sigue “It’s Late”, un estupendo y original medio tiempo de May con una áspera guitarra y unos excelentes coros marca de la casa. De lo mejorcito del disco, y una de esa canciones que pasan a menudo desapercibidas. Se cierra el álbum con “My Melancholy Blues”, bonita balada noctámbula de Freddie. Estas dos últimas canciones podrían haber figurado sin problemas en cualquiera de los discos anteriores de la banda, por lo que el grupo realmente no rompía del todo con sus orígenes. ¿Es entonces News of the World un disco de transición? Bueno, si lo es, ojalá todos los discos de transición fuera como éste.
3 – THE GAME (1980)

Lo menos bueno: las dos canciones firmadas por Roger Taylor, “Rock It (Prime Jive)” y “Coming Soon”. Pero están en su línea de rock‘n’roll básico, como en casi todos los discos de la banda. Lo mejor: todo lo demás. De acuerdo, la línea de bajo de “Another One Bites the Dust” le debe mucho a “Good Times” (de Chic), y ese toque funky/disco seguramente desconcertó a los fans de la vieja guardia, pero el resultado final, con la voz de Freddie, es fan-tás-ti-co. La otra canción de John Deacon en el disco, “Need Your Loving Tonight”, no está tan lograda, pero siempre se escucha con agrado. La pieza que da título al álbum (firmada por Mercury) es sencillamente perfecta en cuanto a que concentra todos los elementos que han hecho grandes a Queen: una melodía memorable, unos coros arrebatadores, teatralidad y ese toque rockero de Brian May marca de la casa. “Crazy Thing Called Love” (compuesta por Freddie con los pocos acordes de guitarra que sabía) es un claro homenaje a Elvis Presley, con una fabulosa producción vintage tipo años 50 (y un bajo de Deacon formidable). Y “Don’t Try Suicide”, la otra canción de Freddie (que parece sacada de un musical), tiene un sentimiento totalmente vitalista, un antídoto ideal para combatir un bajo estado de ánimo
Las tres canciones de Brian May también tienen un gran peso: el groove mordiente de “Dragon Attack” es totalmente contagioso, mientras que las emotivas “Sail Away Sweet Sister” y “Save Me” son de las mejores baladas que ha compuesto en su vida. The Game (por cierto, primer disco en el que empezaron a utilizar sintetizadores, aunque aquí en segundo plano) es seguramente el mejor trabajo para introducirse en la música de Queen (al margen de su estupendo primer volumen de sus Greatest Hits). Y es que posee un equilibrio casi perfecto entre calidad y comercialidad (casi todas las canciones del disco podrían haber sido grandes singles), algo que se iría desdibujando en posteriores trabajos del grupo.
2 – A DAY AT THE RACES (1976)

El único “pero” que se le puede poner a esta obra capital que sigue siendo A Day at the Races (el título está sacado otra vez de una película de los Hermanos Marx) es que tuvo que satisfacer las expectativas de quienes pensaron que su predecesor, el emblemático A Night at the Opera, no podía ser superado, o ni tan siquiera igualado. Y es que mucha gente considera “Bohemian Rhapsody” su cumbre compositiva (y puede que lo sea), pero A Day at the Races no está en absoluto huérfano de grandes canciones. ¿Qué es sino “Somebody to Love”, un tema que le debe mucho a la faceta góspel de Aretha Franklin? ¿No es quizás el cénit de Mercury como cantante? Lo mismo ocurre con “You Take my Breath Away”. Y sí, “Death on two Legs”, de su anterior disco, es soberbia, pero la también rockera “Tie Your Mother Now” no le va a la zaga. ¿Y acaso “Drowse”, la aportación de Taylor al álbum (con una deliciosa guitarra slide de May), no es tan buena como “I’m in Love with my Car”? Aunque sí es cierto que “You and I” (de Deacon) parece seguir la estela de “You’re My Best Friend”, y la cabaretera “Good Old Fashioned Lover Boy” podría ser la segunda parte de “Seaside Rendezvous”.
Pero tras diversas escuchas atentas uno se percata de esos matices que hacen que A Day at the Races sea más que una mera continuación de A Night at the Opera. Por ejemplo, “Long Away” muestra esa melancolía de Brian May en un medio tiempo punteado con una estupenda guitarra de doce cuerdas. “White Man” (también de May, y con guitarras muy Zeppelin), aborda el drama de los nativos americanos masacrados a manos de los colonialistas. Pocas veces Queen hablaron de temas políticos o sociales en sus letras. Y “The Millionaire Waltz” (con un gran trabajo de bajo a cargo de Deacon) parece otra canción de Mercury de music-hall, pero va cambiando de ritmo en sus cinco minutos llenos de sorpresas, con interludios rockeros incluidos. El remate final es una de esas piezas que nunca figurarán en un “grandes éxitos” del grupo, pero que es una de las joyas de la corona del catálogo de la reina: se trata de la emotiva y nunca suficientemente reivindicada “Teo Torriatte (Let Us Cling Together)”, canción de May dedicada a los fans japoneses y con un Mercury sublime que, respaldado por unos coros en su parte final, pone la piel el de gallina.
1 – A NIGHT AT THE OPERA (1975)

Esta obra (cuyo título hace referencia a la película homónima de los Hermanos Marx) supuso un antes y un después en la carrera de Queen. Se habla mucho de la acertada producción de Roy Thomas Baker, pero no hay que olvidar la labor del ingeniero de sonido Mike Stone, que es quien les ayudó a grabar esas fabulosas capas de voces, uno de los sellos distintivos del sonido Queen. Tanto es así, que para su siguiente disco, el no menos fantástico A Day at the Races, prescindieron de los servicios de Baker (trabajarían juntos de nuevo en Jazz en 1980) pero siguieron contando con Stone. Por cierto, el diseño de portada corrió a cargo del propio Freddie, con un logo que hace referencia a los cuatro signos del zodíaco de los cuatro miembros del grupo: dos leones (por Leo, de Roger y John), un cangrejo (por Cáncer, de Brian) y dos hadas (por Virgo, de Freddie).
El disco arranca con esa explosión atómica titulada “Death on two Legs” (firmada por Mercury y dedicada con muy mala leche al anterior mánager del grupo), uno de los mejores comienzos de cualquier disco de Queen. Mercury firma también “Lazing on a Sunday Afternoon”, otra de sus simpáticas incursiones en el music hall (y un estupendo solo de May al final). Luego regresan al rock con tintes duros con “I’m in Love with my Car” (una de las mejores canciones de Taylor), para dar paso al segundo single del disco, la muy melódica “You’re my Best Friend” (de Deacon). Las dos siguientes piezas son de May: la folkie “39” (con una peculiar letra de ciencia ficción) y la potente “Sweet Lady”. La primera mitad del disco acaba con “Seaside Rendezvouz”, un charlestón juguetón de Mercury.
El rock progresivo hace acto de presencia con “The Prophet’s Song (de May), aunque a través de su filtro particular y sin teclados. Es la pieza más larga de la banda con sus más de ocho minutos. Enlaza con una de las baladas clásicas del grupo, “Love of my Life” (de Mercury), y luego otra canción ligera compuesta y cantada por May, la deliciosa “Good Company”, de estilo jazz dixieland. Y luego, claro está, tenemos la superlativa “Bohemian Rhapsody”. Fue un single arriesgado, ya que dura seis minutos. La discográfica presionó para recortar la canción, argumentando que las radios no la iban a emitir, pero Freddie se mostró inflexible. ¿Y cuál es la fórmula de su éxito? Su estructura original, sin duda (aunque se puede citar como antecedente a los Zeppelin y su “Stairway to Heaven”), mezclando una balada, la parte operística (con esa increíble superposición de voces), la explosión rockera y una resolución melódica.
Y tal y como apuntaba Fidel Oltra (en el número de marzo de Ruta 66 en formato papel), 10cc ya habían mezclado music-hall, pop y tintes operísticos en la larga pieza “Une Nuit a Paris”, incluida en el disco The Original Soundtrack, publicado en marzo de 1975, es decir, ocho meses antes de A Night at the Opera. Sea como sea, con “Bohemian Rhapsody” Queen te llevan a un viaje único, una mini-sinfonía que nunca te cansas de escuchar. Y de las múltiples versiones que se han hecho, destacan por su originalidad la de Ragtime Bandits, la del guitarrista Edgar Cruz, la del Brooklyn Duo junto al Dover Quartet o la descacharrante a cargo de Bad News, producida por Brian May. El remate del disco es una versión del himno “God Save the Queen”. Y aunque la monarquía te importe menos que cero, no cabe sino rendirse ante el talento de este cuarteto y proclamar bien fuerte que Dios salve a la única Reina que realmente importa, por tantas y tantas canciones estupendas a lo largo de su discografía.
Texto: Jordi Planas






