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The Beths – Razzmatazz 2 (Barcelona)

Hay grupos que hacen del jangle y del power pop una coartada estética, y otros que lo entienden como una estado físico y mental, una forma de vida. The Beths pertenecen al segundo tipo.

En su concierto de anoche en la Sala 2 de Razzmatazz demostraron que el pop de guitarras puede seguir teniendo filo en 2025 (aunque haya algunas luminarias que declaren su muerte desde hace años), siempre que se toque con convicción y sin recurrir a la nostalgia vacía.

Venían a presentar Straight Line Was a Lie, el disco más introspectivo de su carrera, escrito mientras Elizabeth Stokes lidiaba con un tratamiento antidepresivo y la enfermedad de Graves. Pero lo que en el álbum expresa cierta contención, en directo se traduce en un chorro de energía pura. El inicio con “Straight Line Was a Lie”, “No Joy” y “Silence Is Golden” fue una ráfaga de distorsión y armonías vocales que sonó más cerca del rock de Superchunk o de los Rolling Blackouts Coastal Fever que del indie-pop pulido de sus primeros trabajos.

El setlist recorrió buena parte de su catálogo, con “Future Me Hates Me” y “Metal” funcionando como puntos de equilibrio entre la necesidad de urgencia y la melodía pegajosa. En “Mother, Pray for Me”, Stokes se quedó sola con un foco y una acústica, confirmando que sus muestras de vulnerabilidad no son pose sino método. Pero es cuando el grupo retoma velocidad con “Roundabout” y “Best Laid Plans”, cuando el engranaje alcanza su plenitud y las guitarras cruzadas, el bajo ágil, y la batería que avanza sin adornos y con un sentido de la dinámica que muchos grupos de su generación solo intuyen.

La recta final, con “I’m Not Getting Excited” y “Expert in a Dying Field”, reafirmó su dominio de ese espacio intermedio entre el estribillo luminoso y la letra autocrítica. Cerraron con “Take”, dejando la sensación de que, más que reinventarse, The Beths han aprendido a envejecer dentro del propio género sin perder valía.

Con este álbum y estos conciertos The Beths consolidan su espacio como un grupo que no teme sonar limpio ni mostrarse roto. En una escena saturada de bandas de guitarras sin discurso, los neozelandeses siguen encontrando razones para enseñarnos que el power pop no necesita reinventarse cada día para seguir sonando vivo. Basta con tocar fuerte, rápido y mirar de frente.

Texto: Álvaro Rebollar

Fotos: Marina Tomás Roch

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