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Queens Of The Stone Age – Teatro Lirico Giorgio Gaber (Milán)

 

El vodevil es un género teatral ligero, con un toque de humor que combina música, baile, situaciones cómicas y una trama amorosa o social. No tiene un número fijo de actos, aunque tradicionalmente se divide en dos o tres. Josh Homme lo tomó como referencia para “The Catacombs Tour”, donde reinterpretó y adaptó el catálogo más profundo de la banda. Le imprimió su dramatismo personal y lo vistió de gala, en consonancia con las exigencias de los recintos en los que se va desarrollando, más habituado a noches de grandes interpretaciones operísticas y teatrales.

La noche requería etiqueta, y los trajes de los miembros de la banda lo evidenciaban. El público también quiso formar parte de la experiencia, manifestando su intención de sentir y sentirse especiales. Se lucieron trajes de noche, americanas fantasía, tocados para ellas y sombreros para ellos, sandalias de tacón de fiesta o botines de punta. No en vano estábamos en Milán, donde nadie escapa al influjo de la moda.

 

Acto 1.

Desde la oscuridad del fondo de la platea, Homme apareció en dirección al escenario, taburete en mano. Lo lanzó sobre las tablas y encendió la luz del foco que lo guio en ese acto. El arranque fue íntimo, en formato a capella, mientras sus compañeros de banda se iban situando poco a poco, acompañados por un violonchelo y dos violinistas para dar inicio al espectáculo.

 

 

El concepto responde al ofrecido en “Alive At The Catacombs (2025)”. Sin necesidad de abrir las cortinas, lograron dotar a los temas de una oscuridad y luminosidad simultáneas, estructurándolos y nutriéndolos con sonoridades que marcaron el guion de las catacumbas. Homme se dejó caer por la platea, entre las primeras butacas: replicó, recitó, susurró y buscó la complicidad del público, retorciéndose al estilo crooner de intenciones perversas, preparando las escenas que vendrían a continuación.

Interpretaciones: Running Joke / Paper Machete (Medley), Kalopsia, Villains of Circumstance, Suture Up Your Future y I Never Came,

 

Acto 2.

Se corren las cortinas. Un tono rojizo y apocalíptico se apodera de la escena, mientras la orquesta de ocho miembros toma el protagonismo inicial con la intención de crear una catarsis sonora hacia lo desconocido. Ese viaje no solo se refleja en el tono de ciertos pasajes musicales, sino también en la selección de un catálogo oculto de temas que rara vez han visto la luz sobre un escenario.

Homme buscó su inspiración en un tono amenazante, regresando a la platea con humor negro, cigarro en mano o empuñando un hacha de carnicero. Pero donde realmente la encontró fue arropado por una banda que destripó sus propias creaciones en un acto multidisciplinar, compartiendo roles entre ellos.

Interpretaciones:  Someone’s in the Wolf / A Song for the Deaf / Straight Jacket Fitting (Medley), Mosquito Song, Keep Your Eyes Peeled y Spinning in Daffodils ((Them Crooked Vultures cover).

Acto 3.

Concebido para dar brillo y mayor protagonismo a la banda, la orquesta se amoldó a ellos, ganando terreno el formato “clásico”. En este contexto comprendimos el papel especial de Mickey, quien dio la réplica vocal a su líder con actitud, haciendo que este se creciera aún más. Se permitieron aportar nuevo material, con esencia de clásico atemporal, alejado de su zona de confort y con un tono de guitarra que evocaba el “Heroes” de Bowie.

El final estuvo marcado por la acumulación de emociones de todas las partes implicadas, generadas a lo largo del desarrollo del espectáculo, y donde fue difícil ocultar la sensación de satisfacción.

Interpretaciones: «You Got a Killer Scene There, Man…», Hideaway, The Vampyre of Time and Memory, Auto Pilot, Easy Street (New Song), Fortress y …Like Clockwork.

Acto final

Agradecimientos y bromas bajo un escaso foco, un solo micrófono y las voces de Josh y Mickey interpretando a capella “Long Slow Goodbye”, en tono góspel y con carácter espiritual. Suena por los altavoces “Memories” de Elvis, y la despedida final se consuma en un adiós grupal: todo el teatro en pie, con la evidencia de que acabábamos de presenciar algo especial, algo así como un capítulo navideño extra dentro de una gira más convencional.

Si algo identificamos al finalizar el acto, es lo cómodo que se sintió Josh Homme en su papel de maestro de ceremonias. Esto abre una puerta estilística e inspira posibilidades para el próximo álbum de la banda, o incluso para el desarrollo de un trabajo en solitario. Personalmente, me decanto por la primera opción, ya que el carácter colaborativo de este proyecto seguramente fortalecerá y potenciará el futuro del grupo hacia nuevos caminos.

 

Texto: Oscar Fernández Sánchez

Fotos: Sonia Eireos Gallarín

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