
La verdad es que la perspectiva de pasarse cinco horas viendo grupos en una enorme nave dedicada a macroexposiciones tal vez no sea la más atractiva para un público de cierta edad, el que atrae el coqueto cartel del Ourfest de 2025. Hablo por experiencia propia, por supuesto, pero lo cierto es que la gente fue llegando poco a poco a Expourense desde las cinco y media de la tarde hasta alcanzar una cantidad respetable. Tres mil personas, dicen los medios, que quizá no sean demasiadas, pero es que esto es Ourense.
Un buen catador de conciertos me cuenta que las Dream Nails dieron un bolazo de punk básico y combativo ante los primeros valientes, pero nosotros llegamos cuando Viva Belgrado aplastaba a una ya considerable audiencia a base de contundencia, precisión y contrastes de dinámica, de la calma al huracán. Terminaron por todo lo alto con amplis y guitarras en feedback y ovación unánime.

El Ourfest parece haber encontrado su identidad en las grandes bandas de los ochenta y noventa. Si en anteriores ediciones estuvieron Primal Scream, Suede, Teenage Fanclub, Enemigos o Belle and Sebastian, es comprensible que para buena parte del público Mercury Rev supusiera uno de los mayores atractivos del programa. Eso sí, con la incógnita que siempre presentan los grupos que un día cautivaron con un disco inolvidable: ¿estarán a la altura?
En este caso, Deserter’s Songs pesaba mucho, pero no necesitaron concentrarse en el disco por el que serán recordados, porque el concierto supuso una inmersión sin concesiones en su mundo, un mundo en el que lo onírico se mezcla con lo real, tanto en la música como en las proyecciones que los envuelven, y ese particular ambiente de cuento de hadas que siempre parece tener un fondo inquietante. Sonaron espesos y poderosos, con la guitarra espacial de Grasshopper haciendo diabluras y llevando el peso del sonido, mientras Jonathan Donahue actuaba de maestro de ceremonias flipado y teatral. Sorprendieron casi de primeras con un inesperado «Love Sick» de Bob Dylan psicodelizado y rebozado en reverb, presentaron su reciente Broken Horses y se despidieron por todo lo alto, como no, con «Holes» y «Goddess on the Highway».

La tarde se desarrollaba con una muy agradecida puntualidad e impecable organización, y cuando llegó el momento de León Benavente la temperatura subió unos cuantos grados. Se notaba la expectación y no decepcionaron. Las proclamas, irónicas, cáusticas, declamadas por Abraham Boba encontraron eco en un público creciente que bailó con ganas, los más jóvenes, o balanceó felizmente el cuerpo, los más mayores, a base de post punk palpitante y ramalazos kraut de ritmo tenaz y precisión absoluta. Luego llegaban los Happy Mondays, pero, para ser sincero y parafraseando una de las letras de León Benavente, para algunas cosas estamos muy mayores. Mismamente, para las maracas de Bez.
Texto: Carlos Rego
Fotos: Stuart MacDonald






