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Orishas – Suite Festival, Razzmatazz  (Barcelona)

 

Buena entrada para ver a los cubanos en la sala Razzmatazz, y fogosa respuesta de los enloquecidos fans que cantaron todos los estribillos de sus idolatrados Orishas.

La actual apuesta de la formación cubana no nos descubre nada nuevo e incluso podríamos aseverar que ese rescate de su legado, aunque celebrado por todos, aporta poco a esa admirable herencia. Las ganas de agradar fueron manifiestas y su show, a pesar de algún bajón sensiblero, fue intachable, los problemas acaecieron en otros lugares.

Aunque el rapero Yotuel Romero “Guerrero” (un gangsta muy cachas) nos contara, antes de encarar “537 Cuba”, que Roldán González Rivero era mejor cantante que Benny Moré (algo imposible a todas luces), nos había quedado claro que él iba a ser el faro en el que fijarse toda la noche; nociva señal.

Esto no quiere decir que a Yotuel le falte flow (lo demostró en “Atrevido” o en “¿Qué Pasa”), las dificultades residieron en que el querido Roldán no está para demasiados trotes. Encaró con solvencia el “Quizás, quizás, quizás” de Osvaldo Farrés, en la presentación, pero se fue diluyendo cual azúcar en un café. Sentado en una silla toda la velada, intentó confabularse con el “Guerrero”, pero únicamente lució en la mentada “537 Cuba” (estéril duplicado del “Chan Chan” de Compay Segundo) o en el largo y apoteósico final con “Nací Orishas”, actitud clarividente de identidad; poco más. Señalamos este revés porqué en la unión de las dos dispares voces reside lo más interesante de su propuesta y esta, por dichas adversidades, no se produjo.

Orishas se presentaron con un potente combo de cinco músicos y dos coristas, amparados con unas filmaciones que anhelaban su querida La Habana y en las que, en ocasiones, también apareció la bandera de nacional. Yotuel gritó, a los cuatro vientos, “La libertad de Cuba está por llegar”, frase vitoreada por una gran mayoría; nos abstenemos de opinar, no es nuestro trabajo.

Hace mucho tiempo que no graban nada nuevo, aunque este detalle (significativo) importó muy poco a los presentes, punto comentado en el principio de esta crónica. El primer estallido surgió con “Represent”, continuó con “Atrevido” (admirable muestra de auténtico hip-hop) y ese rugir no paró casi nunca. Allí estuvieron “Bembé” (gotas de santería), “A Lo Cubano”, “Mística” (“Y ese calor que te envuelve me llega y me toca ¡Ay me que quema!”), la romanticona  “Havana 1957” (interpretada por la corista  Elizabeth),  “El Kilo” o “Cuba Isla Bella” (móviles iluminando la platea), canción de cierre, en tono dance, que invitó a los bises pertinentes. En la habitual tanda, aparecieron “Patria y vida”, “No hace falta na’” y ese mentado  “Nací Orishas” en el que apareció un cierto canto góspel por parte de Nia Faye, la otra corista, dos cantantes muy adecuadas para el trabajo encomendado.

Nos cuesta creer que estos Orishas nos ofrezcan algo resplandeciente que supere lo confeccionado en los más de 25 años de trayectoria (el parón no lo contamos). En teoría, les vale hurgar bien en el pasado y seguir subsistiendo de esa mezcla inusitada que les hizo imperecederos. De todos modos, no estaría mal cambiar las pilas o echar algo más de leña al fuego. El aura nunca es eterna.

 

Texto: Barracuda

Fotos: Meritxell Rosell

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Un comentario

  1. Buena crítica, para mi gusto ha faltado mencionar que todos los visuales eran con inteligencia artificial de un mal gusto considerable, la habana no era la habana, era un mundo virtual relamido lleno de gente de nacionalidades variadas con 6 dedos por mano y animales sin sentido.

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