
Antes de que aparezca la banda, suena por los altavoces el mago del ambient Laraaji. No se trata este de un gesto azaroso para dar comienzo al concierto, sino que se trata más bien de una declaración de intenciones y una invitación a bajar el ruido de fuera para ir entrando mentalmente en lo que venía a continuación.
Y es que, a partir de ahí, con “Socialising” y “Cold Paris Vogue” como punto de partida del bolo, el concierto se mueve entre pasajes más bien reposados y otros con predominio de la tensión. MWL viene con banda completa (batería, bajo, guitarra) y él compagina la acústica y la armónica. Lo que podría caer peligrosamente en un recital de cantautor se convierte así en un ejercicio de post-punk firme, hiperengrasado, con arreglos que dan músculo a los temas.
Hay algunos pequeños problemas de sonido que se repetirán varias veces a lo largo del concierto. Sin embargo, la sección rítmica los convierte en virtud, pues el bajo y la batería van creando paisajes que harían las delicias de los primeros Joy Division.

Desde ahí, “Ugly” respira slowcore gris, más Támesis que Midwest, como unos Codeine del viejo continente. “Seventeen” empuja la dinámica del bolo hacia movimientos más bailables (es una forma de hablar, claro). Después, en “Pleasure Is Everything” él toma la eléctrica y el baterista se pasa a los mazos, en un tema instrumental de presión constante, que recuerda a los volúmenes de Black Metal de Dean Blunt. El parentesco con The Durutti Column se vuelve nítido en “Petals” mediante arpegios limpios y la voz entre las sombras.
Más tarde, “Spit” se permite desarrollos guitarrísticos con músculo y “Silver Moon” devuelve el trazo a la caligrafía de los primeros The The. Es música inteligente, seria y escurridiza. Sin embargo, el público no siempre es respetuoso con ella, pues hay una conversación constante, un murmullo, también en los pasajes íntimos, que en ocasiones enturbia la experiencia. Por momentos, a él se le ve molesto, pues este material exige escucha alta a volumen bajo, y esto no siempre fue posible.

El cierre viene con la lentitud de “Tomorrow Is Perfect” y una “Anyone” que convierte la contención de temas previos en catarsis colectiva, dejando una foto clara del artista: MWL hace de bisagra entre la poética de la guitarra de The Durutti Column y la escuela de Dean Blunt. Del primero toma la línea y el espacio; del segundo, el misterio. A A24 (su sello discográfico y también productora cinematográfica) ya le gustaría que todas sus películas quedaran al nivel de este primer disco editado, pues el concierto estuvo a la altura de sus mejores filmes.
Texto: Álvaro Rebollar
Texto: Marina Tomás Roch






