
Cuando una banda decide regrabar un disco tan totémico como Bitche’s Brew de Miles Davis y salir de gira a interpretarlo, una de dos; o están un poco majaras o realmente saben lo que se llevan entre manos. En el caso de los norteamericanos Lettuce un poco de ambas cosas.
Como instrumentistas su nivel es de órdago pero a la vez conservan ese punto un poco disfuncional que hacen que sus conciertos nunca sepas hacia donde van a dirigirse. Con esta premisa en mente nos plantamos en la segunda sala del complejo Razzmataz. El telón que ocultaba una parte de la sala y también ver una de las barras cerradas hacían presagiar noche aciaga al menos en tema de asistencia. Aunque afortunadamente se registró una media entrada que quedaba disimulada por el susodicho telón.

Pasados cinco minutos de la hora prevista el sexteto con pinta de turistas yankees desnortados –todo sea dicho- ocupó sus posiciones en el escenario, dándonos la bienvenida y diciendo que arrancaban con una canción nueva. Curioso, porqué el planteamiento de Lettuce poco tiene que ver con el formato canción tal como lo conocemos. Su hábitat natural es la improvisación pura y dura, dejando mínimo espacio encorsetado. Durante una hora y cuarenta y cinco minutos se puedo disfrutar de un combo que hacía juegos malabares con el funk setentas (a la James Brown) y el jazz, pero curiosamente también se descolgaron con tonadas psicodélicas que marcaban un curioso contrapunto con su material más bailable. Su estrategia musical se veía clara, una base rítmica que tildarla de sólida es quedarse corto. Un batería que conocía todos los recovecos del ritmo, y un bajista que aunque tocaba sentado endosaba groove funk a diestro y siniestro.

Por encima aprovechaba la sección de viento, guitarra y teclista para improvisar y tejer deliciosas melodías e improvisaciones. Incluso el teclista Nigel Hall tuvo oportunidad de lucirse con sus cuerdas vocales, y también para incitar al público al baile con la irresistible «Keep That Funk Alive». Un público que por supuesto estaba encantado con lo que estaba sucediendo en el escenario y algunos lo demostraban bailando como si les fuera la vida en ello. Tras noventa minutos se fueron tal como habían venido, pero se guardaban un extenso bis de corte muy funk para dejar al público contento y con ganas de más marcha. Velada impecable en que la música fue la protagonista. Tal como apuntaban Funkadelic; you got the funk, we got the funk.
Texto: Xavi Martínez
Fotos: Fernando Ramírez






