Encuentros

Olana Liss, alma y verdad

La capacidad de un buen soulman o soulwoman radica en su capacidad de trasladar a su público los distintos colores y texturas de su alma. De tocar a fondo, y en los puntos adecuados, la fibra sensible, porque ya no es que esté cantando una canción, interpretándola, sino que se ha convertido en ella: es esa misma canción. Se ha transformado en su historia, en su letra y notas, en todas las emociones que contiene. Y eso no hay arreglista, productor, instrumento vintage o amplificador de la hostia que lo pueda arreglar o disimular o aumentar.

Cuando se habla de Blues, de Soul, de música de alma y raíz africana, o se tiene o no se tiene. Se vive y se traslada esa vivencia o no. Y cuando es no, se queda en una técnica más o menos depurada, una cáscara que puede ser agradable, pero que nunca va a poder llegar donde tiene que llegar, al corazón, porque debajo le faltan los sabores y urdimbres que necesita.

Olana Liss, cantante y compositora “afromeña” (como le gusta definirse), vuelve a demostrar por qué, su presencia en este mundo, lo convierte en un lugar un poco mejor con su segundo álbum, Esencia humana. Ella misma lo dice: lo del soul es una cuestión de alma y verdad. Y las ocho composiciones que dan vida a este exquisito artefacto de soul cantado en castellano –perfecto complemento a ese inmenso Déjalo ir de The Blaxound y John Vermont– lo corroboran. Aquí, la artista deja de lado otras influencias presentes en su anterior disco, para centrarse en los léxicos de esa Música del Alma que convirtió los Estados Unidos en la capital sonora del Universo.

Innegociables hits como Quiérete o Agua demuestran, con creces, lo acertado de la apuesta que, el 25 de octubre, Olana presenta sobre las tablas en la sala Tempo de Madrid con un repertorio que incluirá sus temas propios con versiones escogidas para la ocasión “y que no dejará a nadie indiferente”.

Como aperitivo al aquelarre, hablamos con ella de su trayectoria, de sus miedos y aciertos, de soul y vida. De cosas hermosas que a veces nos dan miedo y otras nos empujan hacia adelante.

¿Qué hizo que la Olana Liss niña se enamorara de la música? ¿Cuáles son los primeros recuerdos musicales que te impactaron y se te quedaron dentro?

En mi casa se escuchaba mucha música, tanto en disco o CD como por la radio. Desde niña bailaba y cantaba por casa, ya sabes, imitando a mis cantantes favoritos y sacando las coreografías de los videoclips que grababa en VHS. Desde ahí ya hubo siempre un amor y un apego a tener música para todo, y para todos mis estados de ánimo.

Algo que me impactó fue la primera vez que me subí a un escenario con unas amigas con las que imitábamos a las Spice Girls con playback. Fue un subidón de adrenalina que me horrorizó de vergüenza y, a la vez, me encantó. Al principio tuve rechazo a volver a subirme, pero al final aquí estamos. Luego hubo más primeras veces, como cuando me subí con banda en directo y desafiné lo más grande (risas)… fueron esos golpes de humildad tan necesarios.

Creciste en Cáceres. Explícanos cómo era aquella escena musical extremeña de tu juventud. ¿Qué artistas y bandas te volaron la cabeza y el corazón?

Sí, nací y crecí en Cáceres, en la barriada del Espíritu Santo, así llamada por una pequeña parroquia con el mismo nombre. La escena musical era variopinta en mis comienzos por allí, pero con mucho fundamento: grupos de blues, rock, metal, reggae, jazz y, por supuesto, flamenco hondo y flamenco pop… como ahora, había de todo.

Recuerdo que había bastante movimiento en cuanto a garitos donde ver y hacer música en directo, algo que ha cambiado bastante en los últimos años. Guardo con cariño el recuerdo de mi primera banda como vocalista: era de versiones de soul y R&B clásico. Se llamaba The Soul Makers.

Y si pienso en bandas que me marcaron por aquella época, recuerdo un grupo que se llamaba Marabú Salsa. Era una época en la que yo bailaba ritmos latinos y, cuando salía con las amigas, también íbamos a bailar. ¡Este grupo hacía un musicón brutal!

A los 17 años debutas como cantante en diversos shows en Cáceres. ¿Qué recuerdos tienes de aquellos primeros días subiéndote a las tablas? ¿Qué estilos y palos tocabas?

Como comenté antes, mis primeras veces en el escenario no fueron del todo placenteras. Me gustaba, y la gente me animaba mucho, pero aún no sabía de lo que era capaz. Aun así, me gustaba verme ahí, siendo parte de algo más grande; eso que se crea entre el público y quienes estamos tocando es inexplicable.

Recuerdo con especial cariño una canción que me invitaron a cantar en un local llamado Aldana, en plena parte antigua de Cáceres. Era un sitio muy mágico, con paredes de piedra y techos abovedados. El tema fue Killing Me Softly, de Roberta Flack, aunque yo me inspiré en la versión de Lauryn Hill con The Fugees.

De ahí salió trabajo cantando en una orquesta de verbenas de pueblo llamada La Pachamama Band. En ella el repertorio estilístico y las tablas evolucionaron un montón: eran conciertos larguísimos y giras de semanas sin parar por casi todo el territorio. Esto me dio mucho temple en el escenario y abrió mi versatilidad vocal.

Tocaba muchos palos y muy diversos, dependiendo de mi círculo. Cantaba blues, rap o pop, tanto en castellano como en inglés, incluso coplas. ¡Cantaba de todo! Pienso que siempre hay que probar para saber qué te gusta.

A los 23 aprendes a tocar la guitarra de manera autodidacta (¡como Curtis Mayfield!). ¿La necesidad de expresarte más allá de la voz? ¿De componer sobre la base de un instrumento?

¡Como Curtis y tantos grandes!… Sí, recuerdo querer poner música a lo que escribía porque siempre me gustó escribir y ponerle melodía. Cuando empecé a trabajar con Gecko Turner, este me prestó su guitarra, que era la misma con la que había empezado él a tocar de joven. De hecho, hay temas en Imagine, mi primer disco, que nacieron de aquellos primeros acordes que empecé a aprender. Y, bueno, más allá de la voz no sé, pero sí tuve la necesidad de ser más independiente en cuanto a composición y poder hacer lo que de verdad quería.

Actualmente resides en Donosti, desde donde impulsas la carrera de otros artistas además de la tuya. Aunque no pierdes el contacto con Cáceres, ahí estás, súper metida en el flujo musical de esa ciudad. De todos modos, vaya cambio, ¿no? ¿Por qué mudarte a la otra punta?

En Donostia he encontrado mi lugar, tanto profesional como personal. Me fui como consecuencia de un estancamiento que sentí. No había un destino claro, pero quería moverme y obligar a la vida a que me sorprendiera (risas). ¡Necesitaba salir de la zona de confort! Lo que sí tenía claro es que, allá donde fuera, tenía que hacerme hueco en la escena musical local. Los primeros años no fueron fáciles, pues no me fui a trabajar en la música, sino como jefa de rango en un tres estrellas Michelin. Fue lo más parecido a una mili que he vivido. Hoy lo recuerdo con cariño y aprendí mucho en general. Allí también conocí a mi manager y actual socia, Sara Martín, junto con la que luchamos juntas desde entonces. Luego seguí con mi plan: empecé a ir a jam sessions locales y comenzaron a surgir ofertas laborales. Eso fue el comienzo de todo lo que hoy disfruto, viviendo de lo que me gusta.

Además de tu carrera en solitario, has colaborado con muchos otros artistas y proyectos. ¿Cuáles destacarías?

Sí, esa época también me enriqueció mucho, a muchos niveles. Los que más destaco, también por cariño y amistad, son Gene García, el bluesman de Badajoz, maravilloso como artista y como persona; y proyectos como el de Gecko Turner, también extremeño, precursor del “soul afromeño”… ¡y de ese gentilicio que tanto uso!

También guardo buen recuerdo de Pirichi Apo, porque aprendí mucho sobre las tradiciones ecuatoguineanas que mi padre nunca me enseñó. Y con Freedonia también tengo un gran recuerdo, tanto de la grabación de estudio como de los directos.

Participaste en La Voz, de Antena 3. Te confieso que no tengo ni idea de cómo van esos programas, ni quién los presenta ni con qué criterios premian o penalizan a los participantes. Cuéntanos cómo fue. ¿Fuiste en calidad de intérprete o también de compositora?

Yo igual, ni idea de cómo iba; me lo iban diciendo sobre la marcha. La experiencia fue muy guay, si sabes a lo que vas, porque es una plataforma muy buena para promocionarte. Fui en calidad de intérprete, pero siempre manteniendo mi línea musical. En el primer programa fui con It’s a Man’s World, de James Brown; en el segundo, me pusieron un tema de Whitney; y con el que me eliminaron fue uno de Adele que no conocía ni elegí. Pero bueno, me vino muy bien la experiencia: fue divertido.

En 2019 debutas con Imagine, tu primer álbum, donde mezclas tu soulfulness de alma africana con tu raigambre sureña (Con ganas) y con influencias latinas (Por qué te vas), con fuerte presencia de la guitarra acústica. Parece como si aquel disco fuera lo que habías tenido encerrado dentro de ti durante años…

Sí, tal cual. Todos esos temas e ideas llevaban en mí mucho tiempo, hasta que me tiré a la piscina y los grabé, con más miedo que vergüenza. Pero me enorgullezco de haberlo hecho y de haber podido sacar un segundo disco, del que aún estoy más orgullosa. ¡Seguimos remando!

Bueno, al trapo. Esencia humana, tu segundo disco. Súper soulful (Quiérete es un hit gigante), sólo letras en castellano, menos presencia de influencias flamencas o latinas, menos guitarra acústica. Y, sobre todo, letras que hablan de luz, de quererse, de salir de la oscuridad, de autoafirmación. ¿Un “aquí estoy yo” en toda regla?

¡Ay, gracias por lo de Quiérete! Sí, le tengo especial cariño.

Por partes. Letras en castellano porque quería diferenciarme y ese ha sido y es el reto de mi carrera. Me ha sido muy difícil conseguirlo y todavía estoy en proceso de ir puliendo. Pero me lo propuse y creo que lo estoy logrando. Siempre he creído que el idioma no debería ser una barrera para cantar distintos géneros, además es mi lengua materna y puedo expresarme con más verdad que en inglés. Y si pretendo hacer soul, debe tener eso: alma y verdad.

Más soul y funk clásico, claro que sí: había que definir bien el camino esta vez, aunque no descarto probar más influencias en otros proyectos, ahora con más seguridad de sonido e intención.

Este nuevo álbum nace de lo más profundo de mi ser. Cuento un proceso de sanación que he vivido en los últimos años. El disco comienza con Esencia, porque justo me encontraba en ese “subidón” de salir de un letargo depresivo y de repente volví a tener esperanza, ganas de vivir y sentir un sano amor por mí misma que, por cierto, aún mantengo. Luego bajamos a esos submundos donde nuestra mente a veces nos adentra, y canto a la salud mental o al miedo a vivir… siempre con ese trasfondo de querer y poder salir de ese estado. Yo no hago música para anestesiar el dolor ni para ignorar lo que duele, pero sí para transformarlo.

Uno de los aspectos recurrentes en las canciones de Esencia humana es la autoaceptación, el asumir la propia imperfección y vivirla con una sonrisa, por muy difícil que sea el camino. ¿Puede que haya algo ahí de cierre de heridas del pasado?

Totalmente. Durante mucho tiempo viví con un juez interno que todo me lo tiraba por tierra y buscaba una perfección que no existe. Mantener eso en el tiempo me bloqueó y llegué a no ser capaz de cantar: la ansiedad y el miedo me lo impedían.

Luego, leyendo y escuchando pódcasts de salud mental o sobre las emociones en las artes, me di cuenta de que muchos, cada uno en su ámbito, nos sentimos así o nos hemos llegado a sentir. Y comencé a escribir. Todos esos sentimientos y aprendizajes los fui sacando a modo blog, y todo eso luego acabó siendo Esencia humana.

Has girado con este disco por toda España. ¿Para cuándo va a dar Olana Liss el salto hacia fuera? Tu trabajo tiene los mimbres adecuados.

Sí, estamos muy contentas y queremos ir a más, pero hay que seguir tocando las teclas correctas para que la cosa siga creciendo hacia fuera y hacia dentro. Hay público muy interesante que me sigue bastante desde Argentina y Chile, personas majísimas que me escriben diciéndome que les encanta lo que hago y que me quieren ver por allí.

Hay un movimiento de soul funk en español en esas zonas, muy bien hecho por artistas muy interesantes que escucho a menudo. ¡Seguimos trabajando para poder ir pronto!

¿Algo que quieras y/o sientas que debas añadir?

Sí: que la música con alma siga iluminando nuestra ruta. ¡Nos vemos el 25 en Templo!

Texto: Alberto Valle

 

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