Encuentros

L’Exotighost, escapando de los límites

 

Desde Madrid, L’Exotighost retoman el artificio de la exótica, ese espejismo del paraíso, recreación occidental de un trópico imposible, música de cóctel y jungla imaginada para los años del confort suburbano, deslizando su (aparente) ingenuidad de postal hacia un territorio brumoso, espectral, autoconsciente pero nunca petulante.

En su tercer álbum, Hawái está en tu mente (Everlasting Records), esa inquietud entre lo misterioso y lo hedonista alcanza un equilibrio: nostalgia futurista donde la percusión orquestal, los theremines, las guitarras fantasmas y la fauna sampleada convocan y reviven el género.

Hablamos con Javier Díez Ena, fundador y compositor de una banda que ha hecho del escapismo un método de conocimiento y resistencia.

Cada miembro de L’Exotighost viene de territorios muy distintos…
Realmente los uní yo. Llevaba tiempo soñando con una banda de exótica, y tras mis discos de theremín Theremonial me apetecía llevar esas composiciones a una formación que sonara plenamente a exótica. Así, en 2018 llamé a Juan Pérez Marina, guitarrista de Corcobado, versátil y además uno de los pocos en España que toca el shamisen japonés. Para la marimba conté con María Arranz, recomendada por Vera Garrido, que aporta rigor académico y precisión rítmica. Y para la batería tenía clarísimo a Ricardo Moreno, por ese toque suyo entre batería y percusionista, conocedor de ritmos latinos y caribeños.

La exótica nació en los 50 como música escapista. ¿Qué significa retomarla desde Madrid hoy?
Exactamente eso: escapismo. Ese paraíso mental que nos montamos nos permite abstraernos por momentos del frío invierno, de la contaminación, de ese estrés y esa prisa constante tan madrileña y también de cosas mucho peores. Pero también escapar de los límites de otros géneros: como músico y compositor te permite muchas licencias y mucha libertad para probar y mezclar.

 

El nombre del grupo combina “exótico” y “fantasma”. ¿Esa atmósfera inquietante estaba en el origen o surgió después?
Estaba desde el principio. Queríamos practicar una exótica creepy, oscura, llena de theremines. Con el tiempo hemos virado a algo más luminoso y bailable, pero el misterio sigue ahí, como una sombra. Y realmente estamos muy contentos porque vemos como ahora la gente disfruta mucho de nuestros conciertos y hay un elemento más orgánico en nuestra interacción.

Con instrumentos tan poco comunes en el pop o el rock (por ejemplo, theremín, marimba, vibráfono, lap steel…), ¿cómo construís las canciones?
Surgen de la composición, no de la improvisación. Cuando aparece una melodía la grabo enseguida, incluso cantándola al móvil. Luego escribo el bajo y la armonía en el editor de partituras, y ahí hago todas las pruebas. Es un proceso muy de laboratorio.

Vuestras piezas muestran ambientes y sonidos de animales. ¿Es más importante esa textura o mantener una estructura clásica?
Jugamos entre ambas. Esos ambientes y sonidos animales son una parte fundamental de la exótica desde que lo comenzaron a hacer los miembros de la primera banda de Martin Denny en el Shell Bar de Waikiki Beach en Hawái, que como banda es la matriz de la que parte toda la aventura de la exótica. En Mad Mad Madrid incluimos aves madrileñas; en este disco hay pájaros autóctonos de Hawái, incluso el sonido del ‘O‘o, un ave extinguida. También mezclamos cucaburras, monos aulladores, aves del paraíso…

Habéis versionado a Denny, Satie o Carpenter. ¿Qué artistas dialogan más con vuestro universo?
De los clásicos, aparte de la santísima trinidad de la exótica Les Baxter, Martin Denny y Arthur Lyman, hay gente un poco más todoterreno que pueden representar más nuestra apertura: compositores europeos como Piero Umiliani o Nino Nardini. De gente de las últimas décadas, por supuesto la parte exótica de John Zorn, o grupos de sonido heterodoxo como Healing Gems o Wahtildo Archives Group. O grupos ya más metidos en la recuperación de la exótica como la Tikiyaki Orchestra, Martini Kings, Kava Kon, Clouseaux, Ixtahuele, Manakooras, Skip Heller…

Se habla de una “segunda vida” del género. ¿En qué se diferencia de la primera ola?
El redescubrimiento tiki de los noventa vino de antiguos punks y artistas underground, que mezclaron ironía, tensión y modernidad. La nueva exótica tiene más pulsión contemporánea, sin competir con el virtuosismo de los años cincuenta. Sus arreglos y sonido de estudio siguen siendo inalcanzables, pero eso también nos inspira a reinterpretar el mito con otros códigos.

En un mundo tan crispado, ¿Reivindicar lo exótico puede ser una forma de resistencia?
El hecho de hacer música instrumental, jugar con timbres e instrumentos tan diferentes y optar por opciones compositivas que beben de fuentes remotas y poco trilladas creo que es una manera de fomentar un espíritu crítico y resistir ante esa obsesión por la repetición y contra ese discurso derrotista que nos martillea con aquello de que todo está inventado y ya no posibilidad de evolución. La exótica tiene sus reglas, pero el libro de estilo lo puedes ampliar, cortar, pegar, reescribir…

Texto: Jose Luís Torrelavega

Fotos: Alfredo Arias

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

*

Este sitio usa Akismet para reducir el spam. Aprende cómo se procesan los datos de tus comentarios.

Contacto: jorge@ruta66.es
Suscripciones: suscripciones@ruta66.es
Consulta el apartado tienda